Niños que recuerdan su vida pasada: Crees en la reencarnación?

TierraPura
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48 Visualizaciones de video·17 jul 2026
Testimonios de niños que recuerdan su vida pasada.
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Resumen del video
Generado por IAThis video examines the phenomenon of reincarnation through various case studies of children who claim to remember past lives. By analyzing testimonies and the research of experts like Dr. Jim Tucker, the content explores the possibility that consciousness persists after death, treating these experiences as subjects for analytical study rather than mere religious belief.
Ryan Hammonds, un niño de 5 años, dijo a sus padres que en su vida anterior había
sido un actor de Hollywood y se había reencarnado.
Todo empezó cuando, con 4 años, Ryan empezó a tener unas horribles pesadillas de lo más
realistas. Pero no fue hasta un año más tarde cuando el pequeño, que vivía con sus
padres en Oklahoma, Estados Unidos, se puso a revisar junto a sus padres un libro de reseñas
de viejas películas de Hollywood. De repente, fijó su mirada en la foto promocional de
una vieja película en blanco y negro, donde aparecían 6 personas, todas aparentemente
desconocidas. El niño, tras ver la imagen y señalar a uno de los hombres que estaba
en el centro de la foto, le dijo a su madre,
«Mira mamá, ese es George». Hicimos una película juntos, agregando, para sorpresa
de sus padres, que el hombre que aparecía a la derecha, con un abrigo medio gris y
el ceño fruncido, era él mismo. Ryan solía confesarles a sus padres la alegría
que sentía al evocar su existencia pasada. «Mamá, no puedo esperar a ser adulto de
nuevo y poder subir a esos grandes yates, usar guantes finos, vestir trajes caros y
bailar con todas las chicas bonitas. Así es como se ve el mundo mamá, desde un gran
yate». Sorprendentemente, los padres de Ryan notaban que cuando el niño evocaba
esos recuerdos, se comportaba de una manera totalmente diferente, expresándose como
si fuera un adulto. Los padres de Ryan, tras investigar la foto, descubrieron que se trataba
de un fotograma de un viejo fin de 1932, titulado «Night after night», «Noche tras noche».
El niño recordó que alguna vez había sido golpeado por los guardaespaldas de Marilyn
Monroe cuando una vez trató de acercarse a ella. También recordó haber ido a un cementerio
de la ciudad de Nueva York con alguien para encontrarse con un tal «Senador Ives» y
relató con lujo de detalles haber estado en algunos de los cafés de los boulevards
de París y haber subido a la mismísima Torre Eiffel. Consciente de las implicancias del
extraño caso, los padres de Ryan le escribieron un mail al doctor. Jim B. Tucker, director
médico de la Clínica de Psiquiatría Infantil y Familiar de la Universidad de Virginia,
y un famoso psiquiatra que se había especializado durante más de 15 años en estudiar casos
de niños reencarnados, explicándole la increíble historia narrada por su hijo.
Según ha declarado la madre Cindy, a la televisión estadounidense afirmó que su hijo llegó
y le dijo «Tengo algo que decirte. Yo antes era otra persona». Pronto quedó claro que
no se trataba de la fructífera imaginación típica de un niño de su edad, dado el nivel
de detalle de las experiencias de su vida anterior, así como el relato de sus viajes
por todo el mundo, sus trabajos con estrellas de la talla de Rita Hayworth y sus bailes
en Broadway. La madre de Ryan no daba crédito a lo que le contaba su hijo, pero lo describía
todo con tal lujo de detalles que no había forma de que un niño se lo pudiera haber
inventado. La foto estaba en un libro sobre Hollywood, en una biblioteca y mostraba el
rodaje de la película Noche tras Noche de 1932 con Mae West. Al pasar la página, Ryan
dijo «Ese es quien era yo», señalando a un actor que hizo de extra en la cinta. Un
documentalista identificó como Marty Martin, un actor que luego se convirtió en agente
de otras estrellas y que moriría en 1964 y del que un niño de cuatro años no es fácil
que pueda acceder a los detalles más íntimos de su existencia.
Martin tenía una mansión con piscina en Hollywood. Tenía dos hermanas. Su madre tenía
pelo castaño con rulos, amaba estar bronceado, le gustaba ir a la playa a ver a los corredores
de olas. Su empleada doméstica era de descendencia africana. Tenía un piano. Él y su esposa
viajaron muchas veces a París. Tenía gatos, amaba comer pan y fumar cigarros. Sin embargo,
la pesadilla de Ryan sobre su corazón explotando en Hollywood fue imposible de confirmar porque
cuando Marty Martin murió, en 1964, se encontraba solo en su cuarto.
Luego de conocer a la hija de Marty Martin, los recuerdos del pequeño Ryan Hammonds
se fueron desvaneciendo lentamente hasta desaparecer completamente de su memoria. El Dr. Jim Tucker
confirmaría que esto era normalmente lo que pasaba, pues los recuerdos de vidas pasadas
comienzan a desvanecerse a partir de los cinco años de edad. Increíbles casos como este
contribuyen al conjunto de evidencias que indican que la conciencia, al menos en algunas
circunstancias, puede sobrevivir a la muerte del cuerpo, que la vida después de la muerte
no es meramente una fantasía o algo basado en la fe, sino algo que se puede estudiar
analíticamente.
El concepto de reencarnación ha estado presente en la historia del ser humano desde hace mucho.
La mayoría de las religiones orientales como el budismo, hinduismo y taoísmo, además
de algunos cultos de África, América y Oceanía, creen que el alma de las personas adopta un
cuerpo material no solo una vez, sino varias según éstas van muriendo. Otro caso que
llamó la atención fue de James Leininger, un pequeño niño que aseguraba que, en una
vida pasada, había sido James Houston, un piloto de caza norteamericano de 21 años
que desapareció en acción en 1945, durante un combate en el Pacífico contra los japoneses
en plena Segunda Guerra Mundial.
La historia comienza cuando el pequeño James Leininger tenía dos años, según relataron
sus padres, Andrea y Bruce, comenzó a sufrir de recurrentes pesadillas. Andrea Leininger
relató que ella lo despertaba mientras gritaba. Cuando le preguntaba qué era lo que estaba
soñando, él respondía que, un avión en llamas se había estrellado y que, un hombre
no podía salir. Al principio dudó, pero con el paso del tiempo empezó a cuestionarlo
seriamente. A los 3 años de edad, James comenzó a dibujar, con detalle preciso, el mar y batallas
aéreas con los detalles correspondientes a las aeronaves utilizados durante la Segunda
Guerra Mundial. Cuando las recurrentes pesadillas de James empeoraron, la abuela del niño sugirió
que consultaran con Carol Bowman, una terapeuta que afirmaba que los muertos, a veces, podían
renacer en otro cuerpo. La terapeuta afirmaba que los niños no han tenido el condicionamiento
cultural y la estratificación sobre la experiencia en esta vida, por lo que sus recuerdos pueden
filtrarse con mayor facilidad. Para ellos, especialmente cuando tienen muy corta edad,
las vidas anteriores son más fáciles de recordar. Andrea y su marido comenzaron a
alentar a James a que compartiera sus recuerdos. La terapia hizo efecto de inmediato, pues
las pesadillas no solo comenzaron a volverse menos frecuentes, sino que también el niño
comenzó a revelar detalles extraordinarios sobre su anterior vida como un expiloto de
combate. Lo primero que dijo James fue que su avión
era un Corsair y que había sido alcanzado por los japoneses y se estrelló. Además,
reveló que el nombre del barco del que despegó era Natoma y que uno de sus compañeros se
llamaba Jack Larson. Después de algunas investigaciones descubrieron que los nombres
que había pronunciado su hijo eran totalmente reales, pues el Natoma Bay había sido un
pequeño portaaviones que combatió en el Océano Pacífico en la Segunda Guerra Mundial
y Jack Larson era el nombre de un expiloto de combate que había servido en esa embarcación
y que aún vivía en Arkansas. Decidieron llegar hasta el final del caso.
Visitaron a Larson en Arkansas en septiembre de 2002 y le preguntó acerca del fallecido piloto,
el hombre, le respondió que Houston había sido miembro de su escuadrón de combate BC-81 y que
no podía recordar lo que había pasado exactamente con él, pero estaba seguro de que su avión había
sido alcanzado por el fuego antiaéreo japonés el 3 de marzo de 1945 y fue declarado desaparecido
en combate. Para terminar de completar el rompecabezas, Bruce Leininger también localizó
en febrero del 2003 a Ann Houston Barron, hermana del fallecido James Houston, quien vivía en la
localidad de Los Gatos, California. La señora Houston, luego de varias conversaciones telefónicas,
le envió a la familia Leininger varias fotos de su hermano durante el servicio militar. En una
de ellas el joven James aparecía de pie delante de un avión de combate Corsair, el mismo tipo de
avión de combate que el pequeño James Leininger había mencionado. En ese momento decidieron
revelarle a la hermana del piloto fallecido la increíble historia de su hijo y la teoría de
que el espíritu de James Houston quizás podía formar parte de su hijo James. La madre, en una
oportunidad, se percató que el niño jugaba con tres muñecos, Leon, Walter y Billy, y tras
investigar en los registros de la flota del Pacífico descubrió que los nombres no habían
salido de la imaginación del niño y, menos aún, habían sido puestos al azar. El teniente Leon
Stevens-Conner, el alférez Walter John Devlin y el recluta Billy Rufus habían sido miembros
del escuadrón VC-81 de aire y, por ende, habían sido compañeros de James Houston y se
encontraban entre las 21 víctimas mortales del portaaviones Natoma Bay. Cuando Bruce Leininger
le preguntó a su hijo por qué llamaba a sus muñecos de esa manera, James le respondió,
porque ellos me saludaron cuando fui al cielo. Esta historia no termina allí. Años más tarde,
cuando James Leininger ya estaba convertido en un adolescente, asistió a una reunión con amigos
y familiares del fallecido piloto. Todos ellos, después de hablar con él, lo reconocieron como
James M. Houston Jr., piloto de caza de la Segunda Guerra Mundial. Cameron McAuley. Empezó desde muy
temprano a explicar a la gente de su alrededor cómo era su otra vida. Relataba cómo era esa
otra mamá, una mujer cariñosa de cabellos largos. Incluso, algunas veces, llegaba a describir también
cómo era la casa en la que vivía, lejos, muy lejos de Glasgow. Blanca, grande y cerca de un
lugar donde iban y venían aviones. Al principio la madre de Cameron lo atribuyó a una imaginación
desbordante. Las dudas se volvieron más inquietantes cuando, a medida que crecía,
los detalles se iban volviendo más definidos. El niño decía que le encantaba ir a jugar a la
playa, un lugar tranquilo donde el viento solía acariciar el cabello de su madre. En algunos
casos, Cameron McAuley llegaba a ser tan preciso con sus descripciones cuando se trataba de su
hogar que sorprendía a todos. Conocía con precisión cada lugar, describía, por ejemplo,
que la casa tenía tres baños y que siempre lo acompañaba un perro blanco y negro al que quería
mucho, así como también un coche negro que tenía la familia. No obstante, había algo que lograba
conmover aún más a la madre en sus narraciones. Él tendía a recordar con especial tristeza a su
padre, que falleció por no mirar a ambos lados de la calle. Su nombre era Shane Robertson. Aquello
no era normal. La madre de Cameron no podía soportar más aquella situación, en especial
porque veía a su hijo sufrir por unos recuerdos que, en realidad, nunca había vivido. Fue entonces
cuando llamaron a Jim Tucker. Tras hablar durante varios días con el pequeño Cameron McAuley,
el doctor Jim Tucker no lo dudó. Debía llevarse al niño y a su madre a la isla de Barra para
averiguar si todo lo explicado por el niño era real. Tras contarle el plan a la madre,
ella accedió inmediatamente. Ambos estaban ansiosos de comprobar si todo lo que decía un
niño de tan solo 6 años era real. Puede que te preguntes de qué modo pudieron empezar a
buscar a esa otra familia de Cameron McAuley. La isla no es especialmente grande, pero existen
emplazamientos muy similares al descrito por Cameron, una casa blanca al lado de la playa,
y además el dato tal vez más preciado, el nombre de su padre, Shane Roberson. Como era
de esperarse, al llegar a la costa de la isla encontraron la playa y la gran casa blanca que
tantas veces había descrito el niño. No obstante, la casa yacía al lado de la playa completamente
deshabitada. Se notaba que los años habían pasado y nadie la había recorrido. Aún así,
el niño pudo enseñarle a su madre y al doctor su habitación, los parajes que sólo él conocía.
Sus recuerdos eran de los años 60, habían pasado muchos años. Al no encontrar personas allí,
se vieron obligados a consultar el registro civil de la isla, y con ayuda de un historiador lograron
al instante dar con los nombres que habitaban aquella casa. Y todo encajaba desde luego,
la casa, el perro, un coche negro de la familia, una pista de aterrizaje cercana. Lo único que
no cuadraba en la historia de Cameron era lo de Roberson. Según averiguaron, no existía ningún
Shane Roberson. Ningún hombre había fallecido en un accidente de tráfico tal y como recordaba el
niño. Cameron volvió a su casa y a su existencia normal, tranquilo por haber demostrado que lo que
sentía era real y de algún modo había entrado en contacto con la que fue su otra vida.
Ravi Shankar nació en 1951 en Kanna-Ush, India. Afirmaba ser hijo de un hombre llamado
Yajeshwar y había sido asesinado. Su padre actual nunca le creyó, motivo por el cual
le propinó varias palizas. Pero esas palizas sirvieron de poco, ya que Ravi con los años
quiso encontrar respuestas a esos extraños recuerdos. Incluso creía que aquellos antiguos
asesinos aún le buscaban. Ravi tenía una extraña marca de nacimiento, la cual podía confirmar su
historia, una marca de corte de cuchilla debajo del mentón. La historia de Ravi coincidió con
un asesinato ocurrido seis meses antes de su nacimiento, el 19 de julio de 1951, cuando el
hijo de Yajeshwar había sido asesinado por dos hombres que lo decapitaron. Aquellos hombres
habían sido parientes suyos en otra vida y habían querido heredar los bienes del señor
Yajeshwar. Los asesinos fueron detenidos pero, a causa de un tecnicismo legal, tuvieron que ser
soltados. Un juez utilizó irrazonablemente un pequeño detalle de la ley para justificar un
resultado injusto. Cuando Yajeshwar se enteró de lo que contaba Ravi, decidió ir a visitarle. Ravi,
después de una larga charla con él, le confirmó que había sido su hijo. Incluso,
pudo darle detalles de su asesinato. Yajeshwar intentó reabrir el caso pero, al parecer,
las autoridades lo denegaron por falta de pruebas, ya que las vivencias del niño no
constituían una fuente demasiado fiable. Según el doctor Ian Stevenson, con el tiempo,
Ravi fue olvidando esos recuerdos y, al final, ni siquiera les guardó rencor a los asesinos de
su vida anterior. El pequeño Luke Reilman insiste desde los dos años en que es la
reencarnación de una mujer adulta fallecida en un incendio. El caso se hizo famoso a nivel mundial
cuando el niño tenía apenas cinco años. Reilman dice haberse llamado Pam, según contó la madre
del niño, Erika, en un documental. La familia del niño asegura tener pruebas fehacientes de
que su hijo efectivamente dijo lo que dijo y, además, de que aquello que declaró es real.
Estas tienen que ver con cierta información de la vida privada de Pam, que el niño suele
revelar cuando la mujer se apodera de él. Por ejemplo, Reilman un día le dijo a su madre que
viajó en tren a Chicago, ciudad en la que nunca había estado, y que cuando era niña tenía el
cabello negro y usaba aretes. Tras oír las afirmaciones de su hijo, Erika comenzó a
investigar y se dio cuenta de que, una vez, existió una mujer afroamericana llamada Pam
Robinson, que murió junto a 18 personas en un incendio en el Hotel Paxton de Chicago,
hace casi 30 años. Le mostraron al niño fotos de diferentes mujeres entre las cuales se
encontraba Pam, y le hicieron elegir cuál creía que era Robinson. El niño no dudó,
señaló el rostro de la mujer que dice ser. Esto llevó a Erika a contactar a la familia de Pam,
y a enterarse de más detalles. Luego de su encuentro con los Robinson descubrió que su
hijo es fanático de Stevie Wonder y del teclado tal como lo era la mujer fallecida de aproximadamente
30 años. Shanti Devi nació en Delhi, India, en 1926 en el seno de una familia acomodada,
económicamente. A los cuatro años aproximadamente la pequeña comenzó a repetir una extraña historia.
Contaba con dramática elocuencia los recuerdos de otra existencia en la cual había vivido bajo el
nombre de Ludgi, en compañía de Kedarnath, su esposo, y de sus tres hijos. Los padres al
principio creyeron que se trataba de cosas de una criatura algo solitaria, que pasaba gran parte
del tiempo jugando con muñecas. A pesar del paso del tiempo, la niña seguía repitiendo la misma
historia, transformándose en una especie de trauma obsesivo. La llevó al médico. Shanti narró que
había muerto durante el parto de su tercer hijo, en Mutra, a fines de 1925, es decir, casi un año
antes de su nacimiento oficial en Delhi. El médico pidió detalles de aquel embarazo y la pequeña le
aportó un cuadro completo del proceso físico y mental de ese estado, que sólo una mujer encinta
podría haber vivido. Este médico, al igual que otros que la investigaron años más tarde, concluyó
que Shanti Devi estaba sana de cuerpo y mente, aunque en su diagnóstico no podía explicar
científicamente la naturaleza de aquella extraña historia. Cuando Shanti cumplió nueve años, su tío
abuelo, el profesor Kishen Chan, decidió escribir una carta al tal Kedarnath y la envió a Mutra,
a la dirección que tantas veces había repetido la niña. La misiva llegó finalmente a su destinatario.
La niña no había mentido o inventado. La reacción del viudo después de leer las líneas donde Kishen
Chan le narraba la fantástica historia y lo invitaba a viajar a Delhi para encontrarse con
la familia Devi, Kedarnath pensó en un principio que Chan pensaba chantajearlo o despojarlo de
parte de sus bienes gananciales que había heredado al fallecer su esposa Ludgi en 1925.
Pero envuelto en sus temores y preocupado por aclarar lo antes posible aquel sospechoso asunto,
decidió que lo prudente sería quedarse en Mutra y escribirle a su primo hermano,
que residía entonces en Delhi, explicándole la situación. En la carta, Kedarnath le pedía a su
pariente que visitara de incógnito a la familia Devi con cualquier excusa y le hiciese conocer su
impresión de la honorabilidad y honestidad de sus miembros a vuelta de correo. El primo
de Kedarnath hizo exactamente lo que se le había pedido. Golpeó la puerta de la casa y Shanti,
que estaba ayudando a su madre en la cocina, corrió a abrir la puerta de entrada. Como la
niña se demoraba, la señora Devi fue a ver qué ocurría y encontró a su hija muda de estupor y
temblando frente al recién llegado, pues Shanti, que jamás en su vida lo había visto, lo había
reconocido de inmediato como el primo del esposo, que alguna vez también había vivido cerca de su
hogar en Mutra. Emocionado por todos los detalles que la niña le daba de la vida familiar de
Kedarnath, el joven reconoció finalmente ser el primo del viudo y confesó al padre de Shanti,
que acababa de llegar a la casa, el verdadero propósito de su visita. Afirmó además que,
en efecto, todo lo que había dicho la pequeña Shanti era rigurosamente cierto, Kedarnath vivía
en Mutra con sus tres hijos, su esposa Ludgi había fallecido al tener su tercer hijo en 1925.
La reencarnación es la creencia según la cual, al morir una persona, su alma se separa momentáneamente
del cuerpo para, después de algún tiempo, tomar otro cuerpo diferente para volver a nacer en la
tierra. Ahora cuéntanos, ¿Crees en la reencarnación? Si te ha gustado este vídeo, suscríbete a nuestro
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