Te traigo una lista de los errores que nos convierten en pésimos conversadores y por lo tanto, en malos comunicadores. Si no los eliminas vas a hacer que los encuentros y reuniones sean desagradables y poco productivos. 📕 La Gran Guía del lenguaje no verbal 👉 https://amzn.to/3fyxF2e
Hoy te traigo una lista de los errores que nos convierten en pésimos conversadores y,
por lo tanto, en malos comunicadores. Si no los eliminas, vas a hacer que los encuentros
y reuniones sean desagradables y poco productivos.
Saber conversar es sinónimo de inteligencia y sabiduría. Y no creas que es solo hablar,
no. La conversación es un arte y se puede cultivar. Además, podemos hablar de casi
cualquier tema sin perder ni una pizca de elegancia. No tiene nada que ver con la riqueza
ni la clase social, sino con este arte de relacionarte con los demás.
Y hoy empezamos por los básicos, los esenciales. ¿Tienes papel y lápiz? Empezamos. Vamos
a ver lo que no debes hacer. Mostrar impaciencia, que tienes prisa, que estás nervioso o estresado.
Esto se ve en tu mirada, en la posición del cuerpo, en tus gestos. La otra persona percibe
falta de interés. Y este es el primer error en la persuasión.
Gritar. ¡Ay, no grites, por favor, no grites! Porque resulta muy desagradable para tus interlocutores,
pero también para otras personas que están en el restaurante, en la calle, en el avión
o en el autobús. Además, un tono muy elevado resulta muy agresivo, genera alarma y sensación
de amenaza. Ser vulgar con el lenguaje, utilizar palabras
groseras, soeces, malsonantes, tacos, insultos, aunque sean de broma. Hay personas que creen
que hablar así las hace más poderosas o incluso se creen graciosas. Pero bueno, como
decía mi madre, Dios los cría y ellos se juntan. Es decir, este tipo de lenguaje solo
es aceptado por personas que se expresan igual, pero es aborrecido por los demás.
Lo que pasa es que hay personas educadas y no se quejan. Huye de la verborrea. Hablar,
hablar, hablar, hacer monólogos, quedarte con tu tema, acaparar la conversación, hablar
solo de lo que te interesa a ti y no darte cuenta de que los demás ya han desconectado
y solo están de cuerpo presente. Contestar solo con monosílabos. Los monosílabos matan
la conversación. Hola, ¿qué tal? ¿Cómo estás? ¿Qué tal tu viaje? Bien.
Esto da por acabado el diálogo y más si lo pronuncias de una manera seca y tajante.
Además del monosílabo, por ejemplo, bien, o sí, o no, tienes que seguir la conversación
y darle pie a la persona a que siga hablando y podáis entrar en este diálogo.
Dejar frases inacabadas. ¿Te has fijado que hay personas que nunca acaban las frases o
las acaban con alguna expresión indefinida? Pues fuimos a cenar al restaurante y tal,
y nos encontramos a Mariano y a Laura, y que si esto, que si lo otro, y luego estuvimos
hablando que si no sé qué, no sé cuántos... Pero a ver, ¿qué te ha contado esta persona?
Guerra a las moletillas. Está claro que son muy pesadas, o sea, son muy pesadas, hay que
evitar las moletillas, o sea, las palabras que se repiten sin sentido porque acaban machacándote
el cerebro, o sea, que ponen nervioso a cualquiera. Molesto, ¿verdad?
Otro hábito de repetición es utilizar interrogativos al final de la frase. Eso es
catastrófico, delata la necesidad que tú tienes de confirmar lo que dices. Por ejemplo,
¿es que este ayuntamiento debería destinar más recursos a la educación? No, porque yo entiendo
que es lo más importante para nuestro futuro, ¿no? O también, ¿verdad? O ¿eh? Interrumpir
es muy pero que muy feo, porque estás demostrando impaciencia, y lo peor de lo peor es acabar la
frase del otro. Es como ponerte en un plano superior y creer que puedes adivinar el pensamiento de la
persona que tienes delante y la tienes que ayudar a hablar. ¿No te parece arrogante? Controla tu cara,
tus expresiones faciales, porque el otro te está viendo. Si pones ojos de, otra vez, qué pesado,
o de desconfianza, o simplemente de desinterés, el otro lo va a notar. Un pecado grave es no mirar
a los ojos. Por ejemplo, fijarte en algún detalle del pelo, o de los labios, o peor todavía del
escote, o mirar alrededor, ver la gente pasar, o mirar tu celular. No hables con la boca cerrada,
hay que articular correctamente para que se te entienda, de manera que tu voz salga brillante.
Pero ya que hablamos de bocas, hablemos también de bocas abiertas. ¿Sabes lo desagradable que es
ver a alguien que habla con la boca llena mientras se está masticando? Cierra la boca, por favor,
cuando estás comiendo. Hasta aquí hemos hablado de aspectos quizás muy formales de la comunicación,
pero veamos ahora aspectos sobre los temas. Quédate un poquito más para ver cinco puntos
importantes. ¿No serás un conversador agradable? Sí. Primero, eres negativo y pesimista en todo,
te quejas constantemente, no aportas soluciones ni motivos para el optimismo. Segundo,
criticas a personas ausentes, disfrutas con el chismorreo, difundes rumores y condenas
acciones de otras personas sin saber nada de su situación y de sus motivos. Tercero,
tratas temas que molestan a los presentes, les atacas o los dejas en ridículo, te ríes de lo
que dicen o no valoras sus puntos de vista. Cuarto, te alteras al tratar temas polémicos
y conviertes la charla en un enfrentamiento. No aportas paz y serenidad, sino tensión y conflicto.
Y quinto, quieres imponer tu opinión. Una conversación no sirve para demostrar que
tienes razón, es un intercambio en el que todos podemos reflexionar, aprender, aportar.
Conversar es un acto de cultura elevada y es un placer. No todo el mundo tiene la capacidad
para disfrutar de este manjar ni de ofrecerlo a los demás, pero se puede aprender. Y al hacerlo,
mejoramos enormemente como seres civilizados. Como siempre, te recomiendo mis cursos que
puedes encontrar en la descripción y también mis libros para mejorar tus habilidades de
comunicación. Por cierto, te recomiendo este vídeo para no quedarte sin palabras,
de qué hablar cuando no sabemos de qué hablar. Y para mejorar tu voz y tu dicción,
mira mi vídeo cómo usar la voz para influir y persuadir.
Más información www.alimmenta.com