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Si bien no nos vamos a detener ahora demasiado en el estudio de las aportaciones griegas
a la historia de la ciencia y al desarrollo de la física, precisamente porque cuando
lleguemos a Copérnico estudiaremos en detalle las ideas y aportaciones de dos de sus más
influyentes pensadores, Aristóteles y Claudio Ptolomeo, en esta primera parte haremos simplemente
un breve repaso por sus aportaciones más destacadas.
Grecia fue sin duda la gran heredera civilizatoria de Babilonia y Egipto. Sin embargo, al comienzo
la cosmología, la ciencia de los astros griega, tuvo un carácter puramente mítico, muy parecido
al de las religiones orientales que nosotros hemos visto en las sesiones anteriores. Para
Homero el Gran Rapsoda, el fundamento de la tradición cultural mitológica griega, el
cielo era una semiesfera, similar a un cuenco que cubría una tierra plana. El espacio existente
entre el cielo y la tierra, hasta las nubes, contenía, según Homero, niebla o neblina.
La parte superior del cielo estaba formado por éter, un elemento muy importante para
el desarrollo de la física griega, como veremos cuando lleguemos a Aristóteles. Bajo su superficie
la tierra se extendía, según Homero, ampliamente hacia abajo, hundiendo sus raíces dentro
del tártaro. Esta tierra, plana y estática, estaba rodeada por el océano, que en los
relatos homéricos era un inmenso río que fluía en torno al borde del disco terrestre.
El segundo gran pilar de los relatos mitológicos del pueblo griego fue Hesíodo, quien ofreció
una visión del mundo mucho más compleja y sofisticada que la de Homero. En los textos
de Hesíodo no solamente encontramos esta visión simple y un poco ingenua que acabamos
de ver en Homero, sin una verdadera cosmogonía. Es decir, Hesíodo va a intentar ofrecer una
explicación del origen y del devenir del cosmos, del universo, a partir de un principio
originario, idea muy importante también para el desarrollo de la ciencia. Las obras principales
de Hesíodo, como bien sabéis, son Teogonía y Los trabajos y los días. En la Teogonía,
la más importante de sus obras en este aspecto, que vamos a estudiar a continuación, Hesíodo
va a proponer como origen primordial de todo lo existente, el caos. Esta idea es muy importante,
ya que mientras que Homero se mueve en una especie de espacio indeterminado, en el que
no aclara muy bien el origen, el espacio del érase una vez, Hesíodo se esfuerza en determinar
exactamente cuál es el origen de los dioses, pero antes que ellos, el origen del espacio
y del tiempo. Una cosmogonía, un origen del cosmos, que intenta de alguna forma dar una
explicación mucho más sofisticada acerca del origen de la realidad material. En la
mitología griega, tal como está expuesta por Hesíodo, a partir del caos se irá imponiendo
lentamente la justicia tras muchísimas guerras y conflictos. Es decir, el origen es lo desordenado,
lo caótico y finalmente nuestro estado actual será el del orden y la justicia, que como
veremos enseguida será impuesta por Zeus, el rey de los dioses. La palabra caos, que
nosotros solemos identificar comúnmente con estas ideas de desorden o confusión,
se oponía en el mundo griego al término cosmos. El cosmos era lo ordenado, el estado
de la naturaleza que se alcanza después de imponer la justicia. Por ser ordenado, el
cosmos también para los griegos era bello, cosmos. De ahí viene, por ejemplo, en nuestra
lengua la palabra cosmética. Lo ordenado para los griegos es bello, la simetría, lo que está
perfectamente dispuesto. Sin embargo, y esto es bastante interesante, el término caos no solamente
significaba para los griegos desorden o confusión, sino que también lo traducían como abertura,
hendidura o bostezo. Es decir, para que el universo, para que el orden pudiera imponerse,
para que existiera la naturaleza, en primer lugar tuvo que abrirse un espacio en la indeterminación,
un lugar en el cual pudiera desplegarse el mundo material. Así esta hendidura es el principio,
el arranque de la realidad, una ruptura en el desorden en la cual va a empezar a penetrar la
estabilidad de las leyes naturales. Vamos ahora a la lectura del texto perteneciente a la época
griega que he preparado para vosotros. Se trata de un fragmento de la Teogonía de Esiodo, como su
propio nombre indica, Zeus, dioses, gonos, creación. En este texto Esiodo lo que nos va a relatar es el
proceso por el cual fueron originándose las diversas generaciones de dioses griegos. Con una carga
metafórica preciosa también implica una explicación del orden del mundo físico y material. Vais a ver
que usando nombres de dioses en realidad Esiodo va definiendo la estructuración del orden físico.
Vamos al texto, es el número 4 de vuestra selección, que ya sabéis que podéis descargar o leer conmigo
en la pantalla. Nos dice Esiodo, en primer lugar existió el caos. Muy interesante, fijaros, esta
interpretación del origen del mundo dista mucho de la creación de la nada cristiana. Para los
cristianos, antes de la creación de Dios, no había absolutamente nada. Para los griegos sí, existió
un mundo simplemente desordenado, en el que no había definición, en la que todo estaba confundido
Así que en primer lugar existió el caos, luego Gea, la tierra, de ancho pecho, morada segura de todos los
inmortales que habitan las sedes del nevado Olimpo. La tierra es lo seguro, lo fijo. Para los primeros
griegos la tierra está en el centro del universo y es quieta y estable. Ahí está la idea de la
inmovilidad del geocentrismo, es la morada segura. Después el sombrío Tártaro y Eros, el más bello
entre los dioses inmortales, el que afloja a los miembros, el que en el pecho de todos los dioses y
de todos los hombres su mente y prudente decisión somete. El Tártaro es un abismo, una especie de
acantilado profundo, un abismo profundo que es una especie de morada de sufrimiento, el infierno griego
Por tanto tenemos el caos, la seguridad de la tierra y ya el infierno, el lugar de los castigos
cuando todavía no ha ocurrido nada. Y en cuarto lugar aparece ya Eros, el amor, la atracción. Dice
el más bello entre los dioses inmortales que además gobierna y domina no solamente a los seres
humanos sino también a los dioses y perturba su mente y su prudente decisión. Del caos nacieron
Érevo y la negra noche. Érevo son las sombras, la oscuridad. La noche se distingue de lo oscuro.
Allí donde hay sombras, donde no vemos bien, ahí está el dios Érevo. Fijaros qué interesante, esta es la
primera generación. El caos, la tierra, el abismo, el amor, la noche y la oscuridad. Tenebroso, un inicio muy
oscuro. La tierra primeramente dio a luz a Urano Estrellado, el cielo, semejante a ella misma para
que la protegiera por todas partes, la rodeara por todas partes. Para la concepción de esta época la
tierra era plana, permanecía quieta, sólida, pero estaba rodeada por una esfera, por un cielo
completamente esférico, así que la protegía por todas partes. También alumbró a las grandes
montañas y al estéril mar de impetuosas olas el Ponto. Aparece también otra idea interesante para
el desarrollo de la ciencia. Nos dice que Gea alumbró las grandes montañas. ¿Qué es lo que
quiere decir esto? Y esta es una idea que formará parte del pensamiento de Aristóteles que no será
cuestionado o al menos no será derrumbado hasta bien entrado el siglo XIX. Si Gea ya engendra al
nacer en el principio de los tiempos las montañas, lo que se niega en este tipo de pensamiento es la
posibilidad de hablar de una evolución geológica de la tierra. Con Darwin solamente se pudo aceptar
la evolución biológica, la evolución de las especies, en el momento en el que se amplió el
espacio cronológico de la edad de la tierra y en el momento en el que las montañas y los estratos
geológicos se entendieron como pruebas de un pasado antiguo en el que el medio había cambiado.
Sin embargo, fijaros, en este tipo de pensamiento en el principio de los tiempos ya nacieron las
montañas, ¿de acuerdo? No hay deriva continental, no hay cambio geológico. Esta visión es estática y
este estatismo geológico dará lugar también a la visión aristotélica por la cual las especies
animales también son estáticas, no cambia el medio, no hay ninguna razón para que las especies sean
alteradas, ¿de acuerdo? De hecho Darwin tuvo que enfrentarse a estas ideas, fijaros que antiguas
son, y no fue hasta que se desarrolló la geología y después la biología que pudieron modificarse
estas concepciones, pero están, digamos, en los principios de la mentalidad occidental europea y
parte son ideas que en los filósofos, incluido Aristóteles, estaban en su, digamos, educación mitológica,
en su educación tradicional. La tierra primeramente dio a luz a urano estrellado, semejante a ella misma,
para que la protegiera por todas partes. También alumbró a las grandes montañas y al estéril mar
de impetuosas olas, el ponto, el mar mediterráneo. Después, acostándose con urano, engendró a océano
de profundas corrientes. Después de éstos, nació el más joven, el astuto Cronos, el tiempo, el más
temible de sus hijos, que se llenó de odio hacia su vigoroso padre. Fijaros, todavía no había tiempo,
el tiempo llega mucho después. Cronos se llena de odio ¿contra quién? Contra el cielo, contra Uranos,
contra su padre. Metafóricamente, los griegos están expresando aquí una de sus ideas fundamentales y es
la de que el cielo, la parte superior, supraceleste del mundo, es completamente ajena al paso del tiempo.
Para ellos, las estrellas y los planetas estaban completamente exentos de cualquier tipo de transformación,
corrupción, envejecimiento o degradación. ¿De acuerdo? Así que Cronos, el tiempo que dominaba el mundo físico,
empezó a llenarse de odio del cielo, porque el cielo, de alguna forma, se sustraía al poder del tiempo.
Las estrellas, los planetas eran siempre iguales, ajenos a la degradación de Cronos. Y continúa Exiodo.
Pues bien, cuantos nacieron de Gea y Urano, los más terribles de los hijos, estaban irritados con su padre
desde el comienzo. Pues cada vez que iba a nacer uno de estos, Urano los escondía en el seno de Gea,
sin dejarlos salir, y se complacía con su mala acción. El cielo los enterraba en la tierra a sus propios hijos.
No quería verlos, no los dejaba salir a la luz. La monstruosa Gea, en su interior, se lamentaba oprimida
y tramó una malvada artimaña. Tras haber creado una especie de blanco acero, la tierra, los minerales de la tierra,
fabricó una hoz y explicó el plan a sus hijos. Y como es natural, de todos se apoderó el temor,
de modo que ninguno se atrevió a contestar. Pero el poderoso Cronos, el tiempo, astuto, cobrando ánimo,
al punto respondió a su respetable madre. La idea de que Cronos, de que el tiempo es astuto, es una idea
también típicamente griega. El tiempo es lo que hace que aprendamos, el tiempo es lo que da la experiencia.
Así que el tiempo siempre es astuto. Así que respondió Cronos a su respetable madre.
Madre, te prometo que puedo realizar este trabajo, puesto que no siento preocupación alguna por nuestro odioso padre,
ya que fue el primero en maquinar obras indignas. De este modo se expresó y la monstruosa Gea mucho se alegró en su mente.
Ya hay una especie de enfrentamiento entre lo terrenal y lo celeste. Gea y el cielo, de alguna forma, se odian.
Son los padres de todo lo que existe, pero hay una rivalidad entre ellos. El cielo, de alguna forma, ataca,
intenta someter a lo material, a lo terrenal, y la tierra se quiere vengar de él. Esta lucha entre lo supraceleste y lo terrestre
está también aquí, en este pensamiento griego tan incipiente. De este modo se expresó y la monstruosa Gea mucho se alegró en su mente.
Tras ocultarlo, lo colocó para la emboscada, al tiempo. Fijaros, ¿qué es lo que lanza Gea a la tierra, el mundo material, contra el cielo?
Lanza el tiempo. ¿Qué es lo que no afecta al mundo celeste? Su arma es intentar degradarlo con el ataque del tiempo,
de la temporalidad que hace que los que vivimos aquí abajo muramos, nos degrademos.
Lo colocó para la emboscada, puso en su mano una hoz de agudos dientes y le enseñó todo el engaño.
Vino entonces el poderoso Urano trayendo la noche, y deseoso de amor se echó sobre Gea y se extendió por todas sus partes.
El cielo cubrió la tierra. Su hijo, desde la emboscada, lo alcanzó con la mano izquierda,
a la vez que con la derecha tomó la monstruosa hoz, larga, de agudos dientes, y a toda prisa sesgó los genitales de su padre.
Tras haberlos cortado con el acero, los arrojó de la tierra firme en el ponto, en el mar, que era estéril.
¿Lo recordáis? El mar en principio es estéril, no hay animales en él.
Lo arrojó lejos de la tierra firme en el ponto, fuertemente batido por las olas.
Entonces, ese mar estéril, al recibir los genitales las gónadas, el término gónada significa generación, vida, lo estéril recibe lo que reproduce la vida.
Entonces fueron llevados por el mar durante mucho tiempo.
A ambos lados, blanca espuma surgía del inmortal miembro, y en medio de aquella una muchacha se formó.
Afrodita, diosa nacida de la espuma.
Fijaros, de la esterilidad del mar, los genitales del cielo, el carácter reproductivo, creador, caído del cielo, dan lugar a Afrodita.
La diosa del amor.
Es muy recurrente en el pensamiento griego y romano la idea de que solo gracias a Afrodita hay vida,
porque ella infunde el amor en los pechos de los hombres, de los dioses y de los animales para que se reproduzcan.
Así la Afrodita es la fertilidad, no solamente es el erotismo, sino la posibilidad de hablar de naturaleza viva, ¿no?
Precioso.
Y ahora llega la segunda gran generación de dioses.
La noche engendró a Tánato, la muerte.
También parió a Hypnos, el sueño.
Por cierto, Hypnos, un dios romano muy adorado en la península ibérica.
Después, la tenebrosa muerte, sin acostarse con nadie, estéril.
Parió al miedo, Phobos.
Y al doloroso lamento, Deimos.
A las Moiras, vengadoras despiadadas que a los mortales les otorgan el nacer, el bien y el mal.
También parió la funesta noche a Némesis, la venganza.
Azote para los hombres y al engaño, al afecto, a la funesta vejez y engendró a la violenta discordia.
Es muy extraño esto del afecto.
Fijaros, entre todos los males que se atribuyen a la noche, surge el afecto, la amistad.
Para los griegos, esta especie de apego, que no es exactamente el amor, puede ser causante de enormes desgracias.
Es una especie de dependencia, de amor no muy adecuado.
Por su parte, la odiosa discordia dio a luz a la penosa fatiga, al olvido, al hambre, a los dolores que hacen llorar,
a las batallas, a las luchas, a los asesinatos, a las masacres de hombres, a las riñas, falsedades, discursos, ambigüedades,
a la mala ley, a la obfuscación, a los amigos íntimos y al perjudio.
Muy interesante. Vamos a ver algunas cosas aquí.
Recordaros que son todos dioses, ¿no?
Metafóricamente, Esíodo está intentando explicar la introducción en el mundo de todas estas cosas
y cada una de estas ideas, de cada uno de estos conceptos o acontecimientos, para los griegos representaban un dios inmortal.
Pero fijaros, aparecen los asesinatos, las masacres, las riñas, las falsedades, los discursos, que a veces se engañan,
pero sobre todo las ambigüedades.
Esta idea de que el discurso ambiguo, intencionadamente ambiguo, que intenta engañar, será analizada por nuestros científicos modernos.
Lo que la ciencia moderna querrá evitar, mediante el desarrollo de un lenguaje preciso y unívoco,
será precisamente uno de los males señalados por Esíodo que nacieron en el origen del mundo.
La ambigüedad. Muy curioso, ¿no?
Como una especie de monstruo originario.
La mala ley, ¿no?
Las leyes incorrectas.
Veremos cómo también esta ley, que hemos visto en el Código de Hammurabi, será aplicada a la naturaleza.
La mala interpretación de la naturaleza.
Pero es muy interesante esta idea de los amigos íntimos.
Para los griegos, la filia, la amistad, era uno de los más grandes valores éticos de la sociedad.
Ellos consideraban que su tejido social precisamente estaba sustentado en la existencia de esta relación, para ellos pura, entre los amigos.
La filia.
Sin embargo, hay una degradación de la filia que es la de los amigos íntimos.
Esa gente que distinguimos de otra y a la que hacemos favores especiales.
Para los griegos arcaicos y también para los griegos clásicos, el poder político solo se puede sostener cuando todos los ciudadanos son iguales
y se mantiene entre ellos la misma amistad, el mismo tipo.
Cuando hay amigos íntimos empieza la corrupción, la degradación.
Y por eso, los amigos íntimos están entre la ofuscación y el perjurio enisiodo.
Precioso y muy actual.
Y sigue nuestro poeta.
Rea, sometida por cronos, engendró gloriosos hijos.
Una nueva generación de dioses.
Los hijos del tiempo, fijaros.
Son ya un tipo de dioses diferentes.
No son los primigenios, los originarios.
A ellos los devoraba el gran cronos.
El tiempo se comía a sus hijos.
A nosotros nos come el tiempo, nos devora.
Tramando esto para que ninguno de los nobles descendientes de Urano
obtuviera la dignidad real entre los inmortales.
Pues Porgea y el estrellado Urano se habían enterado de que tenía como destino morir a manos de su hijo.
Por eso devoraba a sus hijos.
Y Rea sufría terriblemente.
El tiempo tenía miedo de morir a manos de sus hijos.
Os acabo de decir que los hijos del tiempo serán esta generación de dioses, pero también nosotros.
El tiempo tiene miedo de ser vencido por los inmortales y los mortales.
¿Cuáles son las consecuencias del tiempo?
La muerte, la degradación, la vejez, lo hemos visto.
Así que el tiempo tiene miedo de que los hombres con su mente puedan vencerle.
Como hemos visto en clases anteriores y lo veremos en detalle,
uno de los principales ideales de la modernidad será la posibilidad de detener los estragos del tiempo.
La ciencia será esa herramienta del hombre que consiga vencer a Cronos.
Pero cuando iba a dar a luz a Zeus, padre de los dioses y de los hombres,
suplicó a sus padres que le ayudaran en su plan.
Ellos mucho escucharon y se dejaron convencer por su hija
y la enviaron a Creta cuando iba a dar a luz al último de sus hijos, al gran Zeus.
A este lo recogió la monstruosa tierra para alimentarlo y educarlo
y envolviendo en pañales una gran piedra se la puso en sus manos a Cronos,
rey de los primeros dioses.
En vez del bebé le puso una piedra envuelta en pañales.
La tierra engañó al tiempo.
Aquel entonces, cogiéndola con sus manos, la puso en su vientre, desdichado,
y no se dio cuenta en su mente de que detrás,
en lugar de una piedra, quedaba su invencible e imperturbable hijo,
que pronto, sometiéndolo con la violencia de sus manos,
lo iba a despojar de sus atributos e iba a gobernar entre los inmortales.
Zeus consigue no morir a manos del tiempo y es el primer gran dios inmortal.
La idea de la modernidad será poder transformar al ser humano en un nuevo Zeus,
en un nuevo Prometeo, capaz de alcanzar esta inmortalidad deseada desde la antigua Grecia.
Bien, pero a pesar de la belleza de los textos que acabamos de leer,
estamos todavía en el ámbito de la mitología.
¿Por qué fueron tan importantes los griegos en la historia de la ciencia?
La novedad introducida por los griegos fue la filosofía
y, en concreto, la filosofía de la naturaleza.
El desarrollo de una nueva forma de pensar completamente ajena
a cualquier otro modo de pensamiento o religión que hubiera existido antes.
La principal novedad introducida por los griegos fue el hecho
de que su estructura política no tenía nada que ver con los antiguos reinos e imperios.
Por ejemplo, en Mesopotamia y en Egipto, la política y la religión formaban una unidad.
Era absolutamente imposible separarla una de la otra.
Lo sabéis bien, el faraón, el gobernante político de Egipto, era también un dios.
Sin embargo, la forma en la que se organizaron políticamente los griegos distaba mucho de ello.
Es decir, ellos separaron política y religión,
lo que abrió un ámbito de libertad en el cual los nuevos pensadores pudieron,
de alguna forma, criticar la tradición mitológica y religiosa.
Por otro lado, la estructura política completamente distinta en pequeñas polis y estados,
que en algunos casos dieron lugar a sistemas democráticos,
como es el caso de Atenas, que todos conocéis,
hacía que, de alguna forma, los pensadores griegos
no fueran sacerdotes o escribas o funcionarios al servicio del gran rey Dios,
sino personas completamente independientes, ajenas, librepensadores, comerciantes,
como fueron los primeros filósofos,
que pudieron, de alguna forma, plantear sus ideas desde un punto de vista completamente libre
y en debate con su tradición.
Uno de los rasgos fundamentales del pensamiento filosófico griego fue la crítica.
Es decir, el hecho de que los griegos no solamente asimilaron pasivamente
un conocimiento revelado por los dioses,
sino que lo tomaron y lo estudiaron, lo analizaron.
Cada nuevo individuo empezó a proponer su propia visión de la naturaleza
desde un punto de vista crítico y analítico.
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