Para qué leer

Blog de Lengua
10 seguidores
6 Visualizaciones de video·9 dic 2024
Visita el Blog de Lengua para escribir mejor: https://blog.lengua-e.com/
Hola, escritor, hola, lector, soy el profesor Alberto Bustos y estoy aquí para ayudarte a escribir mejor. Esta semana me he hecho una pregunta y quiero compartir la respuesta contigo. De vez en cuando, me gusta preguntarme para qué hago las cosas. ¡Cuidado! No por qué, sino para qué. Hay un matiz. Tener claro mi para qué me aporta claridad. Por eso, me gusta sentarme con tranquilidad y escribir las respuestas a ese para qué. Lo de fijarlo por escrito también lo hago por algo. Escribir es para mí la mejor manera de pensar.
¿Para qué leo? Esa es la pregunta y estas son mis respuestas. Me interesan también las tuyas. Déjamelas en los comentarios.
Hola, escritor, hola, lector. Soy el profesor Alberto Bustos y estoy aquí para ayudarte
a escribir mejor. Esta semana me he hecho una pregunta y quiero compartir la respuesta contigo.
De vez en cuando me gusta preguntarme para qué hago las cosas. Cuidado, no por qué,
sino para qué. Hay un matiz. Tener claro mi para qué me aporta claridad. Por eso me gusta
sentarme con tranquilidad y escribir las respuestas a ese para qué. Lo de fijarlo por escrito
también lo hago por algo. Escribir es para mí la mejor manera de pensar. ¿Para qué leo? Esa es
la pregunta y estas son mis respuestas. Yo leo para mantenerme joven, no joven de cuerpo, que
quizás también. Se trata de mantener mi mente en forma. La lectura diaria es el secreto para que
el intelecto funcione como una máquina bien engrasada. El cerebro es un órgano como cualquier
otro. La mejor forma de conservarlo es ponerlo a trabajar. Así me mantengo fuerte de cejas para
arriba, porque esa es otra particularidad del trabajo intelectual. El cuerpo tiene unos años
de juventud y después poco a poco va declinando. En cambio, la mente puede seguir creciendo y
fortaleciéndose si la sabemos tratar. Eso lo he visto yo y lo has visto tú en algunas profesiones
intelectuales. Esos profesionales van mejorando constantemente con los años. Yo todos los días
leo para poner mi cerebro a funcionar. Me gusta seleccionar obras exigentes. Es una sesión de
pesas para mi mente. A mí me funciona. Pruébalo y cuéntame después el resultado. Además, leo para
mantenerme al corriente de las últimas tendencias. Este para qué está muy relacionado con el
anterior. He tenido la suerte y el privilegio de llegar a la cincuentena. Son más de 50 años
viviendo en este planeta, conociendo gente, descubriendo ideas, aportando las mías a los
demás, navegando el cambio constante que caracteriza a los tiempos que nos ha tocado vivir. A mí me gusta
vivir en mi época. Ahí es donde quiero seguir. A medida que el mundo se mueve, yo avanzo con él.
Quiero seguir en la cresta de la ola. Para eso necesito leer. Leer a diario, leer con intensidad,
leer con criterio. Mientras cumpla esa tarea, retendré la agilidad necesaria para mantenerme
al día. Así me aseguro de que las novedades trabajan para mi favor e incluso tengo la opción
de aportar yo algunas a la discusión. Este otro para qué se relaciona con el anterior, pero prefiero
mantenerlo separado. Yo leo para aprender cosas nuevas. Quiero conocer un país mejor. Leo sobre
ese país. Quiero adquirir una nueva habilidad. Estudio con los mejores textos que puedo encontrar.
Necesito superar un reto. Acudo a los expertos que han publicado las mejores obras sobre la
materia. Deseo encontrarme conmigo mismo. Me pongo al habla con los maestros de la espiritualidad.
No importa lo que quiera aprender porque sé que siempre hay un libro esperándome con la solución.
Leer para aprender está bien, pero nunca me basta con lo que he aprendido. Leo constantemente para
superarme en los ámbitos que ya conozco. Yo soy filólogo de formación. Lo mío es la lengua y la
literatura. Llevo toda una vida enseñando. Lo que más me gusta de mi profesión es ayudar a
otras personas a escribir. Por eso mismo estudio a diario para ser mejor filólogo y mejor profesor.
Eso me permite acudir aquí semana tras semana y aportar algo. Por eso puedo ayudar a mis alumnos
a subir de nivel en su escritura. Gracias a eso ya hay personas que están terminando de escribir
su libro. Aprovecho para dar las gracias a quienes confían en mí para conseguir resultados. Además,
leo para poner a los mejores a mi servicio. Sí, sí, cuando leo pongo a trabajar para mí a las mentes
más potentes del planeta. Cuando estudio un libro, absorbo en diez horas el conocimiento y la
experiencia que ha acumulado durante toda una vida uno de los maestros universales de las ciencias
o de las artes. Muy importante. El siguiente para qué es importantísimo para mí. Si también lo es
para ti, tú eres uno de los míos. Yo leo para disfrutar con la belleza de las palabras, de las
frases, del idioma. Yo soy un enamorado de las palabras. Los sonidos del lenguaje son música
celestial para mis oídos. Un rato de lectura sosegada me permite regalarme con una de las
melodías más exquisitas del planeta. El sonido del lenguaje humano. También me sirve para apreciar
la elegancia en el estilo, la arquitectura del texto, la construcción de la frase. Puedo absorber
lecciones vivas de estilo, de gramática y de vocabulario que me llegan directamente de quienes
mejor han dominado el idioma a lo largo de los siglos. Solamente por eso ya me merece la pena
tomar un libro entre las manos. Por si todo esto fuera poco, yo leo para encontrar un oasis de
paz que está en mi interior y que se me revela cada vez que me sumerjo en los renglones de la
hoja impresa. Accedo a ese espacio maravilloso cuando alcanzo ese nivel de lectura profunda,
atenta, en que bebemos cada una de las palabras que encontramos en la página. Si tú has estado
ahí alguna vez, sabes de lo que te hablo. Para mí es una experiencia mágica quedarme a solas con un
libro por la noche, a esas horas en que todo está en calma a mi alrededor. Yo estoy ahí arropado y
protegido en mi sillón, con la luz justa para leer. Es mi forma de aterrizar suavemente después de los
afanes de una jornada de trabajo. Me trae paz, me inspira tranquilidad, me ayuda a encontrarme
conmigo mismo antes de dar el día por cerrado. Después de ese rato de lectura puedo irme a la
cama para dormir y reponer fuerzas antes de lanzarme a la aventura del día siguiente. Por otro lado te
confieso que no tengo lección. Leo para atender una pulsión, una necesidad que habita en mí. No
concibo mi vida sin leer. Desde pequeñito he sido un lector voraz. Eso ha marcado mi vida, me ha
convertido en la persona que soy. Si alguna vez me he sentido incapaz de leer, eso ha sido una
señal. Algo grave estaba pasando en mi vida. Cuando he retomado por fin los libros ha sido
porque las aguas volvían a su cauce. Leer me sirve para vivir otras vidas. Gracias a la literatura
puedo entrar en la mente de un caballero del siglo XVI. Puedo explorar el alma de una reina,
hacerme niño nuevamente, descubrir otros oficios, asomarme a culturas exóticas, desembarcar en
otros continentes, alcanzar los confines de la tierra e incluso lanzarme a un viaje interestelar.
Y todo eso mientras estoy en casa con mi mantita en el sillón. ¿Qué más se puede pedir? Por
supuesto, leo para inspirarme. Yo creo en el poder de la polinización cruzada para fertilizar las
ideas y que éstas fructifiquen. Para rendir al máximo en mi profesión yo necesito nutrir mi
cerebro con las mejores lecturas en el campo de la lengua y la literatura. Eso es imprescindible,
pero no basta. También suelo adentrarme en otras disciplinas. Por ejemplo, me apasiona la tecnología,
por eso rastreo a diario todo lo que se mueve en el ámbito de la inteligencia artificial,
internet, las redes sociales, la informática. Observo con lupa el mundo de la publicación y
la autopublicación. Leo la prensa generalista para mantenerme al corriente de la actualidad
internacional. Procuro seguir una dieta intelectual amplia y variada para que mis
ideas se críen sanas y robustas. Gracias a eso cada vez tengo más ideas y mejores. Sobre todo,
me siento agradecido porque encuentro en mi interior el impulso y la energía para poner
en práctica mis ideas. Mi objetivo es madurar, desempeñar mejor mi trabajo y mejorar el mundo
en la medida de mis posibilidades. Si este programa te atrae, te animo a que leas incansablemente.
Leo para exponerme a ideas frescas y audaces que me sacan de la comodidad de mi mundo. Eso que hace
unos años llamaban salir de la zona de confort. A mí me gusta asumir riesgos intelectuales,
confrontarme con visiones del mundo que suponen un desafío y que me impulsan intelectualmente.
Dicen que no hay libro tan malo que no contenga algo bueno. Por eso mismo me gusta explorar ideas
que están alejadas de las mías. Así voy detectando mis puntos ciegos, que son muchos. A medida que
estudio, que leo y que avanzo en el camino de la vida, voy teniendo menos certezas y más preguntas.
No sé si es bueno o es malo. Es lo que voy encontrando en este recorrido apasionante.
Claro, y como voy teniendo más preguntas, voy leyendo más para encontrar respuestas a esas
cuestiones que me inquietan y me estimulan, que me ayudan a estar vivo. Ya ves que esto
es una pescadilla que se muerde la cola. Cuanto más lee uno, más necesita leer. Cuando uno empieza,
ya no puede parar. Esto que voy a decir ahora es una razón de peso para mí. Yo leo para que
los escritores tengan lectores. Me gusta comprar libros. Los libros traen a mi vida un bien
incalculable. Las bondades que me aportan son infinitamente mayores que los pocos euros que
cuestan. Cuando me rasco el bolsillo para comprar un libro, hago un cierto esfuerzo económico. Sí,
eso es así. Pero, a cambio, recibo una inmensa satisfacción, porque sé que ese pequeño gesto
beneficia a muchísimas personas. Yo compro libros porque quiero que haya libros. El precio,
el precio de un libro, es modesto. Son cantidades irrisorias si las comparamos con lo que podemos
gastar en un momento en teléfonos móviles, en ropa, en cenas, en restaurantes, fiestas, salir
por la noche... ¡que me parece muy bien! Cuidado, todo eso está muy bien. Pero, para mí, en mi
presupuesto, los libros son una prioridad. Un libro cuesta un puñado de euros que están muy
repartidos. De ahí les llega su trocito a autores, editores, agentes, correctores, maquetadores,
impresores, diseñadores, gráficos, libreros y más, muchos más profesionales de la maravillosa
industria del libro. Si se me olvida alguno, que seguro que se me olvida, siéntete libre de
completarlo tú en los comentarios. Cada vez que tú y yo compramos un libro, estamos regando ese
ecosistema para que crezca y florezca. Esa acción tan sencilla hace posible que muchas personas vivan
de su trabajo, un trabajo que a menudo es una pasión. Leo para practicar idiomas. Aprender una
lengua extranjera requiere horas y horas de estudio y práctica. Después, ese conocimiento
hay que mantenerlo para que no se atrofie. Un ejercicio excelente para cultivar las lenguas
que uno aprende consiste en leer libros en el idioma original. Así no solamente preservamos
lo que sabemos, sino que vamos ampliando las estructuras gramaticales y el vocabulario. Además,
nos empapamos de la historia y la cultura de los países donde se hablan esas lenguas y donde se ha
creado esa literatura a la que accedemos en su idioma original. Y esto me lleva al siguiente
punto. Leer es una estrategia excelente para ampliar mi vocabulario en mi idioma materno y
en los idiomas que aprendo. Además, mejoro mi estilo fijándome en cómo manejan las palabras
los autores que han llegado a lo más alto en el dominio de un idioma. Yo no me conformo con
el vocabulario que ya domino. Todos los días adquiero palabras nuevas gracias a la lectura.
Y sobre todo, leer me sirve para aumentar mi humildad. No necesito agrandar mi ego. El ego
tiene la molesta costumbre de crecer por sí solo. No necesita estímulo. En cambio, sí que conviene
cultivar la modestia. Familiarizarme con el producto de tantas mentes maravillosas es un
baño de modestia del que yo me aprovecho con mucho gusto. Por eso mismo se lo recomiendo a cualquiera.
¿Y tú, para qué lees? Cuéntamelo en los comentarios para que me entere yo y nos
enteremos todos. ¡Hasta pronto, escritor! ¡Hasta pronto, lector!
