Las 7 muertes más "raras" de la historia aún sin resolver

Relatos Históricos
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20 abr 2026
Historia Incomprendida
Las 7 muertes más extrañas y misteriosas de la historia, que los científicos no pueden explicar. ►Suscríbete al canal: https://geni.us/eZcCYJ
Tras todos estos tropiezos, comenzó su exitosa carrera en el cine, que tampoco fue agua de rosas.
Hoy conoceremos la acontecida vida y la trágica muerte de Patrick Swayze, el actor que se hizo famoso por películas como Dirty Dancing y Ghost.
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Las 7 muertes más extrañas y misteriosas de la historia, que los científicos no pueden
explicar.
Amelia Earhart fue la primera mujer piloto en cruzar el océano Atlántico en avión,
luego planeó volar alrededor del ecuador de la Tierra.
En la travesía desapareció para siempre, ¿qué pasó en realidad con ella?
El aspirante a jockey, Frank Hayes, tras convertirse en suplente, ganó una carrera después de
morir poco antes de llegar a la meta.
Earhart y Hayes son sólo dos de los tantos casos cuyas muertes están impregnadas de
extrañezas y misterios.
Lo que ha asombrado poderosamente a muchos por décadas es que habían alcanzado la cúspide
tras marcar ciertos hitos, y estos dos casos son sólo la punta del iceberg.
Hoy nuestra narrativa nos lleva también a las fascinantes e increíbles historias de
otras cinco personas, que no sólo pasaron a la historia por sus hazañas y los hitos
que marcaron, sino también porque las imprecisiones en las causas de sus muertes nos volvieron
leyendas.
Quédate hasta el final porque hoy conocerás las 7 muertes más extrañas y misteriosas,
tanto que los científicos no han podido precisar las causas.
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1.
Edgar Allan Poe
Es uno de los autores que ha dejado un legado literario al mundo con cuentos como El Escarabajo
de Oro de 1843, o La Carta Robada de 1844, o de poemas narrativos como El Cuervo de 1845.
Su vida cesó el 7 de octubre, cuando tenía 40 años, tanto la causa de su muerte como
las circunstancias que la condujeron continúan siendo un enigma.
De hecho, esto parece parte de uno de sus relatos de misterios.
El 3 de octubre de 1849 fue encontrado aún con vida tirado en la alcantarilla en la entrada
de Gunner's Hole, una taberna de Baltimore, Maryland, que ese día era un sitio de votación
temporal para las urnas del cuarto distrito.
Poe tenía la ropa raída y estaba delirando.
Lo halló el compositor del Baltimore Sun, Joseph W. Walker, quien al acercarse y darse
cuenta de que se trataba del escritor, le preguntó con preocupación si en Baltimore
tenía algún conocido que pudiera ayudarlo.
Aún desconcertado, Poe mencionó el nombre de un editor de revista con cierta formación
médica, Joseph E. Snodgrass.
Enseguida, Walker escribió y envió una carta a Snodgrass en la que le comunicó.
Estimado señor, hay un caballero bastante desvencijado en las urnas del cuarto distrito
de Ryan, que lleva el sobrenombre de Edgar a Poe, y que parece muy angustiado, y dice
que lo conoce y que necesita atención inmediata.
El escritor estadounidense fue trasladado al Washington College Hospital.
Allí recibió atención por aparente intoxicación, pero nunca recibió visitas ni dio explicaciones
de por qué llegó a esas lamentables circunstancias en las que Walker lo encontró.
Cuatro días después, falleció.
El poco tiempo que estuvo en el hospital, Poe nunca recobró plenamente la conciencia
para contar lo que le había sucedido, ni para explicarle cómo lo habían encontrado.
Gran parte de lo que se sabe acerca de sus últimos días fue información proporcionada
por John Joseph Moran, su médico de cabecera, sin embargo, la credibilidad de este ha sido
cuestionada.
Se sabe que el 27 de septiembre de 1849, el escritor partió de Richmond, Virginia, hacia
Filadelfia para ayudar a Margaret St. Leon Lode con la edición de unos poemas, pero
el escritor nunca llegó a Filadelfia.
Según la revista Smithsonian, desde que partió de Richmond, nada más se había sabido del
escritor hasta que Walker lo encontró en las afueras del lugar de votación, y en un desorden
delirante nunca regresaría a Nueva York, donde había estado viviendo.
Sus últimos días los pasó con alucinaciones visuales y ataques de delirio.
Según lo manifestó el Dr. Moran, Poe, en su última noche con vida, mencionó repetidamente
un hombre, Reynolds, alguien que hasta el presente continúa siendo un enigma.
Las causas reales de su fallecimiento son inciertas, y si alguna vez existieron registros
médicos o un certificado de defunción de Poe, se perdieron con el tiempo.
Es por eso que sobre su muerte se ha abierto todo un abanico de posibilidades.
Se cree que él cesó voluntariamente su vida debido a una depresión, una hipótesis que
luego fue descartada.
También se dijo que fue víctima del encierro, de las drogas y presa del alcohol.
Esto último fue una idea que se popularizó gracias a Snodgrass.
Es sabido que el autor estuvo a punto de perder la vida en 1848 por una sobredosis con un
medicamento que entonces se vendía como tranquilizante y analgésico.
Entre otras posibles causas se han mencionado la influenza, sífilis, cólera, rabia, tumor
cerebral y el biógrafo Jeffrey Meyers llegó a mencionar la hipoglucemia.
Existe una teoría conspirativa del complot de asesinato que fue mencionada por el biógrafo
John Evalengis Walsh, pero nada ha sido demostrado.
2.- Frank Hayes, el jinete que ganó una carrera estando muerto
Frank Hayes ocupa un sitial de honor en la maravillosa y también extraña historia de
las carreras de caballos, donde se convirtió en el único hombre en ganar una carrera después
de morir.
Sí, consiguió la gloria y la tragedia a la vez el 4 de junio de 1923, pues cuando
llegó a la meta, su cuerpo estaba sin vida.
Esa fue su única carrera, la cual tuvo lugar en el hipódromo Belmont Park de Nueva York.
Era apenas un joven que tenía el sueño de ser un jockey de carreras, y por esa razón
pasaba tanto tiempo en los establos del hipódromo, donde comenzó a laborar a los 17 años para
ML Frailing, para quien ya trabajaban varios jockeys expertos.
Hayes fue motivo de sorpresa, pues cuando ganó la carrera era un mozo de cuadra convertido
en jockey suplente.
Resulta que no se tenía un jockey cuando faltaban apenas dos días para la carrera,
por lo que Frank fue la única opción, y él no iba a desaprovechar la gran oportunidad
de cumplir su sueño.
Tuvo que someterse a ejercicios y a una dieta dracónica para bajar 5 kilos, ya que pesaba
64 y lo ideal era 59.
Alcanzó la victoria después de aprovechar el tiro de 21, lo cual era impensable.
Su triunfo nunca fue previsto por los fanáticos, quienes tenían a Jim como favorito.
Sin embargo, tras cruzar la línea de meta, la conmoción se apoderó de todos.
Hayes se cayó de la silla.
John A. Voorhees fue el médico del atletismo que lo examinó y que de inmediato lo declaró
muerto.
La causa dada por el médico fue un fulminante ataque cardíaco poco antes de llegar a la
meta.
Según el Daily News de Nueva York, el esfuerzo y la emoción resultaron demasiado grandes.
Este diario también expresó que Hayes era muy querido, favorito en la sala de encillaje
y en el establo, y estaba muy orgulloso de su vocación.
Algunos de los jinetes que participaron ese día expresaron que Frank estaba exhausto
antes de montar al caballo, al cual llevaba por nombre Sweet Kiss, y cuya experiencia
en las carreras no está clara.
Frank tuvo que ser ayudado para poder montar el caballo.
Los jinetes también dijeron que poco antes de la carrera, Hayes andaba por el hipódromo
como alma en pena.
Sweet Kiss no volvió a participar en otra carrera, y le pusieron el apodo de Dulce Beso
de la Muerte.
3.
Amelia Earhart
Amelia es una de las más destacadas figuras de la historia de la aviación, y ha inspirado
variedad de libros, películas y obras de teatro.
Nació en 1897 en Kansas, Earhart, y gracias a sus logros pioneros como aviadora, se volvió
famosa en una época en la que ser mujer implicaba desafíos, muchos más en contextos como la
aviación, que habitualmente era para hombres.
Amelia superó todos los obstáculos, incluida su propia familia, y en 1928 se convirtió
en la primera mujer piloto en volar sola a través del océano Atlántico, y así pasó
a ser una leyenda.
En 1935 empezó a trabajar como consultora profesional y asesora técnica del Departamento
de Aeronáutica en la Universidad de Purdue.
Fue entonces cuando compró un avión para su proyecto más ambicioso, volar alrededor
del ecuador de la Tierra.
El 17 de marzo del año 1937, Amelia Earhart y Fred Noonan iniciaron el vuelo.
El 2 de julio de 1937, Earhart y Noonan estaban en uno de los últimos y más difíciles tramos,
un viaje directo desde Lae, Nueva Guinea, hasta la isla Howland en el Pacífico Sur,
lugar en el que repostarían antes de dirigirse a Hawái.
A las 6 de la tarde de ese mismo día intentaron comunicarse con el guardacostas Itasca, quienes
apenas pudo descifrar que casi estaban sin combustible y que no podían ver la Tierra.
A 15 minutos para las 9 de la noche ya no había contacto.
Existe también la versión de que el avión empezó a sufrir algunos desperfectos técnicos
y decidieron detenerse en Hawái para las reparaciones pertinentes.
Tres días después creyeron haber culminado con las reparaciones y Earhart y sus acompañantes
volvieron a abordar el avión.
Pero cuando intentó despegar, ella perdió el control del avión y el aparato volvió
a tener problemas en la pista.
Realizaron nuevas reparaciones y volvieron a subirse al avión.
Trascurridos dos meses de haber iniciado el viaje, los cuatro desaparecieron.
El gobierno estadounidense emprendió una misión para encontrarlos y rescatarlos.
No obstante, pese a que para ese momento terminó siendo la búsqueda aérea y marítima
más costosa en la historia de Estados Unidos, todo fue en vano.
Nunca dieron ni con el avión ni con las cuatro personas que lo abordaban.
El hecho generó y continúa generando una gran conmoción y no faltaron las especulaciones.
Algunos dijeron que ella estrelló a propósito el avión buscando acabar con su vida.
Otros la calificaron como una espía estadounidense a la que los japoneses hicieron prisionera
en una de las islas que ocupaban los nipones, y que luego la obligaron a reaparecer con
el nombre de Tokyo Rose para que, durante la Segunda Guerra Mundial, transmitiese propaganda
a las tropas estadounidenses en el Pacífico.
También se supuso que vivía en Nueva Jersey con otra identidad, o que el resto de su vida
la pasó como una náufraga en una isla.
El lugar en cuestión pudo haber sido la pequeña isla Nikumaroro, donde varias evidencias brindaron
algunas pistas.
Esta isla, antes llamada Isla Garner, es un remoto atolón de coral en el Océano Pacífico
Occidental.
Hasta allí viajó Richard Gillespie, un investigador de las desapariciones de Edhart, que ha ganado
cierta credibilidad.
Gillespie halló, entre otras cosas, un panel de aluminio que posiblemente proceda de una
Electra, un trozo de cristal curvo que podría ser una ventana de una Electra, un tacón
de un zapato de mujer como el tipo de calzado que usaba Edhart.
Pero nada de esto se ha comprobado.
El 5 de enero de 1939 fue declarada oficialmente muerta, y el gobierno de Estados Unidos concluyó
que se habían quedado sin combustible y se estrellaron en el vasto océano.
En todo el planeta, sus hazañas siguen siendo legado e inspiración para muchos pilotos
jóvenes en ciernes.
4.
Alejandro Magno
Llegó el turno de uno de los conquistadores más poderosos de la historia humana.
Alejandro Magno, a pesar de haber afirmado ser descendiente de dioses, era mortal y falleció
poco antes de cumplir los 33 años.
Al parecer, desarrolló fiebre alta y dolor abdominal en el verano de 323 a.C.
Con los días, la fiebre empeoró y después de una semana ya no podía levantarse.
Cuando habían pasado 10 días con sus malestares, sus tropas pidieron verlo, y él no pudo conversar
con ellos, tan solo pudo seguirlos con la vista.
Murió justo un día después.
Se ha divulgado que su cadáver comenzó a ser embalsamado 6 días después, y los embalsamadores
observaron el cuerpo fresco e incorrupto, algo que los asombró muchísimo.
El profesor emérito de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland, Philip A.
Macowiak, dirigió en 1996 una conferencia en donde se abordó la muerte de Magno.
Macowiak escribió el libro post-mortem Solving Histories, Raid Medical Mysteries, en el expresa
que saber lo que ocurrió es muy difícil porque no logró conservarse ningún relato
de esa época que dé luz sobre los acontecimientos.
Y los que existen se escribieron siglos después de la muerte de Magno.
También destacó que incluso todo se hace confuso si se presta atención a esos relatos
secundarios, pues Piutarco aseveró que el emperador no tuvo ningún dolor, mientras
que otros dicen que sí.
Sin embargo, otras fuentes dicen que Alejandro Magno efectivamente sí sufrió fuertes dolores,
y todo luego de beber una enorme copa de vino.
Es por eso que historiadores como Justino hablaron de envenenamiento.
Se ha sugerido que Magno tenía muchos enemigos, incluso por esa descendencia divina de la que
tanto se convenció, un argumento que entonces era muy usado para justificar el derecho divino
de los reyes.
Los enemigos de Alejandro pudieron haber estado muy cerca.
Según Macowiak, Magno ofendió a sus compatriotas de Macedonia cuando se vistió como los persas
vencidos, y su ejército, Jack Sausto, pudo percibir con alarma la última campaña que
estaba planeando.
Entre los sospechosos, Macowiak mencionó a Antípatro, además descartó el envenenamiento
con arsénico, porque éste no suele provocar fiebre, y hay dudas de que en esa época se
usara el arsénico como veneno.
Macowiak ha apuntado a la malaria, que además de fiebre causa debilidad y dolor de estómago,
pero no provoca pérdida de labla ni evita que el cadáver se conserve fresco.
Otros expertos han sugerido la encefalitis por el virus del Nilo Occidental, entre otras
posibilidades.
Número 5 Mozart
Transcurría el otoño de 1791, cuando los signos de un malestar o los de una enfermedad
empezaron a manifestarse.
Wolfgang Amadeus Mozart vivía deprimido y sin suficientes fondos.
En julio de ese año, un misterioso benefactor le encargó trabajar en una composición,
el Requiem.
Mientras trabajaba en ella, se ha sugerido que comenzó a padecer de dolor de estómago
y articulaciones.
Mozart se metió en cama el 20 de noviembre.
Su cuerpo no solo empezó a hincharse, sino que también emitía un olor fétido.
Signos de delirio empezaron a manifestarse la tarde del 4 de diciembre.
Cuando el médico llegó, aplicó un procedimiento habitual en esa época, hacerlo sangrar, lo
cual se hacía casi en cualquier tipo de dolencias.
Igualmente, colocó en su frente una cataplasma fría.
Mozart quedó inconsciente y cuando transcurría la madrugada del 5 de diciembre, cinco minutos
antes de la una, el compositor de 35 años dio su último aliento.
Oficialmente se le diagnosticó fiebre miliar aguda que, además de calentura, produce erupciones
con manchas del tamaño de semillas de mijo.
Pese a esto, un periódico berlinés informó solo una semana después que el compositor
había sido envenenado.
Su esposa relató que su marido, pocos meses antes de morir, se lamentó de la siguiente
manera.
«Sé que debo morir.
Alguien me ha dado Aquatofana, un compuesto de arsénico y otras toxinas, y ha calculado
el momento preciso de mi muerte, para lo cual han ordenado un réquiem».
Se responsabilizó de su muerte a uno de sus rivales, el compositor Antonio Salieri, quien
habría orquestado un plan de envenenamiento que consistía en pedirle que compusiera el
réquiem para luego envenenar a Mozart, y que Salieri pudiera hacer pasar como suya
la composición.
Salieri, hasta en su lecho de muerte, negó esa acusación, y aseguró a un discípulo
de Beethoven que esas afirmaciones eran falsas, y que daba su palabra de honor cuando aseguraba
que nada tuvo que ver con la muerte de Mozart.
Entre otras de las hipótesis, obviamente sin evidencias de peso, es que fue asesinado
por los masones, pues Mozart era uno de ellos, y los traicionó cuando a través de su ópera,
la flauta mágica, reveló todo el simbolismo secreto.
Pero esta última hipótesis fue menospreciada por Makoviak, quien afirmó que los otros
involucrados en la flauta mágica vivieron varias décadas, y que además la logia a
la que pertenecía el compositor no solo realizó una ceremonia en su honor luego de su fallecimiento,
sino que además apoyó a su viuda.
Adicional a esto, se ha dicho que síntomas como la hinchazón general severa no eran
consecuencia de los venenos más probables de la época.
Entre las otras hipótesis sugeridas están las sífilis, que entonces era muy común.
Pero Makoviak nuevamente restó crédito a esta suposición, y afirmó la poca probabilidad
de una aventura tanto de parte de Mozart como de su esposa.
Asimismo se habló de envenenamiento con una chuleta de cerdo justo poco antes de enfermarse,
pero nuevamente Makoviak dijo que eso era poco posible, además, los síntomas mostrados
por Mozart fueron muy comunes en otras personas.
Para Makoviak y otros investigadores, hubo un diagnóstico más aceptable, la glomerulonefritis
post-estretopcósica, un trastorno inflamatorio de los glomérulos, al que sigue la infección
con la bacteria Streptococcus, que sí puede provocar el tipo de hinchazón que tuvo el
compositor y pianista austriaco.
No obstante, todas han sido conjeturas, y nada se ha comprobado.
Número 6.
Napoleón Bonaparte.
El 5 de mayo de 1821, a las 6 de la tarde, falleció Napoleón Bonaparte en la isla de
Santa Helena, donde pasó las últimas semanas de su vida en el exilio, aquejado de dolencias
estomacales y náuseas.
Según el certificado de defunción, el exemperador de los franceses murió debido a un cáncer
de estómago, pero el mismo Bonaparte insinuó que había algo mucho más oscuro.
Muero antes de tiempo, asesinado por la oligarquía inglesa y su asesino.
Esto fue lo que escribió en su testamento, tres semanas antes de su muerte.
En 1840, sus restos iban a ser sometidos a una exhumación y a ser trasladados desde
Santa Helena hasta París, pero para sorpresa de todos, el cuerpo estaba conservado.
Entre las hipótesis sugeridas por algunos científicos, está el hecho de que se trataría
de una consecuencia secundaria de la exposición al arsénico, pues este podría tener algún
efecto conservante, y esto tomaría más fuerza cuando en 1861 hallaron elevados niveles de
arsénico en el cabello de Bonaparte.
Los resultados dieron pie a especulaciones sobre el hecho de que Napoleón pudo haber
sido envenenado.
No obstante, mucho después, en 2008, se tomaron muestras de cabello de Napoleón en cuatro
periodos de su vida, y se hallaron niveles de arsénico consistentes durante todo ese
tiempo.
Y lo mismo ocurrió con las muestras de cabello que se tomaron de su hijo y de su esposa.
Sin embargo, más allá de pensar que todos en esa época estaban siendo envenenados,
la verdad es que el administrar arsénico con intenciones malévolas para ingresar al
sistema de Bonaparte no era necesario.
El arsénico era un componente de la mayoría de los productos de belleza y tónicos medicinales
de la época.
Además, se usaba en un muy popular pigmento empleado en telas, pinturas y papel tapiz,
y en la casa en la que Napoleón murió había papel tapiz.
Esto último fue comprobado en un análisis al que fue sometido un trozo de ese papel
tapiz que se conservó gracias a que, en la década de 1820, un visitante lo cortó y
lo guardó en un álbum.
El trozo de papel tapiz dio positivo al análisis del arsénico, pero antes, en 2004, un equipo
internacional de toxicólogos y patólogos concluyó que la muerte de Bonaparte fue un
caso de desventura médica.
Y es que, para aliviarlo de sus problemas gastrointestinales, sus médicos le suministraban
un veneno, hemético tártaro, tartrato de antimonio y potasio.
Incluso dos días antes de su fallecimiento, le administraron como purgante una gran dosis
de calomelanos compuesto por cloruro de mercurio.
Todo esto, en combinación con la debilidad de su organismo, causó una alteración del
ritmo cardíaco que derivó en la muerte.
En 2007 se retomó la hipótesis del cáncer de estómago.
Los informes de la autopsia y las memorias del médico de Napoleón, al igual que otra
documentación, fueron sometidos a un análisis comparativo con imágenes modernas de lesiones
gástricas benignas y cancerosas.
Los especialistas concluyeron que las lesiones encontradas eran muy probablemente cáncer.
Hasta hoy las dudas no se disipan y se cree que muchos factores pudieron incidir, incluso
sin la intervención de los ingleses, como los alimentos que consumió en sus muchas
campañas.
7.
Bruce Lee
El actor, cineasta y artista marcial que nació en California y se crió en Hong Kong fue
muy conocido, entre otras cosas, por su dominio de la técnica del arte marcial Jeet Kune
Do.
Fue hallado muerto en Hong Kong el 20 de julio de 1973, cuando apenas tenía 32 años.
Un edema cerebral provocado por una reacción adversa a un analgésico que estaba tomando
por una lesión en la espalda fue la causa oficial de su fallecimiento.
No obstante, la duda se arraigó en mucha gente, especialmente en sus fanáticos, quienes
han pensado en que lo que originó su muerte fue algo sobrenatural.
El mismo Lee se obsesionó con el hecho de que moriría joven, lo que propagó el rumor
de una maldición.
También se rumoró, obviamente, sin una evidencia lógica ni concreta que pudo haber
sido asesinado.
Muertes extrañas y misteriosas como las anteriores abundan.
La incertidumbre sigue predominando en las posibles causas y en todo lo que rodeó los
últimos días de estas personas, que marcaron un hito y dejaron una huella imborrable en
la historia incomprendida del hombre.
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Recuerda, un pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla.
