Esto es lo que la cafeína le hace a tu cerebro

Píldoras de Psicología
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4 Visualizaciones de video·4 nov 2024
Yo no bebo alcohol, y fumar tampoco. Lo de los juegos de azar ni me va ni me viene, y
el resto de drogas ya ni te cuento. Pero eso sí, a mí el café que no me lo toquen, el
del desayuno, el de llegar al trabajo, el de mitad mañana, el de después de comer,
el de mitad tarde, el de antes de cenar, y quizá algún otro que me estoy dejando por
el camino. ¿Quiere decir eso que soy adicto a la cafeína? Pues casi casi, pero no. No
hablamos de adicción en el caso de la cafeína, pero desde luego que es una droga con efectos
claros en el sistema nervioso que puede producir intoxicación, tolerancia, abstinencia. Total,
que hoy vamos a hablar de una droga muy especial porque es la más consumida a nivel mundial.
La tenemos completamente integrada y aceptada en la mayoría de culturas, y la consumen
personas de casi todas las edades. La tenemos tan asumida que a veces las personas se sorprenden
cuando recordamos lo que en realidad todos sabemos. El café surgió probablemente en algún
punto de la Península Arábiga hacia el siglo X. En un primer momento esta sustancia fue condenada
por la ortodoxia islámica, pero poco después cambiaron de opinión y se convirtió en una
sustancia providencial porque permitía rezar sin que los creyentes fueran perturbados por la
somnolencia. Al entrar en Europa, esta sustancia se encontró con una oposición muy fuerte al
introducirse en los países protestantes que castigaban el comercio y el consumo,
hasta con penas de cárcel porque consideraban el café como una nueva desvergüenza. Incluso
en Rusia se llegó a castigar la posesión de café con penas de tortura o incluso con la pérdida de
orejas. Con el tiempo estas medidas se derogaron, y desde el siglo XVIII el café ha pasado a
considerarse como una droga intelectual, a diferencia de otras sustancias más marginales.
La cafeína es el principio activo del café, y es una sustancia amarga que se encuentra de
forma natural en más de 60 plantas, incluyendo los ranos de café con los que se elabora esta bebida,
las hojas de té, las nueces de cola con las que se elaboran los refrescos de cola o las
ballenas de cacao que se emplean para hacer chocolate. Todas estas sustancias tienen,
en mayor o menor medida, cafeína. La concentración de cafeína en distintos
productos es muy variable, y depende incluso de la forma de prepararlo. Por eso una misma taza
de café puede tener concentraciones muy distintas de cafeína en función de cómo se haya preparado.
Tipo de café, cantidad de café, la máquina que empleamos para hacer la infusión, la temperatura
de la preparación… que no es tan sencillo saber exactamente la cantidad que estamos tomando en
cada momento. Según explica Antonio Escotado, la cafeína comparte muchos efectos con otros
estimulantes como la cocaína, por ejemplo, siendo sus efectos similares pero unas 10 veces menos
potentes. Según sus cálculos, una persona que tomara un litro de café al día estaría tomando
el equivalente a un gramo de cocaína al día. Yo no tengo muy claro este cálculo, pero de todas
formas ninguna de las dos cosas, ni lo del gramo de cocaína ni lo del litro de café, me parece que
sea una buena idea. Y es que, de hecho, una persona con una intoxicación de cafeína puede
requerir atención médica inmediata, ya que dosis altas de cafeína pueden llegar a ser letales.
¿Qué cuáles son sus efectos? La cafeína tiene muchos efectos sobre el metabolismo,
siendo el principal la estimulación del sistema nervioso central. También es un diurético,
que nos hace ir más al baño, nos hace orinar más. Aumenta la liberación de ciertos ácidos en el
estómago, lo que puede producir malestar o acidez. Aumenta la presión arterial. Puede
interferir en la absorción del calcio. Y un etcétera muy largo de efectos.
Como decimos, que no hay debate al considerar la cafeína como una droga. Es una sustancia que
produce tolerancia, abstinencia y cuyo consumo elevado por población de riesgo, niños y
embarazadas, puede tener consecuencias adversas para la salud. Lo que no está tan claro es que
exista una adicción a la cafeína. Vamos por partes. La tolerancia significa que,
para obtener determinados efectos, cada vez necesitamos tomar más cantidad de la sustancia
en cuestión. Por ejemplo, muchas personas que apenas consumen cafeína, si se toman café después
de comer, pueden tardar en conciliar el sueño hasta las tantas de la noche, por no mencionar
el nerviosismo o la taquicardia que les puede dar. Yo suelo tomar mi último café antes de cenar,
y al rato estoy dormido en el sofá mientras veía algo en Netflix. Mi suegro a veces se lo toma
después de cenar, y de ahí va directo a la cama sin mayor problema. En mi caso, supongo que para
desvelarme necesitaría dos o tres tazas más de café, aunque creo que mejor si no lo compruebo.
En el caso de la cafeína, la tolerancia se produce no solamente en cuanto al sueño o
efectos cognitivos de mayor concentración, sino también a otros efectos como la ansiedad
o la taquicardia que puede producir. Esto en relación con la tolerancia,
pero el tema de la abstinencia, vamos a verlo. Los que estéis metidos en todo esto seguro que
conocéis bien ese dolor de cabeza tan pastoso y desagradable por culpa de la abstinencia de
la cafeína. La abstinencia es un conjunto de reacciones desagradables, tanto a nivel físico
como psicológico, que se producen como consecuencia de una interrupción o disminución en el consumo
de una sustancia. En el caso de la cafeína, tal y como recoge el DSM-5, los principales
síntomas de la abstinencia incluyen cefalea, fatiga, somnolencia, bajo estado de ánimo,
irritabilidad, problemas de concentración, incluso cuadros pseudogripales con náuseas,
vómitos, dolor o rigidez muscular. Yo, salvo esto último, lo suelo tener todo si bajo el
número de tazas diarias que tomo de café. Y probablemente lo último no lo noto porque
tampoco le doy ocasión. Es decir, me tomo el cafetito y solucionado.
De hecho, tengo que reconocer un poco de vergüenza que, por ejemplo, me considero
mejor padre con café que sin café. Esas tardes en las que están insoportables con gritos,
lloros y quejas, es tomarme una tazita de café y, oye, mano de santo. Con eso,
ya tengo ese plus de calma y paciencia que necesito para hacer frente a todo lo que se
pasa. Pero, según el punto de vista de mi mujer, quizá esto lo podemos entender al revés. A lo
mejor los niños no estaban tan insoportables, sino que era que mi nivel plasmático de cafeína
empezaba a descender. Con él, mi paciencia y tolerancia a los ruidos, lloros y quejas
también disminuían. En el caso de la cafeína, este cuadro de abstinencia se produce en menos
tiempo que con otras drogas como el opio, la heroína o los barbitúricos. Además,
con dosis bastante bajas, unos 80mg diarios de cafeína, el equivalente a una taza de café
express, si los consumimos diariamente durante una semana, eso ya es capaz de producir un cuadro
de abstinencia como el que estábamos comentando. ¿Qué consecuencias puede tener para la salud un
consumo elevado de cafeína? Los efectos que pueda tener están relacionados directamente con la
cantidad ingerida, es decir, a más cantidad, más riesgo asociado. Aunque también pueden haber
otros factores. Sin embargo, según la clínica Mayo, los primeros estudios que se hicieron sobre
los efectos del café no tenían en cuenta que su consumo muchas veces se asociaba al de otras
sustancias claramente nocivas para la salud como el tabaco y el alcohol. Estudios más recientes al
controlar estas variables encuentran incluso que el consumo de café puede proteger frente a ciertas
enfermedades como Parkinson, diabetes tipo 2, enfermedades hepáticas incluyendo el cáncer de
hígado, ataques al corazón y accidentes cerebrovasculares. Por lo tanto, el café,
si no es consumido en exceso ni por población vulnerable, tampoco parece tener efectos muy
negativos para la salud. Incluso, a lo mejor, puede ser lo contrario. Sin embargo, el café
sigue teniendo riesgos potenciales, sobre todo por el elevado contenido de cafeína. Por ejemplo,
puede aumentar temporalmente la presión arterial, por lo que mujeres embarazadas lo
deberían evitar al máximo. Además, si nos gusta mucho el café, también tendríamos que ir con
cuidado con el azúcar o los edulcorantes que le echemos, porque los dos se han asociado al
sobrepeso, a la obesidad y a las enfermedades relacionadas. Hablando de cafeína y azúcar,
pues hay otras bebidas que contienen mucha cafeína y mucho azúcar y que merecen una
atención especial, porque son cada vez más populares. Estas bebidas contienen unas
cantidades elevadísimas de cafeína y azúcar, el equivalente a 3 cafés bien cargados y 15
sobres de azúcar por lata. Esto es tremendamente preocupante, sobre todo si tenemos en cuenta que
es un tipo de bebida cada vez más popular entre niños y adolescentes. Como explicaba nuestro
amigo Julio Basulto, dietista-nutricionista, en el libro que acaba de publicar hace poco,
Come mierda, que acaba de sacar y ya va por la tercera edición, nadie en su sano juicio
permitiría a un niño tomar 3 cafés y 15 sobres de azúcar de golpe. Y ahí es donde radica el
problema de estas bebidas, que muchas personas desconocen lo que se están bebiendo sus hijos.
Se piensan que es un refresco más, que no es que los refrescos sean saludables,
que tampoco lo son, pero es que esto es muchísimo peor. Y sí, no me he equivocado, he dicho niños.
En este libro Julio nos cuenta que la mayoría de consumidores de estas bebidas son menores
entre 10 y 18 años. Y de hecho, un 20% de los niños de menos de 10 años toma de media 2 litros
mensuales de estas bebidas. Repito, 2 litros los niños menores de 10 años. Pues eso, que es una
salvajada. Y además, si tenemos en cuenta que muchas veces estas bebidas energéticas se consumen
combinadas con alcohol, el problema se hace todavía más grande, porque este consumo enmascara
los efectos del alcohol y hace que la persona pueda beber más, y esto puede tener consecuencias
potencialmente letales. Así que mucho cuidado por esto. Estas bebidas nunca deberían ser consumidas
por menores de edad, por mujeres embarazadas o por mujeres en periodo de lactancia. Y si se
consumen, hacerlo con muchísima preocupación por el resto de la población. Nunca por esas
más vulnerables. En resumen, sí, la cafeína es una droga que produce tolerancia y abstinencia,
y en función de la dosis puede tener efectos negativos para la salud. Estos efectos,
con las cantidades del café que normalmente consumimos las personas adultas, son poco
habituales. Pero si hablamos de niños y bebidas energéticas, deberíamos tener muy claro que niños
no deberían acercarse a ellas ni de lejos. Y hasta aquí, otra píldora de psicología. Si
os ha gustado, podéis ayudarnos compartiéndola. Además, tenéis muchos más vídeos y artículos
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