Hijos y padres felices: cómo disfrutar la crianza.

Píldoras de Psicología
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4 nov 2024
Bueno, ya está claro que no vienen con libro de instrucciones,
que no hay recetas milagrosas, que no hay dos niños iguales,
pero bueno, hablar de los hijos, de la crianza,
de lo que debemos o lo que no debemos hacer
es siempre complicado, pero vamos a hablar de ello
porque les vamos a hablar de un libro
que se presenta este próximo martes, la semana que viene,
y con un nombre ya bastante revelador.
Se llama Hijos y Padres Felices,
cómo disfrutar, subrayo la palabra, disfrutar la crianza.
Escrito a cuatro manos por los valencianos Concepción Roger
y Alberto Soler, y le sonará igual el nombre,
si son oyentes fieles,
porque Alberto Soler ha sido nuestro psicólogo de referencia
este pasado verano.
Alberto, ¿qué tal? Muy buenos días.
Muy buenos días, Jessica, ¿qué tal?
Bienvenido de nuevo hoy para hablarnos de crianza,
de este libro que presentáis este próximo martes,
porque decíamos, a ver, está claro, no hay una receta,
no hay un libro de instrucciones, no nos vienen con manual,
pero estamos en 2017,
ha habido muchísimos estudios e investigaciones
acerca del comportamiento de los niños,
ya se pueden establecer unas pautas.
Claro, hay un montón de estudios, hay un montón de información,
pero muchas veces los padres, entre los que nos incluimos,
a veces vamos perdidos,
porque no sabemos si hacer caso al que te dije
que le tienes que meter en su habitación
y dejarle llorar toda la noche, que luego se acostumbra,
o hacerle caso a quien te dice, no te preocupes, no pasa nada,
tú duerme con él o duerme con ella, que eso va a ser lo mejor,
y muchas veces acabamos confundiendo lo que es opinión,
que todos tenemos opinión, de lo que es evidencia,
y en este libro algo que hemos intentado hacer
es poner poca opinión y mucha evidencia,
es decir, intentar basarnos en aquello que,
independientemente de nuestra experiencia como padres,
pero intentar basarnos en aquello que se ha demostrado
que o es bueno o que no es malo para los niños,
pero hablar siempre, como se dice, con papeles.
Claro, con una base sólida y fundamentada
de lo que se cuenta, porque es verdad que muchos padres,
con toda la buena voluntad del mundo,
hablan de su experiencia como lo inmejorable
o lo que se debe hacer,
y en este libro además tratáis asuntos,
yo creo que los top ten de los quebraderos de cabeza de los padres,
dormir, la lactancia, la alimentación, tratáis un poco de todo.
Sí, y nos costó mucho elegir los temas porque la lista es amplísima,
nos basamos mucho también en temas que aparecen en la consulta
cuando hablamos con los padres, cuando nos preguntan sus inquietudes,
y también nos hemos nutrido bastante de las dudas y los comentarios
que nos llegaban a píldoras de psicología,
a nuestro videoblog y la página web,
donde muchos padres nos preguntaban por estos temas,
nos preguntaban por ejemplo por la lactancia,
nos preguntaban por ejemplo por el colecho,
o nos preguntaban también sobre los premios, sobre los castigos,
sobre un montón de temas que generan inquietud,
pero a nosotros el mensaje que más nos ha gustado transmitir
y que hemos intentado que estuviera en la portada misma del libro,
es que es posible disfrutar de estos primeros años de la vida de nuestros hijos,
unos años que son importantísimos para su desarrollo,
son importantísimos para su cerebro,
pero también son importantísimos para nosotros,
porque luego cuando echamos la vista atrás,
esos primeros años no vuelven,
y muchas veces lo recordamos quizá como uno de sus mejores años.
Y un tiempo que en definitiva después,
no sé cómo es esa frase de los días interminables
en años que pasan volando o algo así, ¿no?
Así como que en la crianza los días son largos,
pero los años son cortos, creo que decía la frase,
y tiene muchísima razón.
Bueno, y ahora, por ejemplo,
que nos esté escuchando sin querer tampoco descripar demasiado,
¿colecho sí, colecho no, o según necesidades?
Vamos a ver, como decimos casi literalmente
en el capítulo en el que hablamos sobre el sueño en la infancia,
el colecho no es algo que por sistema
se deba recomendar a todas las familias,
pero tampoco se debe recomendar por sistema
ninguna otra configuración a la hora de dormir,
es decir, cada familia que decida dormir como le apetezca.
En nuestro caso sí recomendamos el colecho
en base a numerosísimos estudios que nos están mostrando
que es una forma muy buena, muy sana, muy saludable,
para que descansen los hijos y también los padres,
eso sí, salvando algunas normas básicas de seguridad,
sobre todo en los bebés más peques,
en los bebés que tienen por debajo de los cuatro meses
para evitar algunos riesgos asociados al colecho.
Si te tengo que responder sí o no,
yo te digo en mi opción cuál ha sido,
y en mi opción ha sido por supuestísimo que sí.
Alimentación, además es un capítulo bien destacado,
muy importante porque es una cosa que preocupa mucho a los padres,
además habéis contado con el asesoreamiento,
también prologado el libro,
por una persona de reconocido prestigio,
colaborador también de esta casa,
le escuchamos a veces en Ser Consumidor, por Julio Basulto.
Eso, nuestro amigo Julio nos ha ayudado muchísimo,
él es un gran escritor, es un gran audicionista,
y como se dice, mejor persona,
es una persona que siempre que le das un toque
está ahí para echarte un cable,
y aparte de prologarnos el libro,
nos ha revisado los capítulos
que están más directamente relacionados con su área,
que es la alimentación y es la lactancia,
y es que son temas que a los padres también nos preocupan un montón,
cuando nuestros hijos ya dejan la lactancia exclusiva,
cuando empiezan a comer,
decimos qué es lo que tenemos que hacer,
qué les damos primero, qué no les damos,
cómo es mejor que coma, les hacemos el avioncito, no se lo damos,
y son un montón de dudas que no sabemos cómo hacerlo,
y lo peor de todo es que nosotros no lo sabemos,
pero todo el mundo que está a nuestro alrededor
lo sabe perfectamente, tú lo que tienes que hacer es...
Esa es la frase,
y por supuesto muchas veces aquellos que no son padres,
parece que en el momento en el que eres padre se te olvida todo,
antes de ser padre sabes lo que hay que hacer,
pero cuando eres padre te entran las dudas,
y sí, hablamos mucho de alimentación,
pero sobre todo de lo que se llama conducta alimentaria,
no hablamos tanto de qué es lo que un niño debe comer,
aunque lo mencionamos brevemente,
pero sobre todo hablamos de cómo debe comer,
evitando los chantajes,
enfatizando mucho el que debemos escuchar a nuestro hijo,
cuáles son sus preferencias dentro de un margen acotado por nosotros,
y como en todo, que las prisas no son buenas,
ni para introducir los alimentos, ni para las horas de las comidas,
ni para muchos otros aspectos relacionados con la crianza.
Hasta que no te comas eso, ¿no vamos al parque?
Eso no, ¿no? Lo olvidamos, ¿eh?
Han saltado las alarmas, la lucecita roja.
Sí, porque ahí se juntan dos cosas,
primera relacionada con la alimentación,
porque la alimentación tiene que ser algo placentero,
y nadie mejor que un niño pequeño,
al igual que nadie mejor que tú o mejor que yo,
sabe el hambre que tiene en un momento determinado.
No nos vamos encontrando, como se dice muchas veces,
esto creo que lo decía el pediatra Carlos González,
no vas por el bosque y te vas encontrando animales muertos,
porque se han olvidado de comer.
En el momento en que tú tienes hambre, comes.
Pero aparte, toca también otro de los temas de los que hablamos en el libro,
que son los premios y los castigos.
Y si hay un mensaje clave a dejar aquí,
es que tenemos que evitar chantajes y condiciones como
hasta que tal, entonces, lo otro.
Por ejemplo, hasta que no te acabes las lentejas,
no podrás tomar el helado.
Eso es peligrosísimo, porque baja el valor de las lentejas,
y se le da un valor incentivo altísimo al valor del helado.
Y es algo que queremos tratar de evitar.
Por lo tanto, los chantajes, cuanto menos, mejor.
Muchas veces no somos conscientes del poder del lenguaje,
de lo que decimos, de que las frases que utilizamos muchas veces,
sin darnos cuenta, pueden crear conductas.
Por supuesto.
Y aquí es un tema muy importante, por ejemplo, las etiquetas,
que a veces ponemos a los niños, que prácticamente desde que nacen,
si un niño es más o menos demandante, es que es muy llorón,
es que es muy protestón, es que es un quejica, es que es malo.
Y vamos poniendo esas etiquetas sin darnos cuenta,
incluso si a alguien nos lo dice,
es que esto es una broma, es que esto es una forma de referirte a él.
Pero es un lenguaje que va calando,
porque alrededor de la época de los dos años,
es cuando ya empiezan a formarse un autoconcepto,
y ese autoconcepto se basa en la información
que les llega sobre la que la gente a su alrededor dice sobre ellos.
Pero aparte de ellos, también cala en nosotros,
y el estar sistemáticamente poniendo una etiqueta a una persona,
hace que la información relacionada con esa persona
tenga mucho más valor aquella que nosotros estamos etiquetando,
es decir, nos vamos a fijar más en aquellas cosas que hace mal,
en aquellas ocasiones que protesta,
en aquellas ocasiones en las que la lía con su hermano,
más que cuando tiene otro tipo de conducta,
entonces hay que ir con ojo con eso de las etiquetas.
Bueno, nos hacía referencia,
en este libro hemos recopilado los problemas que nos llegan a nosotros,
vosotros sois psicólogos, os encargáis,
no sé si de niños o de padres y madres,
creo que te gusta más decir,
porque son los padres y madres los que acuden a vosotros a pediros socorro,
auxilio o asesoramiento.
En este caso, yo no soy psicólogo infantil,
yo soy psicólogo de mayores,
yo soy psicólogo de ansiedades, de depresiones, de historias de estas,
y una vez me pusieron la etiqueta, que me la he quedado, que me gusta,
tú eres psicólogo de padres, no de hijos,
y es que la inmensa mayoría de los problemas
que los padres identifican en sus hijos,
no los tienen tanto sus hijos, sino, o bien,
unas expectativas poco adecuadas acerca de lo que es un niño,
de cómo gestionar ciertas situaciones,
o una falta de una habilidad o una estrategia concreta
de cómo solucionar esa situación concreta,
pero afortunadamente, los verdaderos problemas
que se dan en la infancia,
son bastante menores de lo que pensamos.
Pero cómo cambia la pareja, ¿no?
Cambia muchísimo, cambia muchísimo.
Eso tenemos que también tenerlo en cuenta y saberlo.
Por supuesto, y no podemos esperar que nuestra vida individual
o nuestra vida de pareja sea la misma antes que después de la paternidad.
Muchos padres, incluso, durante el embarazo,
dicen con mucho orgullo esto de,
no, es que a mí ser padre no me va a cambiar.
Y yo pienso, te vas a dar un tortazo enorme.
Es que te debe cambiar, te debe cambiar totalmente la vida.
Va a cambiar tus preferencias, va a cambiar tus gustos,
va a cambiar tus prioridades, pero también va a cambiar tu tiempo.
Va a cambiar ese reparto en el cual antes solamente considerabas
a tu pareja, tu trabajo, tu ocio,
y de repente te vas a dar cuenta que esa parcela
en la cual tú te ibas a jugar a pádel,
o te ibas a entrenar, o te ibas a dar una vuelta por el centro,
de repente desaparece prácticamente.
Y es lo que debe ocurrir durante los primeros meses
o durante los primeros años,
porque hay otras áreas que te están ocupando muchísimo más
y que te están demandando mucho más.
Pero también hay que tener un poco de capacidad,
un poco de arte, un poco de habilidad,
para poder compatibilizar la vida de pareja,
que es muy importante no desatenderla,
con esa pequeña parcela individual,
con la labor de la crianza, que de repente parece que lo ocupa todo.
Sí que es cierto que los primeros meses lo ocupa todo,
porque tenemos un ser humano dependiente de nosotros.
De lo que más tenemos que esforzarnos es en cuidar la pareja,
porque ser unos buenos padres lleva de la mano, necesariamente,
el tener y el cuidar esa relación de pareja,
porque en la mayor parte de los casos
hay muchas otras formas válidas de ser padres,
pero en la mayor parte de los casos,
la paternidad o la parentalidad viene de una relación de pareja
que vemos como exitosa, con la cual nos queremos comprometer.
Entonces, no debemos olvidar eso,
que ese hijo que hemos tenido es el producto de un proyecto
con otra persona que queremos mantener a lo largo del tiempo.
Entonces, cuidar esa relación de pareja implica ser mejores padres.
Claro, y Alberto, a mí me llama muchísimo la atención
que dedicáis un capítulo específico a las madres,
y además con un título jolín, las madres en el punto de mira.
Es que las madres tienes la culpa de todo,
es que vosotras lo hacéis todo mal,
es que si le dais teta, porque le dais teta,
si no le dais teta, porque no le dais teta,
si le lleváis al parque, porque le lleváis,
y si no, porque no le lleváis.
Pero ¿por qué muchas veces las mujeres
somos muy críticas entre nosotras, con nosotras mismas?
No sé si vosotras lo sois, pero la cosa es que la sociedad lo es,
y a vosotras se os exige mucho más que a nosotros.
Nosotros, es muy fácil,
nosotros cambiamos un par de pañales
y bajamos al supermercado con el carrito y a somos unos padrazos,
y nos lo curramos un montón y lo hacemos genial,
pero vosotras es imposible,
es que el concepto ese de madraza
tampoco está tan en boca de la sociedad,
la madraza no existe, es una madre y punto.
Pero sí, socialmente estáis mucho más en el punto de mira,
se critica prácticamente cualquier acción que toméis,
y eso es algo muy injusto y que sí que hemos tratado de desgranar
cuáles son los motivos,
y también ofrecer una vía para poder hacer frente
a ciertos comentarios o ciertas actitudes
que pueden empañar esa labor de crianza que tengamos.
Mira, sí que es cierto que se escuchan muchísimos comentarios,
decías tú a la hora de comer,
es que siempre escuchas a alguien que te dice
lo que tienes que hacer, lo que debes hacer,
si haces esto así comerá,
pero también en ese sentido el papel de madres,
que siempre se cuestiona
y que hay muchísimas personas que te dan consejos sin pedirlos,
eso es lo más destacado,
que igual no le has pedido consejo ni su opinión.
Y es que en el momento en el que te conviertes en padre,
pasas un poco a estar en el centro del huracán,
y vas por la calle,
sí que es verdad que es el momento de la vida
en el que quizás recibes más consejos que en tu vida,
y sobre todo los que no has pedido,
porque una cosa es pedirlos y otra cosa es recibirlos gratuitamente,
y yo te podría contar mi experiencia personal
habiendo recibido muchos consejos de gente muy anónima
y muy bien intencionada en el metro,
pero también de familiares, de conocidos,
que con la mejor de las intenciones te quieren ayudar,
te quieren echar un cable,
y lo que hacen es proyectar su propia experiencia personal
y también sus valores, sus prejuicios,
sobre tu propia crianza.
Ahí a veces lo que falta es una verdadera empatía,
en vez de decir cómo yo haría las cosas en tu lugar,
es cómo tú, en tus circunstancias, con tus condicionantes,
podrías realizar esta tarea.
Y eso es lo que nos cuesta mucho más,
esa verdadera empatía de reconocer las potencialidades y los límites
y los valores de cada persona.
Capítulo aparte merecen también el uso de las tablets, de los móviles,
porque, ¿qué hacemos?, ¿les damos el móvil
para que vean vídeos a los niños y así que coman?
¿Esto también es una locura?
Depende de la edad en la que hablemos,
pero si te tengo que responder con un sí o con un no,
rotundamente no.
Retrasemos el inicio de las pantallas.
Una metáfora que me gusta mucho utilizar
es que para mí el coche es una herramienta muy válida,
es decir, me permite todos los días llegar bien al trabajo,
me permite desplazarme para dar alguna conferencia,
pero por una herramienta muy útil que yo la considere para mí,
jamás se me ocurriría a mis hijos de tres años
darle las llaves del coche.
Pues con la tecnología ocurre lo mismo.
Es una herramienta, es ocio para los adultos,
para ellos es algo muy goloso
porque implica una cantidad enorme, un chute inminente de estímulos
que les despiertan, que les activan,
que les secuestran su atención, pero no es positivo.
Y hay una pila, y cuando hablo de una pila,
hablo de cientos y cientos de estudios
que nos muestran que cuanto más retrasemos la introducción
de este tipo de tecnologías,
hablo de pantallas sobre todo, de tablets, móviles, ordenadores, etc.,
por supuesto televisión,
mucho mejor para el desarrollo de los críos.
Por supuesto, televisión, has dicho, casi le había descartado,
porque muchas veces damos por hecho que está ahí
y igual está encendida aunque no le hagamos demasiado caso.
Y ese es un problema que se ha visto en muchos estudios
que el efecto negativo que tiene la televisión de fondo,
es decir, esta costumbre que hay en muchas familias
que llegas, enciendes la televisión y se queda de fondo,
llega a ser tan negativo, por ejemplo,
para el desarrollo del lenguaje de los críos
como el sentarles directamente a ver la televisión.
Es decir, que la televisión, cuanto menos, mejor,
sobre todo en estas edades por debajo de los tres años.
Bueno, Berto, si te parece,
vamos a recordar que el libro sale la semana que viene,
que aquí hemos dado algunos detallitos, algunas pinceladas,
pero que hay muchísimo por aprender y muchísimo para saber.
Hay un montón, nos hemos enrollado como persianas.
Es vuestra primera incursión, ¿no?
Es la primera y nos lleva un montón de horas de sueño,
un montón de esfuerzo, pero estamos muy contentos con el resultado
y por ahora las críticas que tenemos son súper positivas,
estamos muy contentos.
Bueno, pues seguro que estáis mucho más contentos
cuando se vayan lanzando ediciones, ediciones y ediciones,
que eso esperemos.
Esperamos, esperamos.
Alberto Soler, muchísimas gracias.
Y a todos nuestros oyentes,
recordarles la semana que viene sale este libro,
cómo disfrutar la crianza, hijos y padres felices.
Bueno, pues muchísimas gracias y mucha suerte.
Muchas gracias, Jessica.
