En la amazonía peruana, un extraño río ha llamado la atención de investigadores de todo el mundo: sus aguas están en punto de ebullición y producen una nube de vapor en constante regeneración, pero el volcán más cercano se encuentra a 600 km. Para los pobladores del lugar, Shanay-timpishka, el río “hervido con el calor del Sol”, es hogar de poderosos espíritus.
En la Amazonía peruana, un extraño río ha llamado la atención de investigadores de todo el mundo.
Sus aguas están en punto de ebullición y producen una nube de vapor en constante regeneración.
Otros ríos térmicos alrededor del planeta reciben calor de la actividad volcánica y están repletos de azufre.
Pero aquí no encontramos ninguno de esos fenómenos.
El volcán más cercano se encuentra a 700 km y las aguas son limpias y cristalinas.
Perfectamente aptas para el consumo.
Para los pobladores del lugar, Shanay Timpishka, el río hervido con el calor del sol, es hogar de poderosos espíritus.
El maestro curandero Juan Flores, de la tribu Ashaninka, se comunica y trabaja con ellos.
Las personas al tiempo de llegar, es la impresión que hay, que suena, pero no se ve.
Solo se escuchan los ruidos, nada más, los grandes espíritus.
Acá se mantienen los espíritus estables y vivos como nosotros.
Entonces yo logré verlos y conversar con ellos porque ellos vienen a vernos, a nosotros.
Y también a ayudarnos a curar a las personas, para limpiar, para hacer todo.
Porque son los grandes espíritus del agua, de la quebrada.
Cuando las compañías petroleras llegaron a la zona, las tribus Ashaninkas, Kashivos y Amueshas se dispersaron.
Los abuelos y la madre de Juan Flores se vieron forzados a partir y el maestro nació y creció lejos de la tierra de sus ancestros.
Hasta que, en una visión, los espíritus le instaron a buscar la quebrada de agua caliente y regresar al hogar de su linaje.
Aquí, en Shanay Timpisca, el maestro funda el centro Mayantuyaku para ayudar a quienes buscan alivio y preservar el legado curanderil que les fue transmitido.
La selva, la naturaleza virgen de este espacio, permite generar una conexión que en otros pocos lugares del mundo se puede lograr.
Y eso ha ayudado con la sensibilidad que va generando el trabajo con las plantas de dieta, como la mucura, la camalonga, el tamamuri, el chihuahuaco, etc.
Van, de alguna manera, moldeando, mostrando, revelando, enseñando cómo vivir, cómo ajustar, cómo enderezar algunas cosas que son necesarias para poder seguir viviendo tranquilo y en paz.
Por eso es que el Padre me ha enviado acá para hacer Mayantuyaku, para la humanidad, para todas las personas que desean venir, llegar y aprender.
Entonces, todo eso es del Creador, pues decimos nosotros.
Bueno, yo empecé a estudiar las plantas a la edad de 10 años.
En el año 1951, yo empecé con maestro Ashaninka, porque ya no tuve la oportunidad de estudiar con mi papá, porque murió.
Entonces, yo soy una persona que quiero mucho a las plantas.
Siempre vivo enamorado de las plantas, porque las plantas nos dan la salud, nos dan la vida y nos protegen de todos los malos espíritus que vienen en contra de uno.
Bueno, yo tuve la oportunidad de aprender cuatro clases de estudios de ciencias, ¿no?
Uno, el ayahuasca.
El ayahuasca, que nosotros le llamamos kamarampi en idioma ashaninka, kamarampi.
Y después vienen paleros, los que toman los palos, toman la bobisana, toman camarenaco.
Y así va tomando otros árboles más, entonces se llama ayahuasquero palero.
Ahora, entonces, entramos a lo divino, que maneja las oraciones.
Para tomar, para hacer, empezar los rituales, manejar las oraciones, para cuidar las reuniones de las plantas de kamarampi.
Entonces también todo va incluido.
Y el otro es conocer el perfume de las plantas, hacer el perfume de las plantas.
Entonces, ¿para qué? Para el florecimiento de todo, cuando se hace un trabajo, entonces ahí va el florecimiento.
Te pones las plantas en la mano, te pasas por la carita y ya está. No se necesita mucha cosa.
Ayahuasquero, palero, oracionista, perfumero, cuatro cosas que sea.
Pareciera que las plantas, como agentes de conciencia, permiten transitoriamente en la ritualidad difuminar los límites de la percepción
y nos permiten acceder a dimensiones más profundas de la realidad, que están acá, pero que no son palpables a simple vista por los sentidos ordinarios.
Entonces, todo lo que uno ve con las plantas, que está reportado tan maravillosamente en las visiones, en los artistas que hacen arte visionario,
en realidad dan cuenta de una realidad que, valga la redundancia, que está acá, pero que no está al alcance directo de nuestro sentido.
Por tanto, en la ritualidad, la planta favorece la percepción con el ojo del espíritu, nos favorece la percepción con los planos más instintivos de la vida
y podemos efectivamente acceder a una realidad objetiva, que en las tradiciones se le conoce como el plano intermedio, el mundo preternatural.
Se le llama intermediario, me parece, porque está entre el plano terrenal, diría Huston Smith, la verdad olvidada, y el plano divino, el absoluto Dios.
Ese plano intermedio es donde están, digamos, las madres, las almas de las cosas, de todos los seres vivos.
Dicen las tradiciones que ahí está el alma de una planta, ahí está el alma de un lugar, de una piedra, de una montaña.
Entonces uno puede acceder a un mundo vivo donde hay criaturas creadas igual que nosotros y hay jerarquías, hay órdenes.
En ese mundo invisible hay desde una ameba hasta una entidad tremendamente elaborada, angélica, ya sea positiva o negativa.
Entonces el dispositivo ritual permite, a mi entender, operar como una especie de transbordador que nos permite el ir y venir, el ir de manera segura y volver.
Las pautas de la ritualidad hacen que uno vaya tomándose de algunas barandas y la ritualidad permite que uno vaya y vuelva.
Por eso los abuelos dicen que cuando uno va a tomarse un vaso de ayahuasca se va a encontrar con el espíritu del ayahuasca que le va a facilitar el paso al mundo de las almas.
Y ahí está la etimología de ayahuasca, la soga de los muertos, la soga de las almas.
es un mundo que cartográficamente las tradiciones lo tienen más o menos ordenado y es un mundo que requiere la develación progresiva y paulatina del encuentro con el mundo de los espíritus.
Porque efectivamente en el plano invisible hay espíritus que son buenos y malos, no hay solamente espíritus buenos, que eso también a veces los abuelos se conmueven porque ven mucha ingenuidad en el blanco,
que busca el mundo indígena tradicional pensando que hay todo bueno, que hay todo como es armónico, pero desconocen las partes más sombrías que son por ejemplo la magia, la brujería y esas cosas que es una realidad que existe hasta el día de hoy.
O sea, él cumple esos cuatro oficios muy balanceadamente.
La piedra angular de las tradiciones amerindias dicen que una persona se enferma por la presencia de malos espíritus.
Siempre para que exista una infectación espiritual tiene que internamente en una persona, en un lugar, haber un grado de afinidad con esa entidad autónoma.
Vale decir, uno puede poner el ojo simplemente en el combate y expulsar los malos espíritus, pero también puede poner el ojo en fortalecer el espíritu verdadero.
Hay modalidades distintas, hay maestros que se enfocan en el combate espiritual y otros maestros que hacen un combate un poco más inteligente que fortalecer el espíritu personal a través de la purificación del corazón, del cuerpo.
Entonces hay distintas modalidades o se pueden hacer simultáneamente.
Por ejemplo, una persona va a trabajar donde un chamán y el chamán le da plantas purgativas, lo limpia, pero la persona vuelve a los tres meses y está con la misma conducta.
Y es porque no ha trabajado en la afinidad intrasíquica que conectaba con ese demonio, ese parásito, esa larva.
Entonces me parece que en el mundo occidental es bueno hacer estos puentes donde hay interlocutores entre el mundo invisible y el mundo visible.
Por eso mi entender, un facilitador contemporáneo debería tener capacitación en el mundo psicodinámico, inconsciente en el psicoanálisis, y en la cartografía del mundo angélico.
Porque por lo general se dan hibridaciones.
No son demonios propiamente tal, pero una dolencia psíquica, no ha trabajado una herida psíquica, un trauma, no ha trabajado, puede ser el terreno fértil como la dermiculita de un mal espíritu.
Justamente estamos a nivel colectivo y a nivel humano muy heridos.
O sea, la experiencia de trauma, dicen los estudios contemporáneos, que es transversal a casi todas las dolencias psicológicas.
Entonces hay heridas emocionales y es ahí donde los malos espíritus, los parásitos, se alimentan.
Por eso hay que hacer el trabajo paralelo de elaborar las heridas y limpiarlas también a nivel energético, espiritual.
Linda quebradita, cómo corren tus aguas, tus aguitas cristalinas.
Cuando corren tus aguas por encima de la roca.
Hay roca encantada.
Cuando corren tus aguas ya la nube se levanta.
Entre medio de las nubes ya se va mi Señor Jesucristo.
Ya se van al cielo, ya se van al cielo.
Donde brillan las estrellas con el poder de nuestro Señor Jesucristo.
El Icaro es un modo, un vehículo interespecie.
Es como se comunican los espíritus de las plantas con las personas.
Como el espíritu de la planta le anuncia al curandero cuál es la afinidad y la sensibilidad que tiene los tonos, la sensibilidad y la transmisión para poder operar en conjunto.
El Icaro es una muestra concreta porque viene el susurro.
Los maestros dicen que el Icaro viene del silbido de la planta.
Viene el susurro y el iniciado que está en una dieta, está en un ayuno, en un estado de conciencia receptivo y disponible va recibiendo esa información y la va codificando y llevando a la palabra.
Entonces el Icaro es un instrumento, digamos de un bisturí en esta alianza interespecie entre la planta y el ser humano.
Que sirve como un dispositivo o un instrumento concreto para la operación, para la cirugía psíquica y espiritual que es un trabajo chamanico.
Entonces podríamos decir que el Icaro es el instrumento más importante del curandero junto a los perfumes, las dietas.
A veces un buen Icaro en una sesión puede llegar a partes medulares.
El Icaro puede, hay Icaros que son indicados, que son revelados para despertar memorias antiguas, para ir a la profundidad, para apaciguar a un paciente que está un poco desbordado.
Bueno este Icaro le recibí, lo escuché cuando ya tenía yo acá 10 años de estabilidad, viviendo.
Entonces una noche de la medicina, de la reunión de la medicina, entonces escuché que cantaban las voces dentro de la quebrada.
Entonces traté de grabar dentro de mi cabeza, de mi cerebro para poder entonar al siguiente día.
Y así lo hice la linda quebradita como los espíritus cantaban.
En presencia de Juan Flores es difícil no sentir que algo valioso podría perderse.
El maestro sabe que es su momento de partirse acerca y su mayor anhelo es que su linaje continúe.
Afortunadamente un aprendiz está listo para continuar su levado.
Es un maestro cálido, es un maestro sabio, es un maestro amoroso y no lo fuerza, le sale espontáneamente.
Es un maestro que él mismo reconoce tener muy poca instrucción académica,
pero pareciera que en el sentido de un maestro espiritual fuera necesario tener poca contaminación académica.
Pareciera que la educastración del cerebro derecho nos viene a hacer dudar mucho, a querer esquematizar mucho.
Y si bien es cierto puede ser útil para ciertas cosas, pero él como una fuente emanadora de sabiduría,
pareciera que le estorbaría si uno le hiciera leer algunos mapas o algunos libros.
Él mismo, en su movimiento, en su cercanía, incluso en las formas análogas de transmisión,
es como si fuera una especie de antena de wifi por donde se conecta la sabiduría profunda y él la emana a las personas que lo circundan.
Andrés Yañez debe mantener la tradición curanderil de su maestro.
No es un camino fácil, la vida del chamán es ardua, solitaria y peligrosa.
No es un camino fácil, es un camino muy duro y las resistencias siempre van a estar.
Yo creo que uno no es nadie para juzgar a los que se retiran y a los que no persisten,
pero es un camino que requiere de una fe inquebrantable, de una certeza psicótica.
Hay que ser un poco loco en esto.
De hecho, en el agujero, en el toroide lacaniano en el centro, donde está el vacío, la psicosis personal,
es por donde mismo atraviesa la experiencia mística.
Entonces yo creo que efectivamente hay que estar un poco loco para persistir con la terquedad de una brújula en este camino.
Sí, yo tengo pensado que lo tengo consagrado al creador, hasta cuando el señor quiera.
Pase, pase lo que pase.
Yo estoy disponible a seguir trabajando hasta que el señor me dé las condiciones, la fuerza, la seguridad para hacerlo.
Y en el momento que se quite el talento, el don, el carisma, bueno, nos dedicaremos a otra cosa.
Pero mientras me sienta fuerte, me sienta vivo, me sienta con ganas, lo doy todo.
Y eso, fíjate, se aprende con los maestros.
Los maestros también han pasado por momentos duros, difíciles, donde han querido renunciar.
De hecho, muy buenos maestros que he tenido me han dicho que han tenido la crisis a los 10 años, a los 15 años, a los 20 años,
que dicen, por qué no me dedique a algo más fácil, algo que sea menos responsabilidad,
que darle un vaso de ayahuasca a alguien, abrirle el inconsciente de par en par,
y uno no sabe con qué se va a encontrar, y después, si la persona tiene malo espíritu, me van a...
Bueno, son cosas, ¿no?
Pero aquí, más que la fe personal, es la fe en Dios.
Uno si sabe con quién va, yo tengo una fe inquebrantable en Dios.
Yo encuentro que es lo único que no podría soltar nunca.
Entonces, mientras te dé esa fe fuerte, yo creo que voy a seguir trabajando en esto.
Y también quiero pedir a las personas que cambiemos,
porque el peor enemigo que nosotros tenemos en el mundo es la cólera, es la rabia.
Esa es la enfermedad más grande que hay.
Entonces, nosotros los curanderos estamos luchando contra eso,
contra la rabia de la persona, que tiene contra el pensamiento negativo.
Entonces, nosotros estamos ayudando a las personas a cambiar con las plantas,
a vivir, que tengan más vida, más fortaleza,
y también que tengan más paciencia y tranquilidad
dentro del propio corazón de cada uno de nosotros, de los seres humanos.
Yo pienso que la cólera, la rabia, encubre una insatisfacción.
Pero más que una insatisfacción psicológica, que es una capa, es una insatisfacción de espíritu.
El espíritu quiere la unidad, quiere la gratitud, quiere el abrazo.
Yo pienso que hay una cólera también basal y metafísica
que tiene que ver con la sensación de separación con la totalidad.
Dios nos regaló las plantas para curarnos, porque dentro de las plantas se encuentra el mismo Dios,
el gran Espíritu Divino, que es el Creador.
Entonces, de ahí recibe uno la sanación, la mejoría, por medio de la planta.
Pero ahí está el Creador, la fuerza del Creador está dentro de la planta.
Tener vida es disfrutar de los momentos bonitos
y agradecer a Dios cuando nos vienen los momentos difíciles,
porque en algún momento vamos a ser el soporte de alguien.
Para eso nos está preparando, porque Dios tiene un propósito para cada ser humano, para cada ser viviente.
Subtítulos realizados por la comunidad de Amara.org