El juego en la infancia | Entrevista a Alberto Soler en la Cadena Ser

Píldoras de Psicología
4 seguidores
3 Visualizaciones de video·4 nov 2024
Es como una especie de himno reivindicativo, ¿verdad?
Que serviría para todas las edades, lo de pasarlo bien.
Eso no tiene edad.
Pero ya que hablamos de hijos y de padres, ahí enfocamos nuestra polémica de hoy.
La polémica de Isaías Lafuente.
Bueno, ya sabemos que la Navidad es una época en la que queda desprotegido nuestro flanco más sensible.
Una circunstancia aprovechada para que nos vendan todo tipo de productos hurgando en la herida.
La juguetera famosa ahora nos quiere llamar la atención este año sobre algo evidente,
la importancia de jugar con los más pequeños.
Pero como los adultos tenemos ya costra, ha decidido apelarnos indiferido,
con un anuncio muy provocador en el que son los niños quienes van a buscar al trabajo,
a la puerta de su empresa, a sus padres.
Y con un eslogan que remata el mensaje, por si no se ha entendido,
tus papás te necesitan, juega con ellos.
Bueno, la campaña está muy bien y se basa además en un estudio en el que el 65% de los padres y madres
reconoce que juega poco con sus hijos, aunque la mayoría, 3 de cada 4,
sabe perfectamente de la importancia del juego.
Es cierto que las largas jornadas laborales, los no menos prolongados horarios académicos,
las actividades extraescolares y los deberes colegiales, hacen muy difícil encontrar un hueco.
Y si se encuentra al final del día, quizás el cansancio de unos y otros no nos deje opción.
Pero quizás ese sea el error, considerar el juego como una opción
y no como una necesidad tan básica para los más pequeños como comer, dormir, lavarse o estudiar.
Alberto Soler, buenas tardes.
Hola, muy buenas tardes.
Alberto es psicólogo, autor del videoblog Píldoras de Psicología.
¿En qué quedamos entonces? Lo planteaba Isaías.
¿Necesidad u opción lo de jugar con los niños?
Me ha encantado el análisis que acaba de hacer Isaías porque creo que es muy acertado.
Por una parte, las estrategias un poco lacrimógenas que en estas épocas se utilizan para vendernos unos u otros productos.
Pero por otro lado, la realidad es que el juego es algo esencial para los niños.
Es decir, no es algo de lo que ellos puedan prescindir.
Pero sí que es verdad que estamos en un contexto en el cual si los niños carecen de algo, muchas veces es tiempo.
Y los padres también carecemos de ese tiempo. Es decir, es una realidad que tenemos ahí.
El juego es imprescindible para los niños, no deben y no pueden renunciar a ello.
¿Y los padres? ¿Qué les aporta? ¿Qué nos aporta?
Los niños no pueden prescindir del juego porque hasta bien entrada prácticamente la edad adulta
es la vía principal por la que los niños aprenden.
Aprenden a relacionarse, aprenden a conocer su propio cuerpo, sus límites, cómo funciona el mundo, las relaciones sociales.
Es decir, es su vía de aprendizaje.
Y para los adultos es una forma excelente de poder conectar con nuestros hijos.
Intentar buscar ese hueco dentro de la rutina, dentro del día a día, que a veces es difícil,
pero en el cual no tengamos que estar viendo detrás de los niños diciéndoles
tienes que hacer esto, tienes que hacer lo otro, lávate los dientes, haz los deberes.
Y que, aunque sea por un ratito al día, nos pongamos a sus órdenes.
Porque claro, en el juego tienen que ser ellos los que dirijan, no nosotros.
Eso es muy importante.
Yo soy una madre ausente, lo he sido durante toda la infancia de mis hijas
y todavía hoy me recuerdan, mamá nunca nos llevó al parque.
Es verdad que tienen ese prurito.
Y ahora ya no quieren ir.
Y ahora ya no quieren ir, efectivamente. Ahora no quieren venir conmigo a ninguna parte.
Ni al parque, ni al cine, ni vamos.
Y dentro de poco te van a tener que sacar a ti al parque.
Ni estar en la misma habitación directamente.
La vida va muy deprisa.
No, pero es verdad.
Hablamos al final de lo de siempre.
Porque llevamos todo el programa un poco hablando de lo mismo.
Hablando de la falta de tiempo.
De que el bien más preciado y el menos abundante
en esta vida de locos en la que vivimos es el tiempo.
De hecho, yo quería preguntarte también para los adultos.
Porque, bueno, hablo por experiencia.
He estado hace poco dando una vuelta por un sitio donde atienden a adultos estresados.
Sí, lo comentamos aquí. No te escondas.
Y les mandan colorear mandalas.
¿Ah, sí?
Sí, sí.
Como estrategia.
Tú no sabes lo que se venden ahora.
Sí, sí, sí. Ahora es uno de los regalos estrella.
Y bueno, de los pasatiempos.
No que te lo den como opción, sino que te lo dan como obligación.
Tú vas a un sitio y dices estoy muy estresado.
Vas a un sitio de psicoterapia o incluso de yoga.
De terapias contra el estrés.
Y una de las estrategias es que juegues.
Y que juegues a colorear mandalas, que es una especie de dibujos armónicos, indios,
en distintos colores, teniendo mucho cuidadito.
O sea, aplicándote al juego, a lo que no hemos hecho de niños.
O sea, que jugar no caduca.
O sea, que podemos llegar, digamos, a la paradoja de...
Niño, no puedo jugar contigo porque tengo que hacer...
Que estoy jugando.
Mi propio juego, no es verdad.
Porque el juego es una conexión con el aquí y el ahora, ¿no?
Didi, Alberto.
Sí, es que las conjuntas de psicología vemos cada día.
Es decir, muchas veces lo que hacemos es culpabilizar a los padres porque no juegan con sus hijos.
Pero tenemos que ampliar un poco el foco, ¿no?
Ver un poquito cuál es el contexto y lo que está comentando antes Isaias.
Los temas de conciliación, las largas jornadas laborales, las actividades extraescolares.
La presión a la que sometemos a nuestros hijos para que sean los primeros en todo.
Es decir, hay una frase que me gusta mucho, creo que la decía Gregorio Luri.
Es decir, es mucho más fácil para un niño que entrene a fútbol que que juegue al balón.
Es decir, los niños les estamos presionando para el éxito, para la excelencia.
Y esa misma presión luego nos vuelve a nosotros.
Por las jornadas laborales, por los tiempos.
Y necesitamos todos bajar un poquito ese ritmo.
Sin culpabilizaciones, sin historias, pero necesitamos bajar.
Todo esto está muy bien, pero digamos que seguimos buscando excusas.
Quiero decir, con todo ese tiempo y todo ese estrés y todos estos trabajos que tenemos que nos llevan muchas horas.
No mandamos al niño o a la niña a dormir sin bañarlo.
Ni lo mandamos sin cenar.
Ni lo mandamos al colegio sin haberse cambiado el pijama.
Es decir, sabemos que hay una serie de cosas imprescindibles que tenemos que hacer con nuestros hijos.
Y que son irrenunciables.
Y sin embargo, al juego renunciamos.
O sea, que esto no lo tenemos que mirar.
El juego siempre se ha visto como el postre de las comidas.
En el momento en que tú hayas hecho todas las obligaciones, que al final te queda algo de tiempo.
Pues al final si acaso ya podrás jugar.
Te tomarás el helado cuando te hayas sacado las lentejas.
Pero esto no es así.
Es que es una parte esencial imprescindible del desarrollo.
Se ha visto de hecho en experimentos que se han hecho en primates y en ratas.
Que si privamos a los niños, a las crías, de situaciones de juego con iguales.
Por mucho contacto que tengan con sus padres.
Esas crías al final no se desarrollan de la misma manera que se han desarrollado las otras que sí que han podido jugar.
Son más agresivas, tienen problemas de relación social, problemas de interacción, se muestran más ansiosas.
Es decir, es una parte esencial de la vida.
Los niños en los campos de concentración jugaban.
Jugaban a saquear cadáveres.
Jugaban al paredón.
Jugaban a unos hijos que nos parecen una barbaridad.
Y en una situación tan trágica no se les privaba del juego.
Porque ellos no renunciaban al juego.
Es la forma que ellos tienen de poder entender lo que está pasando en el mundo.
Juegan en situaciones de guerra.
Juegan en los campos de concentración.
Juegan los animales.
Juegan en todas las culturas del mundo.
Es tan importante como, decíamos, como comer, como tener un cobijo.
Y lo recoge la Convención de los Derechos del Niño en Naciones Unidas.
Y lo pone al mismo nivel.
Que el alimento con el cobijo no es darle a tu hijo un plato caliente y una cama.
Y si te sobra tiempo ya le das tiempo de juego.
No, no. Lo pone al mismo nivel.
Eso es interesantísimo.
Hay que cambiar el orden de la prioridad.
Porque además se están alcanzando perversiones.
Y es que hay adolescentes ludópatas online.
O van a las casas de apuestas a jugar solos.
Eso sería, digamos, retorcer un poco la perversión del juego.
La industria juguetera, mientras por un lado nos intenta convencer de que juguemos más con los niños,
cada vez se inventan más juegos, sobre todo juegos tecnológicos, solitarios.
O que puedas jugar con un amigo en Singapur.
Porque resulta que no lo encuentras.
No tienes ni el hermano, ni el padre, ni la madre con quien jugar al lado de tu casa.
Sí, pero hablamos como si esto fuera de nosotros.
Pero somos nosotros.
Sí, sí, sí, sí.
Somos nosotros.
Lo que ocurre, y eso es muy importante tenerlo en cuenta también, sobre todo,
es que los juguetes no son imprescindibles para que se dé el tiempo.
Lo que se necesita es tener unas condiciones que faciliten ese juego.
Pero los juguetes pueden ir muy bien, pueden ser muy bonitos,
pero no son imprescindibles para el juego.
Para el juego lo que hace falta son condiciones, como por ejemplo el tiempo,
la tolerancia al desorden en casa, el aire libre, la compañía.
Eso sí que es imprescindible para el juego, pero los juguetes no lo son.
En absoluto.
Muy bien.
Alberto Soler, muchísimas gracias por estos minutos en la ventana.
Ha sido un placer, de verdad.
Muchísimas gracias a vosotros.
Adiós, buenas tardes.
