Aprende el secreto de las personas con buena suerte

Píldoras de Psicología
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Seguro que conocéis personas de esas que parecen tener muy buena suerte. No necesariamente
en el sentido de que les toque el euromillones al día siguiente haber tenido una herencia
millonaria de un familiar lejano y desconocido. Pero sí suerte en cosas más mundanas, más
cotidianas. Tienen buena salud, les atienden bien en los comercios y nunca pillan a una
persona a borde, o el maestro o el médico de sus hijos son super majos y super empáticos.
¿Cuál es su secreto? ¿Qué hacen para atraer la suerte en esas situaciones?
Vamos, a ver...
Pues sí, hay personas que parecen tener relativamente buena suerte en el día a día,
y otras que no tanto, o quizá más bien todo lo contrario.
Eso lleva a muchas personas a preguntarse qué es lo que diferencia a estas personas
entre sí, qué hacen para tener buena suerte. Quizá lo primero sea que intentemos acotar un
poco lo que consideramos que es tener buena suerte. Por ejemplo, hay veces que decimos
que una persona con buena salud es una persona con suerte, y quizá es así, pero quizá
no. A ver, me explico. Decir que alguien con buena salud tiene suerte nos puede servir
como expresión coloquial, pero poco más, porque la salud, aunque puede tener un factor
o componente aleatorio, no es totalmente cuestión de suerte, sobre todo cuando hablamos de patologías
que van asociadas al estilo de vida, como por ejemplo el sobrepeso, la diabetes, los
pacientes cerebrovasculares, síndrome de tabólico, la EPOC, o incluso algunos tipos
de cáncer. Otro ejemplo típico es el de los niños a los que les gusta la fruta, los
que son respetuosos y educados con los demás, o los adolescentes que tienen una relación
cálida y amorosa con sus padres. Yo qué sé, a ver si no va a ser tanto cuestión
de suerte como decisiones y sacrificios que han tomado esos padres, siendo muy conscientes
de cada paso y sus consecuencias en la educación de sus hijos. O lo de, oye, qué suerte, qué
bien que te llevas con tu pareja, hombre, pues a ver si tampoco va a ser suerte sino
una serie de decisiones y pequeñas acciones que esa pareja lleva a cabo en su día a día.
Y es que muchas veces entendemos como suerte algo que no es otra cosa sino decisiones,
sacrificios y proyectos. Y nos podemos pasar la vida buscando trucos para atraer la buena
suerte, leyendo el secreto, la ley de la atracción y cosas parecidas, pero la realidad
es que mientras estamos invirtiendo tiempo y energía en eso, no estamos generando las
condiciones necesarias para que al final las cosas se desarrollen como de verdad nos gustaría.
Las personas que tienen buena o mala suerte habitualmente es por algo, hacen algo que
influye en que eso finalmente acabe sucediendo. Por ejemplo, un estudiante que ha estado trabajando
duro todo el curso, llevando sus asignaturas al día, repasando, buscando información complementaria,
pues oye, puede sentirse un poco mosqueado, un poco ofendido si luego va y le dicen que,
oye, qué suerte que has tenido por sacar buena nota. Pues no, efectivamente no es suerte,
ha sido trabajo duro. Pero bueno, no toda la suerte queda reducida a esto. También hay
situaciones que no dependen de nuestro esfuerzo directamente. Quizá son más cuestión de actitud.
Ante una misma situación podemos sentirnos afortunados, desgraciados o
de una manera neutra. Y muchas veces depende sólo de nosotros que nos sintamos de esa forma.
Ya hemos visto otras veces que hay personas que tienen la crítica como forma de vida,
y es que les sacan punta a todo, ya sea a cómo les han atendido en un restaurante,
a los compañeros de trabajo, los profes de sus hijos o los médicos que les han tocado.
Tienen problemas allá donde van, no les tratan como se merecen. Pero quizá la actitud con la
que se enfrentan a la vida hace que finalmente esas cosas acaben pasando. No es ni el aire de
la atracción ni es el karma, es más bien una profecía autocumplida. La actitud con la que
nos enfrentamos a la vida acaba haciendo que por un lado nos fijemos más o menos en una parte de
la realidad, pero además esa actitud por otro lado acaba influyendo en el modo en el que los
demás nos tratan, convirtiendo así de alguna manera nuestros pronósticos en realidad.
Imaginemos que tenemos que ir a hacer unos trámites burocráticos,
tipo hacienda o cosas así. Llevamos toda la mañana pensando en lo perezosos y ineptos
que son los funcionarios, que seguro nos van a estar lanzando de ventanilla en ventanilla,
que solo piensan en la hora del almuerzo y demás cosas. Pues bien, esos pensamientos
van a generar en nosotros una actitud que va a ser percibida por los demás,
por ejemplo por ese funcionario de turno que verá cómo se le acerca una persona con mala
cara y con ganas de tocarle las narices, y quizá no le apetece perder el tiempo con esa persona
con apariencia maleducada y con cara de mala leche, y efectivamente le acaba dando peor trato
del que le daría a otra persona con una mejor actitud. Entonces, ¿ha sido mala suerte que
le hayan atendido de mala manera o ha sido fruto de la actitud que llevaba esa persona?
Y si esto además acaba pasando con cierta frecuencia, pues al menos nos tendría que
sospechar. Quizá el único secreto para atraer la buena suerte sea, por un lado,
el trabajo duro, si es que aquello de lo que hablamos depende de nosotros, y por otro lado,
intentar ajustar nuestra actitud a la realidad que estamos viviendo, si es que tenemos poco
margen en el resultado final. De hecho, si nos fijamos en esas personas que decíamos que parecen
tener buena suerte, quizá podamos identificar algunos de estos factores. Trabajo duro y actitud
adecuada. Por lo tanto, mejor que andar maldiciendo nuestra mala suerte y leyendo el secreto y cosas
de esas, mejor generar las condiciones adecuadas para que esa suerte se acabe dando. Y sí,
que llegados a este punto algunos estaréis pensando, hombre, bien, vale, de acuerdo con
lo que has dicho, pero ¿qué no estás hablando de la buena o de la mala suerte? De verdad,
de esa para la que no podemos hacer nada, como que un tornado arrase tu casa, que tengas una
enfermedad súper chunga, irreversible, impredecible… Si de verdad no podemos hacer nada, poco sentido
tiene andar con brujerías y conjuros para atraer la buena suerte. Lo único que vamos
a hacer es perder tiempo y volvernos un poquito más crédulos.
Y hasta aquí, otra píldora de psicología, si os ha gustado no olvidéis compartirla.
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La semana que viene, más. ¡Un saludo y buena suerte!
