#forsleep#yolandacalvo En esta Visualización y Meditación para Dormir encontrarás una gran cabaña en la Naturaleza, donde un Guía o Ángel se te acercará y te dará un Masaje de energía Sanadora. Así mientras duermes, sanas, rejuveneces tu cuerpo y restauras tu energía, con la ayuda especial de este guía.
Descargo de responsabilidad: Toda la información en este canal tiene fines educativos y no pretende ser un consejo psicológico o clínico personal. Ver los videos o obtener respuestas a preguntas o comentarios no establece una relación psicóloga-paciente y no sustituye una terapia. Si necesitas terapia no dudes en buscarla en tu zona.
Tu cuerpo es un templo sagrado, merecedor de amor, cuidado y respeto, en el que tu cerebro
orquesta todo con la sabiduría de millones de años.
De noche, mientras tú duermes, tu cerebro trabaja para limpiar, recuperar, sanar y restaurar,
a nivel físico, emocional y mental.
Esta meditación te ayudará a conciliar el sueño en un estado de conciencia sanador,
recordando que dentro de ti hay un poder extraordinario.
Permite que tu mente y tu corazón se unan en el encuentro de paz y sanación, para que
puedas liberarte de todo aquello que te causa dolor, sea a nivel físico o emocional.
Buenas noches, soy Yolanda Calvo, soy Psicóloga, y te voy a guiar en esta meditación para
dormir y sanar.
Este vídeo será más eficaz si utilizas también la versión para el día, así, cuando
utilices esta meditación para dormir, tu mente seguirá asimilando este aprendizaje
de sanación incluso mientras duermes.
Te dejo el enlace en la Descripción del Vídeo.
Túmbate boca arriba, con espalda, cuello y cabeza alineados, sin torcer tu cuerpo.
Separa un poco las piernas entre sí y los brazos del cuerpo.
Permite que tu cabeza descanse relajadamente sobre la almohada, y nota cómo tu espalda
se hunde agradablemente en el colchón.
Si no puedes adoptar esta posición, ponte de lado, procurando que tus piernas tengan
la misma posición, y evitando torcer ninguna parte de tu cuerpo.
En cuanto notes que te estás durmiendo puedes cambiar a tu postura preferida para dormir.
Antes de comenzar este viaje de sanación, todavía con tus ojos abiertos, nota cómo
tu cuerpo se va relajando y tus párpados se van haciendo más y más pesados.
Los pestañeos cada vez más lentos, y en un momento tus párpados ya no se abren más.
Ahora realizas unas respiraciones lentas, soltando el aire muy despacio.
Inhala y exhala por la nariz.
Inhalas paz, calma, serenidad, haces una pequeña pausa, soltando el aire en un suave suspiro.
Retienes un poco.
Y cuando lo necesites vuelves a inhalar paz y calma.
Exhalando despacio toda tensión, todo malestar, toda sombra, toda duda.
Y tras una pequeña pausa, otra respiración como esa.
Nota cómo tus músculos pesan, entregándose a la fuerza de gravedad, hundiéndose y fundiéndose
con la superficie que sostiene tu cuerpo..
Imagina tu conciencia como un claro cielo estrellado, y los pensamientos que vienen
como pequeñas nubes de verano, que pasan y se disuelven rápidamente, desapareciendo
y disolviéndose en la cálida brisa.
Mira esas estrellas, esa quietud, esa belleza.
Eso eres tú.
Belleza, Serenidad, Amor.
Ésa es tu auténtica naturaleza.
Céntrate ahora en la parte alta, en la cúspide de tu cabeza, invita y recibe luz radiante
sanadora a través de esta zona de tu cuerpo, percibe cómo vibra, y nota cómo se abre
energéticamente hacia el cosmos.
Si no lo puedes sentir, no te preocupes, solo imagina.
Puedes apoyarlo visualizando luz blanca, dorada, azul, verde, malva, o del color que para ti
ahora represente sanación, calma y serenidad.
Deja que esta luz bañe tu cerebro y tu cuerpo, dejando que toda tensión, preocupación,
juicios y dudas se disuelvan.
Y con el apoyo de esta luz se relaja tu frente, tus párpados y tus ojos.
Tu mandíbula y tu boca.
Tu cuello y tus hombros, que se relajan y descansan, soltando todo peso que hayan estado
llevando.
Y esta luz desciende por tus brazos relajando hasta la punta de tus dedos.
Llena y calma tu pecho, tu corazón, tus pulmones.
Tu abdomen, y todos los órganos que alberga en su interior.
Todas tus células bañadas por esta amorosa luz de sanación.
Desciende por tu columna hasta tu coxis, y relaja todos los músculos de tu espalda,
que descansan, se ablandan, se aflojan soltando todo nudo o tensión que puedan haber guardado.
Y ahora por tus caderas, tus piernas, hasta la punta de los dedos de tus pies.
Bañando todos los músculos, nervios y células de tu cuerpo.
Relajando, calmando, suavizando, con amor, serenidad y dicha.
Esta energía te sostiene.
Te apoya.
La Tierra te sostiene.
Te apoya.
El Universo te sostiene.
Te apoya.
Inhala paz, serenidad, calma, amor.
Exhala toda ancla o sombra que pueda quedar aún bloqueando esta preciosa energía.
Imagina que estás en un precioso bosque de árboles grandes y altos, a través de los
cuales se filtra la luz dorada y anaranjada del sol de la tarde.
Respiras el olor de estos árboles, tocas sus troncos sintiendo en tus manos su corteza,
y miras hacia arriba las ramas que se recortan contra el cielo todavía azul, escuchando
el canto de la brisa en sus hojas.
Los pájaros cantan y te miran con curiosidad acercándose a ti.
Una ardilla deja caer una piña a tus pies, y baja a recogerla, parándose un momento
para mirarte.
Aquí no existe el peligro ni el miedo, este es un espacio sagrado.
Todo ser que aquí habita, tú también, está a salvo y seguro.
Ves que el camino se abre hacia un espacio más abierto e iluminado y te diriges hacia
allí.
Sientes tus pies al caminar sobre el sendero, y puedes escuchar en tu mente el sonido de
tus pasos.
Permite que las sensaciones de estas imágenes llenen tu conciencia mientras dejas que las
de tu cuerpo físico se vayan alejando y apagando.
El camino termina en un ancho y fuerte puente delante de ti.
Parece muy antiguo, aunque está tan bien conservado, que te resultaría imposible determinar
cuánto tiempo lleva ahí.
Puede ser un puente de arco, o un puente plano, puede ser de madera o de piedra.
Acepta cómo venga a tu mente, o créalo como tú prefieras.
Caminas sobre el puente y ves que pasa sobre un río cuyas aguas fluyen mansas y transparentes.
Toca este puente, percibe el tacto de su madera, o su piedra.
Asómate al río.
Mira cómo el agua fluye, tranquila y limpia.
En una poza entre las piedras puedes ver unos peces nadando despacio con su danza suave.
Se mueven con gracia y se deslizan sin esfuerzo, reflejando en sus escamas la luz del sol.
La hoja de un árbol desciende por las aguas del río, atravesando la poza de parte a parte,
y descendiendo luego entre las piedras, y pequeños saltos de agua.
Dejas que cualquier pensamiento ajeno a este espacio de magia se aleje como esa hoja, sin
esfuerzo, sin luchas.
Cruzas el puente y ves que se dirige a un pequeño jardín lleno de flores y plantas
cuidadosamente dispuestas en diferentes parterres repartidos con elegancia y creatividad.
El camino se dirige entre las plantas hacia un edificio de una sola planta construido
en madera con grandes y altos ventanales que reflejan la luz del sol.
Al fondo, a unos 500 metros, puedes ver una zona de aguas termales que se abren en plena
naturaleza.
Este es un espacio de salud.
Miras ahora este jardín lleno de plantas, hierbas y flores diversas.
Cierras los ojos, inhalas el perfume combinado de las flores y plantas, dejas que el placer
de esta sensación llene tu espíritu y calme tu mente.
Incluso el perfume de estas flores de colores vibrantes es sanador.
Este lugar es un espacio de amor, cuidado y sanación.
Una persona está agachada cuidando las plantas y las flores, con cuidado y con mimo selecciona
algunas que coloca en una cesta de mimbre.
Mira si es hombre o mujer, su edad, su complexión, y sus ropas.
Deja que venga a tu mente, de forma espontánea, sin cambiarlo, el aspecto con el que se presenta.
Levanta su mirada y te ve.
Entonces se yergue y te saluda con una sonrisa.
Tú también le saludas.
Y camináis para encontraros.
Miras sus ojos profundos y serenos, y su sonrisa te llena de paz y serenidad.
Te da la sensación de que está mirando dentro de tu alma, y que tú te asomas a un misterio
muy grande y hermoso.
Sientes seguridad, calma, aceptación.
Entonces te dice «¿Quieres un poco de ayuda?
Creo que tengo algo que podría aliviarte».
Asientes y le das las gracias.
No es necesario que verbalices ni digas nada, pero sí que tengas claro dentro de tu conciencia
las zonas de tu cuerpo o tu mente a las que quieres prestar atención, que quieres equilibrar
y sanar.
Os dirigís juntos hacia el edificio, te abre la puerta y entras en un hermoso y acogedor
espacio que se abre hacia una sala cómoda y agradable, con una chimenea al fondo.
A cada lado se encuentran dos puertas.
Sillones de diferentes formas y tamaños se distribuyen en la sala.
Puede que haya alguien sentado, quizá alguien que tú conoces y que necesita también sanación.
Tu guía te invita a sentarte y lo haces notando cómo tu cuerpo se acomoda en el sofá que
has escogido.
Escuchas el crepitar del fuego, ves las danza de las llamas, y sientes que estás fuera
del tiempo, en un espacio cuyas raíces se funden en los cimientos del cosmos.
Aquí se reúne la sabiduría de innumerables vidas, y una magia y misterio ancestral ya
olvidado, o quizá por descubrir.
Sientes comodidad, seguridad, como si esta atmósfera te abrazara proporcionándote consuelo
y alivio.
Tu guía que se había ausentado un momento regresa contigo y te hace una propuesta.
Te explica que las puertas que ves, se abren a pequeños espacios de sanación, donde puedes
recibir un masaje curativo.
Asientes con tu cabeza y con tus ojos, con un pestañeo lento y pausado.
Os levantáis y dejas que te guíe a una de estas habitaciones.
Entras en un pequeño y agradable espacio, con una ventana que se abre a la puesta del
sol, dispersando su luz naranja sobre árboles y plantas.
A tu derecha un par de cómodos sillones y a tu izquierda una cómoda camilla que te
invita a tumbarte.
Tu guía te dice « Por tu columna descienden todos los nervios que desde tu cerebro inervan
y conectan todas las partes de tu cuerpo.
Empecemos por la espalda».
Te preparas y te tumbas en la camilla que es grande y cómoda.
Tu guía se acerca a ti y comienza con suavidad a masajear tu espalda, tu cabeza, tus brazos,
tus piernas.
Ves sus manos iluminadas de una preciosa y vibrante luz blanca que penetra tu cuerpo.
Sientes en sus manos compasión y amor incondicional, y percibes como acaricia y sana las heridas
del alma, liberando tensiones y disolviendo bloqueos, nudos emocionales y disipando las
cargas que pesan en tu cuerpo y espalda.
Con cada movimiento va trazando un mapa invisible de curación, y sus manos transmiten un poder
de compasión y sabiduría ancestral, que nunca antes habías sentido.
Permites que la energía de sanación penetre profundamente en tu espalda y tu columna,
y a través de ahí, a todo tu cuerpo y tu cerebro.
Una sonrisa surge naturalmente en tu rostro y abres tu corazón a esta sanación profunda
repitiendo mentalmente y dejando que entren en ti estas afirmaciones.
Sano profundamente.
Soy fuerte.
Mi mente es fuerte.
Mi cuerpo es fuerte.
Puedo.
Sano.
Según este masaje penetra en ti y en las zonas de tu cuerpo más necesitadas, sientes
que algo en tu mente se desbloquea.
Reconoces la dificultad que puede haber en este proceso, pero en ti surge una fuerza
y positividad que te permite disolver barreras y condicionamientos.
No importa si cuesta, no importa si lleva tiempo, no importa si duele.
Sé que puedo hacerlo.
Sé que puedo lograrlo.
No dejo que esto me limite ni me afecte.
Incluso cuando me afecta, sé que las sensaciones y las emociones van y vienen, cambian, se
mueven, sean negativas o positivas.
Igual que cambian la luz en el día, o las nubes en el cielo, las emociones y las sensaciones
no son permanentes.
Acepto las emociones.
Acepto la dificultad y el dolor.
Son sensaciones.
Acepto los momentos de descanso y los de desafío.
Mi cuerpo sana.
Mi mente sana.
El dolor físico disminuye.
El dolor emocional disminuye.
No importa que sea un dolor, calor, frío, temblor, o un sonido, como en los acúfenos.
Le dices: No has estado aquí siempre, igual que has
venido, te puedes ir.
Esta sensación disminuye.
Puede llevar tiempo.
Puedo esperar.
Pero disminuye poco a poco, y se va.
Estoy a salvo.
Estoy en seguridad.
Estoy bien y estaré todavía mejor.
Me acepto y acepto mi cuerpo totalmente.
Acepto.
Encuentro serenidad.
Encuentro calma.
Doy las gracias por esta sanación.
Sonrío a esta sanación.
Sonrío ante esta sensación, dolor o molestia.
Sonrío y permito que se vaya.
Me despido de ella.
Sé que puede tardar en hacer las maletas y marcharse.
Espero.
Tengo tiempo.
Sonrío.
Sano.
Curo.
Ahora te pones boca arriba y tu guía masajea tu cabeza, tu rostro, tus brazos, tu abdomen,
tus piernas, o cualquier zona donde sientas dolor, tensión o molestia.
Sus manos guían la energía de tu cuerpo, deshacen los bloqueos, redirigen y desvían
los excesos de energía, calman la tensión tejiendo una armonía de equilibrio y bienestar.
Sientes tu energía fluir de forma equilibrada, libre, sana, limpia, pura.
Ves sus manos casi transparentes brillar y penetrar dentro de cuerpo masajeando tus órganos
internos, limpiando, sanando, equilibrando.
Permite que esas manos de luz, este sagrado regalo penetre en las zonas de tu cuerpo que
más lo puedan necesitar, órganos, células, articulaciones, músculos, cerebro…
allí donde más falta pueda hacer, visitando y atendiendo, no solo los puntos que tú conoces,
sino otros que están necesitando también de esta ayuda.
Eliminan toda sombra, todo bloqueo, todo obstáculo.
Penetran, sacan, eliminan, borran.
Como cuando tú quitas las hojas muertas de una planta que estás cuidando, igual estas
manos llenas de amor incondicional, y de una gran sabiduría, limpian, borran, restauran.
Encuentran las zonas necesitadas, lo que quema, energía o emociones, lo extrae como un carbón
o lava, que rápidamente se enfría y congela en sus manos.
El frío o el bloqueo lo extrae como un hielo que se derrite y se evapora.
Yunques, nudos, objetos cortantes, silbatos, sea lo que sea, deja que esas imágenes simbólicas
de tus molestias, sean encontradas, y observa cómo cambian, pierden su poder y se desvanecen
en estas manos poderosas.
Permites que ocurra esta transformación.
Permites esta liberación.
Permites, recibes, agradeces, sonríes a esta sanación.
Como la luz que emerge en la mañana, sientes esta energía de vida crecer dentro de ti.
Los miedos y bloqueos se disipan como una niebla bajo el sol decidido del verano.
Las manos de luz de tu guía han dejado luz en tu interior.
Tu mente se programa hacia la salud y el equilibrio.
Tu corazón late en armonía con el universo, estás en armonía con tu verdadera esencia.
Tu guía te da la mano y te ayuda a incorporarte.
Le sonríes con agradecimiento.
Y te sonríe.
Le miras a los ojos, y sientes que penetras a través de ellos en la profundidad del universo
estrellado y la infinitud de tu propia alma.
«Recuerda», te dice trayéndote otra vez con su voz a la sala, «ven aquí siempre
que quieras, siempre que lo necesites.
Este es tu espacio sagrado de sanación.
Aquí estás a salvo.
Aquí estás bien».
Preguntas si puedes quedarte a dormir allí, y asiente llevándote a otra habitación en
la que encuentras un pequeño, cómodo y acogedor dormitorio.
Te acuestas en la cómoda cama, y cierras los ojos, dejándote llevar hacia un sueño
profundo y reparador.
Duermo profundamente, toda la noche.
Mi cuerpo sana mientras duerme.
Mi cuerpo se restaura.
Sano.
Me recupero.
Duermo.
Descanso.
Sueño preciosos sueños de sanación.
Mi cuerpo se relaja profundamente, muy profundamente.
Duermo.
Por la mañana me despierto con sensación de energía y vitalidad.
Mi cuerpo sana.
Me recupero.
Sueño preciosos sueños de sanación.
Mis sueños me guían hacia la sanación que necesito.
Duermo.
Descanso.
Sano.
Profundamente.
Duermo profundamente, toda la noche.
Mi cuerpo sana mientras duerme.
Mi cuerpo se restaura.
Sano.
Me recupero.
Duermo.
Descanso.
Sueño preciosos sueños de sanación.
Mi cuerpo se relaja profundamente, muy profundamente.
Duermo.
Por la mañana me despierto con sensación de energía y vitalidad.
Mi cuerpo sana.
Me recupero.
Sueño preciosos sueños de sanación.
Mis sueños me guían hacia la sanación que necesito.
Duermo.
Descanso.
Sano.
Profundamente.