Superar una depresión

Píldoras de Psicología
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17 Visualizaciones de video·30 oct 2024
Tener una depresión no es estar triste, o mejor dicho, no es simplemente estar triste.
Es sentir que no puedes con la vida.
Sentir como si estuvieras en lo más profundo de un pozo, sin forma posible de salir, pero
siendo lo peor de todo que en el fondo te da igual si sales o no sales.
La tristeza forma parte de la vida.
Nos podemos sentir tristes ante un problema que hayamos tenido, después del fin de una
relación amorosa, después de la pérdida de un ser querido, o muchas otras circunstancias.
Pero la tristeza no es depresión.
Para que podamos hablar de depresión, se tienen que cumplir una serie de criterios
especificados en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, lo
que habitualmente se conoce como el DSM.
Una persona con depresión está triste la mayor parte del día, la mayor parte de los
días.
Cuando una persona tiene depresión, es bastante probable que haya perdido el interés o la
capacidad de experimentar placer por todas o por casi todas las cosas, actividades, lugares,
personas… todo eso que antes le hacía sentir bien, ahora le deja indiferente.
Sería algo así como cuando perdemos el olfato por un resfriado, sabemos que lo que tenemos
delante debería oler, pero somos incapaces de percibir ese olor.
Aquí sería algo muy parecido.
En la depresión también es frecuente que aparezcan problemas de concentración, embotamiento
mental, así como un montón de fatiga o pérdida de energía.
La persona deprimida tiene muchos sentimientos de inutilidad o culpa, que son a todas luces
excesivos o inapropiados, pero ahí los tiene.
A nivel físico pueden aparecer tanto insomnio como hipersomnia, esto es, o grandes problemas
para dormir o grandes problemas para salir de la cama.
De hecho, no es extraño que una persona con depresión pueda pasar gran parte del día
en la cama o en el sofá, o de la cama al sofá.
Además también puede haber una pérdida importante de peso, que no se explica porque la persona
se haya puesto a dieta.
A nivel motor, la persona con depresión se puede sentir muy agitada, con mucho nerviosismo,
o también todo lo contrario, verse como muy ralentizada, haciéndolo todo muy despacio.
Y esto no solamente es una percepción suya, sino que es algo que notan también los demás.
Y por si esto fuera poco, en muchos casos se suman pensamientos acerca de la muerte
y del suicidio, y tampoco es raro que a todos estos síntomas de depresión se le añadan
muchas veces síntomas de ansiedad, con lo que ya el panorama es serio.
Como veis, esto es algo que va más allá de estar de bajón o de estar triste.
La depresión es una enfermedad que acaba siendo muy incapacitante para la persona que
la sufre, y le impide llevar a cabo una vida normal.
No hace falta cumplir con todos estos criterios que estamos viendo.
De los 9 que hemos mencionado, basta con que se cumplan 5 durante dos semanas seguidas.
Que os puede parecer poco, pero ¿os imagináis estar dos semanas enteras sintiéndose así?
Es terrible.
Hasta aquí lo que es la depresión, pero ¿qué hacemos con una persona que se encuentra así?
Cuando hablamos de una depresión clínica, lo más recomendable es buscar ayuda profesional,
ya que, aunque en algunos casos puede remitir de manera espontánea, la mayoría de los
casos tienden a cronificarse si no reciben un tratamiento adecuado, y cuanto más temprano
sea el abordaje, cuanto más pronto se pongan en tratamiento, mayor probabilidad de éxito.
Se tiene la percepción de que si una persona cumple con criterios diagnósticos para una
depresión, es casi inevitable el uso de psicofármacos, los llamados antidepresivos.
Esto no es necesariamente así, mientras que en algunos casos van a requerir medicación,
otros no, es algo que tiene que valorar el psicólogo o el psiquiatra que atienda al
paciente.
De todas formas, hay que tener en cuenta que los fármacos antidepresivos no funcionan
como otras medicaciones, para empezar porque tienen lo que se conoce como un período de
latencia terapéutica, esto significa que desde el inicio del tratamiento hasta que
se percibe la mejoría, pueden llegar a pasar varias semanas, y durante estas semanas sólo
se experimentan los efectos secundarios, que según cada persona serán unos u otros, serán
más ligeros o más fuertes.
Hay un montón de antidepresivos diferentes, y no todos funcionan igual en todos los pacientes,
pero lo que sí tienen todos en común es que el tratamiento suele ser largo, al menos
entre 6 y 9 meses como mínimo, y habitualmente más de un año.
Lo que nunca hay que hacer es tomar un antidepresivo sin prescripción médica, y tampoco dejarlos
de golpe sin supervisión.
¿Y en qué consiste la terapia psicológica para la depresión?
Cuando un paciente con sospecha de depresión acude a la consulta, lo primero que hace el
psicólogo es realizar un diagnóstico para confirmar qué es lo que realmente le está
ocurriendo.
En estos casos, es importante distinguir lo que es una depresión de lo que parece una
depresión.
Por ejemplo, en función de otros elementos, debemos descartar trastornos hormonales, especialmente
de tiroides, algún tipo de demencia en pacientes con edad más avanzada, que esa supuesta depresión
en realidad no esté causada por los efectos de algún fármaco, o que simplemente no sea
depresión, sino que sea tristeza, por citar algunos ejemplos.
Una vez hecha la evaluación, comienza el tratamiento en sí.
Una de las aproximaciones terapéuticas más habituales, y la que tiene mayor respaldo
empírico, es la terapia cognitivo-conductual, basada en el modelo de Beck.
Se explica al paciente qué es la depresión y lo que le ocurre, de un modo que sea fácilmente
comprensible para él.
A veces ayuda a emplear alguna metáfora, por ejemplo la del monstruo o la del ente externo,
para representar la depresión como algo que está fuera de la persona, que le obliga a
ver la realidad de una forma determinada, y que le impide realizar sus planes y proyectos.
El paciente se tiene que revelar ante este monstruo o este ente externo.
Este monstruo es el que manipula los pensamientos y las percepciones de la persona, y hace que
estas percepciones y pensamientos sean distorsionados, sobre todo en relación con tres áreas muy
importantes, la percepción de uno mismo, la percepción del mundo, y la percepción
del futuro.
Una persona con depresión se siente débil, poco capaz, poco inteligente, siente que vive
en un mundo hostil, peligroso, triste, que el futuro no será mucho peor, y por todo
esto siente que la vida apenas merece ser vivida.
Por lo general en la consulta se le explica al paciente el modelo del ABC, del que ya
hablamos en otro vídeo, para que entienda cómo funcionan sus pensamientos y la influencia
que estos pensamientos tienen sobre sus emociones.
Se les enseñan las principales distorsiones cognitivas, los pensamientos que le hacen
daño y que son responsables de la depresión, así como estrategias para ser capaces de
racionalizarlos y cambiarlos por otros que sean más adaptativos, mediante el debate
cognitivo.
Además, se buscan estrategias de resolución de problemas y de incremento de actividades
cotidianas para que el paciente, poco a poco, vaya recuperando el nivel de funcionamiento
que tenía antes del trastorno.
Se ha visto que la depresión suele llevar a una disminución del nivel y de la cantidad
de actividades reforzantes que hace la persona, pero también suele llevar a un peor estado
de ánimo, con lo que nos metemos en un círculo vicioso.
Por esto, la programación de actividades reforzantes para evitar la pasividad y el
aislamiento suelen formar parte del tratamiento de la depresión.
Se ha visto que el ejercicio físico moderado también contribuye a la mejoría del paciente,
por eso muchas veces se programan actividades físicas de intensidad moderada, siempre en
función del nivel previo del paciente.
Por supuesto, todo esto son generalidades, y cada caso requerirá un abordaje distinto,
pero todo el tratamiento de la depresión se podría resumir en un trabajo conjunto
que englobe por un lado los pensamientos distorsionados típicos de la depresión, junto con una planificación
de actividades progresivas que vayan dirigidas a recuperar el funcionamiento previo, así
como el entrenamiento en las habilidades necesarias para evitar futuros episodios.
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