Hola, escritor, soy el profesor Alberto Bustos y estoy aquí para ayudarte a escribir más y mejor. Hoy vengo cargadito de preguntas que te lanzo desde el principio porque plantear bien la pregunta es tener ya la mitad de la solución. Vamos a ver... ¿Qué es más importante para escribir? ¿La constancia? ¿La inspiración? ¿Las dos cosas?
Tú tendrás tu respuesta, que, probablemente, es infinitamente mejor que la mía. Aun así, te voy a pedir que me escuches porque quiero compartir contigo mi historia y mis aprendizajes. Este es un vídeo muy personal. Te voy a hablar de lo que a mí me ha funcionado. Seguramente, estoy equivocado en todo o en parte; pero tú quédate conmigo aunque solo sea para aprender de mis errores. Y si encuentras una o dos cositas que te puedan funcionar, aprovéchalas. Esa será para mí la mayor satisfacción.
A mí me preocupa esta cuestión porque veo que muchos escritores y candidatos a escritores andan dándole vueltas: ¿debo esperar a que las musas salgan a mi encuentro o debo lanzarme yo en su busca?
Esta es mi historia...
Hola hablante, hola escritor. Soy el profesor Alberto Bustos y estoy aquí para
ayudarte a escribir más y mejor. Hoy vengo cargadito de preguntas que te
lanzo desde el principio, porque plantear bien la pregunta es tener ya la mitad de
la solución. Vamos a ver, ¿qué es más importante para escribir? ¿la constancia?
¿la inspiración? ¿las dos cosas? Tú tendrás tu respuesta, que probablemente es
infinitamente mejor que la mía. Aún así, te voy a pedir que me escuches, porque
quiero compartir contigo mi historia y mis aprendizajes. Este es un vídeo muy
personal. Te voy a hablar de lo que a mí me ha funcionado. Seguramente estoy
equivocado en todo o en parte, pero tú quédate conmigo, aunque sólo sea para
aprender de mis errores. Y si encuentras una o dos cositas que te pueden
funcionar, aprovéchalas. Esa será la mayor satisfacción para mí. A mí me
preocupa una cuestión, porque veo que muchos escritores y candidatos a
escritores andan dándole vueltas. ¿Debo esperar a que las musas salgan a mi
encuentro o debo lanzarme yo en su busca? Esta es mi historia. Si sigues el blog de
lengua sabrás que publico contenido de manera constante y, además, previsible.
Mucha gente dice que es contenido de calidad y yo les agradezco el buen
concepto que tienen de mi trabajo. Yo publico todas las semanas. Es un esfuerzo
mantenido durante años. El resultado es que he ido acumulando un corpus de
materiales que ya es considerable. Para que te hagas una idea, la web del blog de
lengua cuenta con más de mil artículos que ayudan a escritores de todo el mundo
como tú a subir de nivel en su escritura. El canal de youtube acumula ya más de
600 vídeos. Están ahí para quien quiera aprender. He publicado ya en mi web 22
cursos que suman un total de 800 lecciones con su texto, sus vídeos y sus
ejercicios. ¿Ha ocurrido esto por casualidad? No, señor. Ha ocurrido porque
tomé unas decisiones que he aplicado de manera consecuente. Si he podido crear
todos estos materiales es porque he ido desarrollando unos sistemas y unas
rutinas. Los materiales están bien, pero lo más valioso del blog de lengua no son
esos materiales, sino el público que los sigue, que también es considerable. El
valor de este canal está en ti que estás viendo este vídeo, en todas las
personas que leen el boletín semanal, en todos los alumnos que siguen mis cursos
y esperan que cada semana llegue puntual mi lección. ¿Cuál es el secreto para que
todas estas personas estén aquí conmigo? Escribir y publicar de manera constante
y además previsible. A mí me llena de orgullo que confíen en mí. Yo vivo como
un privilegio que haya personas como tú que ven mis vídeos, que leen mis
artículos y que estudian mis lecciones. Tu creación literaria tampoco va a
suceder por casualidad. Es algo que tienes que planificar. La decisión
artística más importante que puedes tomar es la de crear o no. Ahí es donde
te lo juegas todo. Tienes que preguntarte si quieres escribir o si no
quieres escribir. Y si la respuesta es que sí, tienes que desarrollar una
práctica constante y consecuente. Sé por propia experiencia que esto puede dar
miedo. A mí me lo daba. A día de hoy me sigue dando vértigo y es buena señal. Lo
que debería asustarnos a ti y a mí es que algún día desaparezca ese vértigo,
esas mariposas que me revolotean en el estómago cada vez que pulso el
botón de publicar. ¿Quieres que te cuente mi experiencia personal? No porque yo sea
modelo de nada, sino por una razón muy sencilla. Si yo puedo hacerlo, tú puedes
hacerlo también. Nadie es mejor que tú. Nadie es más listo que tú. Nadie tiene
más talento que tú. Lo que otra persona ha conseguido, tú lo puedes conseguir
perfectamente. Si ves que hay gente ahí que está escribiendo, creando, publicando,
significa que eso se puede hacer. Además, cada vez son más quienes se lanzan a
esa aventura. Y yo me alegro. La clave para llegar ahí está en decidir qué
quieres hacerlo. Cuidado, en decidir qué quieres hacerlo y, a continuación, dar el
primer paso. En el verano de 2007 yo estaba en Berlín.
Acababa de conseguir mi habilitación como profesor titular de universidad. Era
un momento en que me podía plantear cómo seguir adelante con mi carrera
profesional. Decidí hacer balance y empezar algo nuevo. He tomado muchas
decisiones en mi vida, pero una de las mejores fue hacer un pequeño experimento
durante aquel verano berlínez. Por aquel entonces los blogs estaban en pleno auge,
así que decidí abrir uno para empezar a publicar en abierto materiales didácticos.
Mi objetivo era que se pudiera beneficiar cualquier persona con interés en aprender.
Ni corto ni perezoso, abrí un blog de WordPress, enredé un poco con aquella herramienta para
familiarizarme un poquito con ella y, enseguida, escribí un articulito que publiqué inmediatamente.
Ese primer paso fue el más importante. Ese primer artículo que di a conocer al
mundo hizo posible todo lo demás. Sin ese primer artículo tampoco existirían los
999 siguientes. Yo no estaría aquí, hablando contigo. Nunca habría tenido el privilegio de
colaborar en programas de radio. No habría dado el salto al vídeo. Al principio parecía que el
blog de lengua era una cosa muy pequeñita dentro de mi vida, de mi vida profesional,
incluso de mi vida como ser humano. Es más, parecía que aquello era lanzar piedras contra
mi propio tejado. Te aseguro que, como profesor de universidad, aquello me perjudicaba más que
me beneficiaba. En 2007, en el mundo académico, te miraban por encima del hombro. Si decías que
estabas publicando en Internet. Ahora todo el mundo quiere estar ahí. Pero en aquel entonces,
se veía más bien como un demérito. Lo único que contaba eran las publicaciones tradicionales.
Cuando publiqué el primer vídeo en YouTube, tampoco faltaron almas caritativas que me hicieron
ver, que era indigno de un profesor universitario ponerse a colgar vídeos en YouTube como si fuera
un adolescente. Es que recuerdo perfectamente a alguien, a una persona concreta que no voy a
dejar aquí, que me decía con retintín lo de colgar vídeos. Y ahora resulta que colgar vídeos,
como decía esa señora, es un mérito y todo el mundo quiere estar ahí. En el verano de 2007,
decidí que iba a publicar un artículo por semana. Esa decisión tan sencilla es la que dio pie a
todo lo demás. Una de las decisiones más radicales que puedes tomar es escribir una cosita por
semana y dársela a conocer al mundo. Esa decisión cambió mi vida. Lo que yo no podía imaginar en el
verano de 2007 era que con los años iba a ir acumulando frustraciones en el mundo académico.
No ganaba para disgustos, te lo digo así. Era infeliz. Y mientras tanto, mi presencia en internet
iba creciendo y me aportaba cada vez más satisfacciones. Así que lo que empezó como un
pequeño proyecto personal, secundario, una cosa muy pequeñita, a medida que iban pasando los años,
iba ocupando cada vez más espacio en mi vida y en mi corazón. Llegó un momento en que decidí dar
un paso adelante y dedicarme a esto. No te creas, me costó. Fue una decisión complicada. Tuve que
renunciar a mi ego y decidir que yo no era profesor de universidad. Yo trabajaba como
profesor de universidad. Ese oficio no era mi identidad. Era algo que hacía. Antes de ese
trabajo había tenido otros y podía ejercer otros después, pero eso ni ponía ni quitaba para quién
era yo. Así que me lancé a una nueva aventura profesional en 2021 y no he vuelto la vista atrás.
Ahora publico los contenidos que yo decido. Ayudo a personas de todo el mundo a escribir mejor. Es
algo que cayó por su propio peso. Ha sucedido simplemente porque un día decidí que iba a
escribir un articulito todas las semanas y lo iba a publicar. Después decidí que iba a grabar un
vídeo cada semana y lo iba a publicar. Y más adelante decidí que cada semana iba a escribir
una lección y se la iba a enviar a mis alumnos. Lo uno ha ido llevando a lo otro. Cuanto más haces,
más eres capaz de hacer. La decisión de trabajar con un plan me ha permitido ir creciendo como
creador y que mi producción se vaya ampliando de una manera orgánica. Hoy no concibo mi vida
sin esta maravilla que es crear los contenidos que yo quiero y que a mí me gustan para que aprendan,
mejoren y disfruten con ellos personas como tú que quieren escribir más y mejor. Lo importante
es tomar la decisión. Una vez tomada, yo sé que cada semana toca publicar un artículo en la web.
Una vez que decido que voy a publicar vídeos, sé que todas las semanas tiene que haber vídeo. Y
cuando empiezo a crear cursos, sé que todas las semanas tiene que haber ahí una nueva lección para
quienes quieren escribir mejor. Fijar un programa de publicación implica que el escribir artículos,
grabar vídeos o enviar lecciones es innegociable. No depende de mi estado de ánimo. No es algo que
tenga que improvisar. No voy a estar buscando un hueco para esa actividad. Toda mi agenda está
programada de modo que cada semana haya un artículo en la web, un vídeo en YouTube y
una lección para mis alumnos. Unas semanas me apetece más y otras me apetece menos. Algunos
días estoy de buen humor y otros me levanto con ganas de morder porque he dormido fatal. Unas
veces me salen mejor y otras peor. Pero lo importante es que siempre están ahí. Me tomo
mis vacaciones, naturalmente, pero eso también está programado. Como dijo Camilo José Cela,
la inspiración existe, pero te tiene que encontrar trabajando. A él le encontró trabajando y por eso
le dieron el Premio Nobel de Literatura. Si se hubiera quedado pensando o esperando a las musas,
hoy no sabríamos quién fue ese señor. Yo empecé dedicando mis días a esto. No,
empecé reservando una horita semanal para escribir un articulito que publicaba inmediatamente en el
blog de lengua. Una hora era lo que me podía permitir en aquel entonces. La vida no me daba
para más, pero una hora sí que podía dedicar. Una hora no parece nada, pero esa primera hora es la
que permite añadir una segunda hora más adelante y después otra y otra y otra. El primer artículo
es el que abre la puerta para el segundo y ese al tercero, que será mejor que los anteriores,
y así sucesivamente. Yo podría haberlo hecho de otra forma. Podría haberme dicho a mí mismo
tranquilamente algo así. ¡Ay, ahora estoy muy liado! Cuando tenga tiempo, ya me pondré. En ese
caso, seguiría igual de liado. Estaría lamentándome y esperando a la jubilación. ¿Y sabes qué?
Tampoco tendría tiempo cuando me jubilara, porque el tiempo no se tiene o se deja de tener. Se dedica
a unas cosas o a otras. Cuando algo es una prioridad, le asigno tiempo. Y si no lo es,
nunca encuentro tiempo para ello. Tú puedes crecer como autor. Tú puedes crear tu obra. Tú puedes
publicar. Si yo lo puedo hacer, tú lo puedes hacer. Si tu vecina ha escrito un libro, tú
puedes escribirlo también. Si tu compañero de trabajo ya ha publicado una novela, tú también
puedes. Se trata de querer. Todo depende de una decisión. Es imprescindible que tomes una decisión
consciente y que programes en tu agenda el tiempo necesario para ello. No va a ocurrir por casualidad.
Si no está en tu agenda, no existe. Y no existe porque no es prioritario. Yo empecé con una hora
semanal. ¿Tienes una hora todas las semanas? Si tienes una hora, puedes empezar a escribir. Si
tienes tiempo para enredar en el móvil, tienes tiempo para escribir. Si tienes tiempo para ver
una serie, tienes tiempo para escribir. Si tienes tiempo para tirarte en el sillón los fines de
semana, tienes tiempo para escribir. ¡Cuidado! Yo sé que las posibilidades de cada persona son
diferentes y además van cambiando a lo largo de la vida. No es igual la situación de una
mujer que está empezando su carrera profesional o la de un padre que tiene dos niños pequeños o la
de un ingeniero jubilado que se ha quedado viudo. Pero siempre hay oportunidades para crear.
Simplemente, soy escéptico cuando la gente me dice, yo es que no puedo, yo es que yo no tengo
tiempo para escribir. Casi siempre, no tengo tiempo significa no es importante. No puedo es no quiero.
O a veces no me atrevo. Te lo digo por experiencia. Yo también decía, ay, no puedo, no tengo tiempo,
hasta que decidí que quería y que era importante. Hay quien encuentra tiempo para escribir y hay
quien encuentra excusas. Yo durante mucho tiempo me dediqué a buscar excusas hasta que me decidí
a dar el paso. A mí me interesas tú si eres de los valientes que deciden dar el paso. A veces,
viene bien ponerse de acuerdo con alguien que también quiere dar el paso. Otras veces,
la solución está en tener una obligación, tener a alguien a quien rendirle cuentas. A mí me ha
correspondido alguna vez la responsabilidad de asumir ese papel, ser el señor que está ahí
para que le rindan cuentas quienes quieren escribir. Porque a veces hay personas que tienen
todo lo que necesitan para escribir su libro y solamente les falta esa obligación. Alguna vez,
yo me he puesto ahí para que llegue a existir el libro de otra persona. Pero eso ya daría para
otro vídeo. El tiempo no se tiene. Se hace que la inspiración te encuentre trabajando. Envíale
este vídeo a ese amigo tuyo que todavía se lo está pensando. Quizás es todo lo que necesita
para dar el paso. ¡Hasta pronto, escritor!