Garbanzos cremosos

COCINA CON CARIÑO
135 seguidores
5 Visualizaciones de video·26 oct 2025
Hoy preparamos unos garbanzos cremosos, un plato lleno de sabor y textura que combina la suavidad de las legumbres con una salsa rica y aromática. Perfectos para disfrutar en cualquier época del año, estos garbanzos son una forma deliciosa y saludable de comer de cuchara, con todo el gusto de la cocina tradicional.
Música
1 cancion
Fwends
Reed Mathis
Fwends
En lunes y estamos en Santo Espíritu, vamos con nuestra receta que metido ya en octubre,
más de mediados de octubre, vamos a hacer un puchero, pero un puchero suavecito, un puchero ligero.
Yo lo llamaría algo así como garbanzos cremosos, ¿vale? Puede ser, garbanzos cremosos, sí,
porque el guiso va a ser fundamentalmente, el puchero va a ser fundamentalmente de garbanzos,
no va a tener otra cosa, pero con una salsa trabadita o con un caldo trabadito que lo
conseguiremos con las diversas cosas que ven por ahí. Tengo garbanzos que han estado en remojo,
hay muchos, ustedes ven que hay muchos garbanzos, es que somos muchos para comer. Ustedes pongan,
calculen unos 80 gramos por persona, más o menos, porque luego el resto de la receta es más o menos.
Garbanzos en remojo desde la noche anterior. Si los pueden poner con agua caliente, ya saben
que al garbanzo le encanta el agua caliente. Si los ponen con agua caliente, estarán más tiernos
con nosotros. Y luego unas verduras para sustanciar el caldo. ¿Recuerdan aquella sopa que hicimos de
Santa Clara? Aquella sopa simple y sencilla. Pues un poco este plato está inspirado en ella,
porque recuerdan aquella sopa que está en el canal, se hacía con tomates y cebollas cocidos
y luego triturados. Pues el caldo de nuestro guiso va a llevar tomates, cebollas y como el otro día
mi madre me dio una avanzadilla de pimientos, los primeros que secó, que son estos que eran un poco
más pequeñitos, pues le pondremos también unos pimientos secos del corral. Esto para sustanciar
el caldo y para aromatizar el caldo vamos a poner laurel, pimentón, cúrcuma, comino, ajo, que lo
tostaremos o freiremos. Y luego nos hará falta una grasa, que siempre es necesaria en todos los
platos, una grasa que va a ser un aceite de oliva pero puesto en crudo al final del guiso. Bien,
tengo aquí mi olla de pereruela, aquí con el agua ya hirviendo, que a los garbanzos hay que respetarle
sus justos y los garbanzos quieren el agua caliente y los vamos a poner aquí en el agua
caliente. No vuelco esto así de pronto porque los echaré fuera. Cuando tenga unos poquitos menos
enseguida ha perdido el hervor el agua con los garbanzos, que como ya las noches son un poco
más fresquitas, pues están fresquitos. Pues digo que estamos a mediados del... bien, he calculado bien
el agua para que salgan caldosos pero tampoco en una sopa. Si tienen poca agua caliente,
han echado poca agua caliente, siempre guárdense de tener un cacharro con agua hirviendo al lado
y siempre agua caliente le podremos añadir. No le añadan nunca agua fría porque se asustan
y les dura el susto hasta que no los tengamos que comer y al final comemos balines. Siempre
agua caliente. Han visto que no le he puesto sal. La sal la pondremos al final. En este tipo de guisos
la sal se puede añadir al final porque lo que realmente está sustancioso es el caldo.
Bien, pues el plato es tan sencillo como añadir los tomates que están lavados, por supuesto. Cuatro
tomates. Si ustedes ponen menos garbanzos, pues dos y si ponen menos aún, pues uno, un tomate.
Las cebollas recuerden, les he dejado una sin pelar para decírselo como lo hago y para pelarlas
de tal forma que no se nos deshagan dentro del guiso y poder recuperarlas enteras. Yo le meto
la punta del cuchillo así hasta que encuentro la parte, digamos, blanca y le voy quitando sin
romper el tallo y sin romper el culo. Aunque en algunos sitios suena feo esa palabra. La base
o las raíces. Le cortamos un poquito por los pelillos de las raíces, por la tierra que puedan
llevar y aquí tenemos la cebolla lista para cocerse. Y los pimientos igual. La última vez
que pasé por mi casa, pues mi madre estos pequeñitos no los quiso colgar. Los dejó por
ahí encima una mesa porque le parecían muy pequeños y me dice, si te los quieres llevar,
llévatelos. Yo yo lo aprovecho todo y me los traje y aquí están para adentro. Todo esto,
todo esto lo trituraré junto con las especias que tengo ahí y el pan tostado y se lo añadiremos
al final. Vamos, esto es de una complicación tal que espero que hayan tomado nota y no se
les olvide. Son los guisos de siempre de nuestras casas que la verdad que es una lástima que se
pierdan por otra serie de cosas que yo no soy de juzgar lo que es mejor y lo que es peor. Pero
no lo sé yo. Si todas esas cosas que han sustituido o está sustituyendo nuestra cocina
tradicional son mejor que nuestra cocina tradicional. Unos garbanzos con unos tomates,
una cebolla y unos pimientos que luego a lo mejor acudimos a otras tradiciones y otras
culturas orientales. Si empezamos a traer productos del oriente y los revestimos de
mucha salubridad que la tendrán. Pero es que lo nuestro es que lo nuestro no tiene categoría,
como dicen aquí en Valencia, categoría. Bien, pues digamos que nuestro nuestra cazuela está lista
para que esté cociendo durante un par de horas. Siempre pueden hacer estos garbanzos en la olla
rápida que en 40 minutos, según como sea la olla, si es de las modernas o de las antiguas,
que en 40 minutos o 15 minutos en las nuevas están arreglados. Aquí tardarán unas dos horas. Bueno,
como tengo tiempo me pondré a hacer cualquier otra cosa por ahí. Además tengo que hacer algún
acompañamiento para este plato y pasamos la mañana. Eso sí, con intimidad. Lo de la intimidad
es que entre otras cosas hervirá antes y pierde al perder menos calor, pues la cocción se adelantará.
Volvemos cuando estén cocidos para hacer nuestro majado junto con el machacado de las verduras y la
resolución de nuestro plato. Mientras hacemos el majado les contaré que esta semana tenemos
dos santos españoles que son dos columnas. Y digo bien dos columnas. Cuando entras al Vaticano
los primeros que están allí soportando el asunto, ¿saben quién son? Nada más entrar al Vaticano,
San Pedro de Alcántara y Santa Teresa de Jesús. Creo que lo he dicho al revés. Santa Teresa de
Jesús y San Pedro de Alcántara. Ahí están nuestros dos santos españoles que soportan
el edificio de la iglesia. Bueno, pues hemos echado la mañana esperando a que ablanden.
Mira que les he cantado y todo. Les he cantado hasta nanas. Les ha costado ablandarse pero
se ablandaron. Ahí los tienen, los garbanzos, cociendo con los tomates, los pimientos, las
cebollas. Le puse que no se le había puesto el laurel. Dejé ahí una hojita de muestra. Le puse
el laurel que se me había olvidado. Les recuerdo que aquí no hay nada de sal. Entonces lo que voy
a hacer ahora es... Hoy sí voy a utilizar una maquineta, que dicen aquí los valencianos.
Hoy voy a utilizar una máquina. Voy a poner aquí el pan que lo he tostado. Lo podía haber frito pero
ya que nos va a salir un guiso muy light, muy equilibrado, por no añadir más grasas,
lo he tostado en vez de freírlo. Está tostado el pan. Aquí voy a seguir sacando pues todos estos
elementos que tenemos aquí. Los tomates están bien cocidos. Si caen garbanzos no pasa nada,
que nos ayudarán. Aquí hay una hojita de laurel que la quitaremos. Siempre dicen que es de mal
gusto dejar el laurel dentro del guiso. El pimiento, otro tomate, otro tomate. Como se
van a triturar no hace falta... Las pieles no se van a notar. Menudo gazpacho vamos a hacer aquí.
Una cebolla, otra cebolla y otra cebolla. Aquí quedan todavía unas hojitas de laurel y aquí
sólo los garbanzos. Voy a añadir aquí ahora las diversas especias. El pimentón, la cúrcuma,
el comino molido. Siempre que utilicemos legumbres, si ustedes tienen problemas con las fatulencias o
con los gases, todos estos anisados, todos estos de la familia del anís, el comino, el hinojo,
todas estas hierbas, el anís, quitan esa capacidad de producir gases de las legumbres. Así que para
dentro. Y los ajos que los ponemos en crudo. Ahí van todos los elementos de nuestro majado. Y aquí
nos falta que poner pues un poco de líquido con algunos garbanzos que vayan ahí de el agua de
cocer de los garbanzos. Aquí tengo agua caliente que se me ha quedado esto escaso. Ven, siempre
cuando utilizamos los garbanzos, aquí cantando, aquí hasta las cazuelas cantan. Me está dando el
tono. Echamos agua caliente porque se nos ha quedado un poco escaso de caldo y ahí sigue el
agua caliente por si nos hace falta más. Les cuento una historia de San Pedro de Alcántara porque me
viene al caso. San Pedro de Alcántara lo celebramos el domingo el domingo próximo, es el día 19.
Nosotros tenemos un convento en el que yo tuve el gozo de poder vivir un año, mi año de enodiciado,
que es el convento del Palancar. San Pedro de Alcántara, que es un fraile del siglo 15, al
final del 1490 y tantos creo que nació, vivió en el siglo 15-16. Fundó una reforma o hizo una
reforma de la orden franciscana, la reforma que luego se conoció con su nombre, la Reforma
Alcantarina, porque él era Pedro de Alcántara. Alcántara se traduce como puente, pero es el
nombre de una localidad que hay al lado de un famosísimo puente. Dicen que de los pocos puentes
que se pueden decir que son completamente romanos y que está en pie aún y que aún sigue pasando la
circulación por él, Alcántara, junto al río Tajo. Pues San Pedro de Alcántara fundó un convento,
el del Palancar. Está en un lugar inhóspito, ahora no tanto, pero en aquella época sí era un lugar
inhóspito. Y cuentan que en pleno invierno estaba todo nevado. Ellos, los frailes, aislados en su
conventito, en el Palancar, y no tenían nada para comer. Y San Pedro les dice a los frailecillos,
no le da de comer a los pájaros que ni siembran ni tienen graneros y tienen su comida. ¿Cómo no nos
va a dar de comer a nosotros? Y sonó la campana de la puerta. Y fueron a la puerta, fue el portero a
la puerta y se encontró un cesto con unas pocas deviandas, algún pan y un poco de comida. Algo
que podría ser normal, pero no lo era tanto, puesto que en la nieve no había ni una sola
huella en el suelo. Y le dijo, Pedro, estaba esta cesta en la puerta, pero lo curioso es
que no hay huellas en la nieve. Y San Pedro dice, habrán sido los ángeles. Pues hoy sonó la puerta
también aquí. Y apareció un señor con unas acelgas que había recogido de las veredas. Y dice,
padre, ¿quieres unas acelgas? Digo, hombre, pues claro. Aquí están las acelgas. Qué buena es la
providencia. Pues para adentro, las acelgas que nos van a dar un toque un poco más gracioso al
plato, que iba a quedar muy triste solamente con los garbanzos. Pues déjeme un momentito que yo
voy a triturar esto y a esperar que esto comience su hervor. Cuando esto comience su hervor,
añadiré el majado a la olla y la comida de hoy está preparada, adornada por la providencia.
¿Han visto cómo la providencia ha coloreado nuestro plato? Pues sí, les decía que San Pedro
de Alcántara, él entró en una reforma de la orden. Él entró en una reforma que había hecho
Fray Juan de la Puebla, en Belalcázar, un pueblo de Córdoba. Y reforma a la reforma. O sea,
él buscaba aún más, aún más cerca de lo que San Francisco vivió. Y construyó un convento que,
si alguna vez ustedes van entre Cáceres y Plasencia, Cáceres-Salamanca, en esa ruta,
en lo que llaman la Ruta de la Plata, a unos 30 o 40 kilómetros de Cáceres y otros tantos
de Plasencia, ahí en mitad está el convento del Palancar. Yo creo que está catalogado como el
convento más pequeñito del mundo. San Pedro era así de terco, como los aragoneses y como los
extremeños. Si hay que demostrar que vivimos con lo mínimo, lo mínimo. Hizo un convento con lo
mínimo. En 72 metros cuadrados, es decir, como media cocina de estas, un poco menos de media
cocina, está todo el convento. Claustro, ocho habitaciones, iglesia, cocina, comedor, despensa,
hasta un aljibe. En 72 metros, sí. Es como una casita de muñecas. Es impresionante. Desde luego,
no es una cosa esplendorosa como una gran catedral, pero sí que merece verse. Y, además,
está conforme a la realidad porque Santa Teresa, a la que celebramos también esta semana,
estuvo allí y nos hace una definición del lugar. Y tal como decía Santa Teresa, ella decía,
si te pones en el claustro con los brazos abiertos, llegas de una pared a la de enfrente.
Y el hueco de luz del claustro son tres tejas por tres tejas. Y la habitación de San Pedro
Alcántara, debajo de las escaleras, un huequecito donde no se podía poner de pie porque dormía
dormido. Dormía sentado. La iglesita que dice que cabían los ocho frailes de pie. Justamente,
no caben más. Es un lugar excepcional. Si alguna vez pasan por allí. Nuestro majado.
Nuestro guiso de garbanzos. Aquí puse la sal para que se mezclara bien. Ahora lo probaré el
resultado final. Se nos llena la olla, entre unas cosas y otras. Agua caliente. Que pegamos
un enjuague a esto. Y aquí queda nuestro guiso de garbanzos cremosos. Bueno, vamos a esperar a
que empiece a hervir. No para que se cocinen los diversos elementos que hay ahí, que ya están
cocinados, sino para que se entremezclen y se junten los sabores y las texturas. Pues sí,
esta semana celebramos Santa Teresa el día 15 y San Pedro de Alcántara el día 19. Las dos
columnas a la puerta del Vaticano que sostienen la nave de la iglesia. Casiná. Volvemos en un momento.
Pues tenemos nuestra cazuela. La voy a apagar ya a pleno rendimiento para sacar nuestros
garbanzos. Nos falta que añadir. Aquí no hay nada de grasa. Los probé de sal,
aún le faltaba un poquito y le añadí. Digo que no tiene nada de grasa porque dije que le íbamos
a poner el aceite en crudo. Voy a poner un poquito aquí y luego le pondremos aceite en el servicio
del plato. O que cada uno pueda poner un poquito de aceite crudo por encima. Ya han visto que es
un plato bastante ligero, con garbanzos, con una legumbre, que siempre es un super alimento
para nosotros. Con las diversas verduras que tiene nos faltarían un añadido de proteínas. Así que
vamos a ponerle un huevo cocido, que además de adornarnos el plato, pues le dará, pues eso,
ese toque de alimento total y completo. Vamos con nuestro plato de garbanzos cremosos. Un plato
bien servido. Y vamos a cortar el huevo, el huevo de calimero. ¿Recuerdan ustedes a calimero? A mí
me hizo gracia una vez, porque una de las veces que fui a tierra santa, cuando veía cruzarse a los
popes, a los sacerdotes de la iglesia oriental y ortodoxa, así todos solemnes ellos que iban,
y cuando se cruzaban decían, calimero, calimero, que debe ser el saludo que ellos se hacen. Pero a mí
me recordaba al pollito aquel, al pollito feo ese, de calimero, que recuerdan que salía de un cascarón
así. Ponemos las dos mitades. A lo mejor con una hubiera estado bien. Y nuestro chorrito de aceite
de oliva por encima, con ese sabor a aceite virgen extra, un sabor intenso. Y aquí tenemos nuestro
plato de garbanzos cremosos adornados por la providencia. Pues sí, San Pedro de Alcántara y
Santa Teresa se conocieron. Santa Teresa habla siempre de San Pedro como aquel que le dio la
clave para su vida, porque andaba ella bastante confundida, sobre todo con la fundación del
primer convento de San José allí en Ávila. Ella quería que las monjas estuviesen sin rentas, cosa
que no aceptaban los demás. Él pedía consejo a los letrados de allí de Ávila, que decían que no
podía ser. Y entonces apareció San Pedro de Alcántara, y San Pedro de Alcántara luego le escribe una
carta que le dice a Santa Teresa, para las cosas del espíritu no está bien pedir consejos a letrados,
sino a hombres de espíritu. Y el consejo que le dio es que tiraba para adelante con su fundación
de San José y con su obra de reforma de la orden de los carmelitas. Y ahí la tenemos, los carmelitas
descalzos, tanto hombres como mujeres. Paz y bien. Que Dios les bendiga y que estas recetas adornen su
mesa y sobre todo reúnan en torno a la cazuela a los que se quieren, para que juntos sigan
queriéndose. Nos vemos el lunes próximo.
