Este Asador está a las afueras de Madrid y lleva más de 90 años dando de comer a los Madrileños: se llama Mesón Fuencarral y conserva esa esencia tradicional de toda la vida en su ubicación junto a la carretera M607
El Mesón de Fuencarral es un restaurante con casi un siglo de historia que ha sabido preservar la esencia de la cocina tradicional castellana tanto en cocina como ambiente. Ubicado en las afueras de Madrid, este emblemático lugar se ha convertido en un punto de referencia para quienes buscan disfrutar de platos que evocan los sabores de antaño. Entre sus especialidades destacan los torreznos, crujientes y llenos de sabor, las croquetas de jamón ibérico y los huevos estrellados con patatas y jamón. Los asados, como la paletilla de cordero al horno o el cochinillo, son un imprescindible, elaborados con una receta que respeta la tradición y garantiza una textura jugosa y un sabor inigualable.
El restaurante se distingue por su ambiente cálido y acogedor, ideal para compartir en familia o con amigos. Las mesas, distribuidas en espacios que recuerdan las antiguas casas de campo, crean un entorno perfecto para disfrutar de una experiencia gastronómica única. Además, el Mesón de Fuencarral ofrece opciones para personas con intolerancias alimentarias, con una carta adaptada a celíacos que incluye desde croquetas sin gluten hasta escalope o postres caseros como flan o leche frita y otros tantos que pedí en mi comida.
Con un compromiso constante por mantener la calidad en sus platos y en el servicio, este restaurante sigue siendo un lugar emblemático para quienes desean revivir los sabores más auténticos de la cocina castellana. Ya sea para una comida familiar, una celebración especial o simplemente para disfrutar de la tradición culinaria, el Mesón de Fuencarral es una elección que nunca decepciona. Yo le descubrí leyendo prensa gastronómica y aquí te va mi reseña con la cuenta al final del video.
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Muy buenas a todos, soy Pablo Cabezali de Cenando con Pablo
y lo único a estar en mi vida es el hambre.
Hoy os traigo una nueva visita, visita por tierras madrileñas.
Estoy cerquita de casa, estoy en Madrid, pero las afueras.
Concretamente en un restaurante, en un mesón de carretera,
en la carretera M607, que si no me falla la memoria...
No, no creo que me falle porque la he cogido unas cuantas.
Es la que lleva Colmenar Viejo, Tres Cantos y demás.
Hoy vengo a este restaurante que lo descubrí antes de ayer.
Fue leyendo artículos de prensa, que sabéis que me gusta mucho documentarme
de la gastronomía en España y en todas partes,
y resulta que había un artículo, no me acuerdo de qué medio de prensa,
que decía los mejores restaurantes entre Madrid y Segovia para comer asados.
Y salí a este y dije, qué curioso, 92 años de historia.
Estamos en el restaurante El Mesón de Fuencarral,
un restaurante muy familiar, un restaurante tan familiar
que tienes justo aquí el parque, en el que ahora mismo hay niños.
Estamos en fin de semana, esto es todo hasta la bandera.
Tienen un parking inmenso con un montón de plazas para acapar,
que es el coche, y luego el espacio está distribuido
entre la terracita que tenemos aquí, unas cuantas zonas interiores.
Es ambiente clásico, tradicional de toda la vida,
ambiente de mesón, ambiente de asado castellano,
ambiente en el que se prepara esa cocina castellana.
Hoy vamos a tener una visita en la que va a haber platos clásicos,
platos de toda la vida, como es habitual, como de costumbre,
una gran cantidad, y por supuesto, si recomiendan este restaurante
por el asado, pues habrá que darle.
Lo dicho, 92 años de historia.
Si son tantos, por algún motivo será, así descubramos
si merece la pena la comida en este restaurante
y como de costumbre, al final del vídeo te enseño cuánto me ha costado.
Bueno, pues ya estamos aquí en el interior de Mesón Fuencarral.
Esto es viajar en el tiempo, ¿eh?
Qué guapo el restaurante, ¿eh?
Un look así, retro, castellano, segoviano.
Mola, mola, mola, mola.
Es que aquí no han renovado nada.
O sea, está todo...
Entonces me encuentro ahora mismo que es incomodísimo,
pero incomodísimo las cosas como son.
Son como una serie de... La sala que me encuentro ahora mismo
está decorada con un montón de detalles en madera,
tanto lo que es las sillas, las mesas,
todas vestidas con mantel.
Se siente un sitio medianamente elegante.
Las paredes bien decoradas, quesillajos, pimentones,
alguna que otra frase.
Está bastante curioso.
El ambiente ahora mismo es muy tranquilo.
He venido de los primeros.
Me ha hecho gracia una señora, la estoy comentando con un camarero,
que claro, que al final se me escucha y dice
¡Uy, siempre que llegamos está lleno!
Y yo, casualidad de la vida, esto lo reservé ayer,
ayer sábado, para hoy domingo, y había solo una mesa,
la una y cuarto.
Sería bueno que se quede libre, quizás.
Así que bueno, parece que el sitio de por sí está bastante afluenciado.
El parking que tienen en el exterior es enorme
y estoy convencidísimo de que en cuestión de media hora
esto va a estar abarrotado.
El público, presiento, que el que va a venir aquí
son sobre todo familias.
De hecho, cuando venía ya había algunas familias
que venían ahí con los niños y tal.
Y las trompeterías de la casa son los asados.
Pero bueno, antes de pasar al plano gastronómico,
deciros que el sitio de lo que enamora
y lo veo muy muy apto para venir con la familia
y celebrar un fin de semana, una comida,
o incluso algo de negocios.
Y presiento que la comida está muy bien.
Si el sitio lleva 92 años abierto,
mal no creo que lo hagan.
Pero bueno, la carta. Vamos a ella.
Una carta con una sección llamada para empezar.
Todos conocemos como entrantes.
Croquetas de la casa, que son de jamón ibérico y pollo.
Tienes también morcilla de Burgos, chistorra de Navarra,
tortilla española clásica,
tanto la tortilla española clásica como la con callos,
una miga de siempre con chorizo y huevos,
sesos de cordero leche al rebozado,
sopa castellana, calamares andaluza.
Y mola que tienes tanto el precio de la ración como la media
en los platos en los que está disponible.
Luego hay una ensalada rusa con pollo asado.
¡Ah, ese no me ha pedido! Tiene que estar bueno, ¿eh?
¡Qué rabia!
Bueno, salmorejo, ensalada,
anchoas llenas de aceite de oliva,
tomate rosa, setas, berenjenas,
flores de alcachofa, avitas, pisto...
Bueno, son cosas, la gran mayoría, clásicas.
Y para clásicos, la sección platos de siempre.
Tienes suelo intercoto, suelo malto,
suelo millo, albóndigas, escalope,
pollo al ajillo, un rabo de añojo estofado al vino tinto.
La sección de asado, la estrella de la casa,
que a ver no veo el horno, pero por ahí estará, imagino.
Tienes, por un lado, paletilla de cordero lechal
asada, que sale a 35, y es la raza churra,
de aranda, denominación de origen.
Churra, porque el rabito le hace así como un...
un rulito, como de los Simpsons.
Estirado, ¿cómo era?
No, con las palabras que hacía Homer Simpson.
Tienes también un cochinillo de cebollas asado,
que sale por 34, una poca cosa.
Y las chuletas de cordero lechal de aranda, por 26.
Una serie de pescados, como gallo,
cogote de merluza, raja merluza.
También los tacos, bacalao rape.
Y por último, los postres de la casa, que hay unos cuantos,
y el precio oscila entre 7 y 8 euros.
Vamos a ver cuáles son caseros, y se pedirán unos cuantos,
porque venir vengo, como siempre, bien hambriento.
Bueno, antes de empezar con los primeros platos,
que han llegado ya, han sido bastante rápidos,
voy a deciros una cosa que me sorprende mucho.
En pocos restaurantes, prácticamente,
te ponen un entrante de aperitivo, ¿eh?
Qué locura, tío, qué locura. Tenemos aquí el tomatito,
un tomate que desde luego se ve que va a ser bueno,
con la salecita.
Confirmo que está bueno. Y unas grandes
aceitunas, sin hueso.
Un buen comienzo.
Vamos con una elección que ha hecho el Menda.
Algo que, bueno, quienes habéis seguido su canal,
sabéis que soy un gran amante.
Os hablo del pisto con huevo
y jamoncito. Jamoncito, que se ve
que lo han cortado en un momento. El huevito está ahí
con las puntillitas, con la yema
lista para que haga así.
¡Guau! Y qué color, qué color, ¿eh?
Este es... Bueno, ya me comí un par
de huevos por la mañana para desayunar.
No me creáis que sea mal, porque ahora mi preparador...
Bien, la mesa, la primera que cambió.
Queda bonito, naranja sobre el mantel.
Hola, ¿qué tal? Muy buena noche.
Gracias.
Hola, ¿qué tal? Buenas tardes.
Que por la mañana para desayunar
tengo dos huevos tamaño L,
entre otras cosas. Bueno, vamos a hacer aquí
el zastás.
Y esperemos que el plato me recuerde al que me
hacía mi querida abuela Julia, que me encantaba siempre
que yo, como sigo haciendo,
le echaba cara y le... Bueno,
sigo haciendo. De hecho, sigo echando cara en la vida.
Pero le pedía que me pusiese
en dos huevos. Bueno, mezclamos
todo y
demostremos que somos inteligentes y cogemos la cuchara
para poder integrar todos los sabores
y confirmar
que es un pisto de la polla, ¿eh?
Madre mía.
Qué bien hecho, tío, ¿eh?
Buah, qué blandito está la verdura.
Cero acidez, bien de punto de sal.
El jamoncito riquísimo.
Madre mía, qué señor
plato, ¿eh? Jesucristo de mi vida.
Plato clásico, tradicional.
No falla, ¿eh?
Mi vida.
Nada más te sientas a la mesa, viene el camarero, te trae
la cesita con el pan. En este caso,
vamos a hacer dos cosas. Por un lado, combinar...
Esto es un placer.
Esto es un placer. Esto disfruta de
la comida. Esto disfruta de la comida.
Y otra cosa puedes hacer es
coger la miguita
y mojar aquí en el fondito,
que lo haré luego al final.
Contemplen.
De verdad lo digo, pobrecitos, aquellos a quienes
no les toquen en las esquinas de este restaurante.
Es incomodísimo, incomodísimo
comer aquí. De ver ya en un bar y llevo
15 minutos sentado. O sea, claro, tú si miras
en medio de la sala, tienes las clásicas sillas de madera,
todo genial, pero va en la esquina de allí.
Veo este día más, que es que te pasas aquí junto
a la pared.
Qué mal, tío, qué mal.
Pero bueno, si el local siempre ha sido así,
antiguamente se ha aguantado a la gente, pues ahora
tendrá que ser lo mismo, ¿eh? No vamos a hacer más especialitos
posternos millennials.
Buah.
Platito excelente
y vamos a dejar el mesón
bien limpio.
Bien, ¿no?
Cuidadín,
que seguimos encadenando cosas ricas.
Vamos con el salmorejo cordobés.
Nuevamente jamoncito, este jamón que tiene
muy buen aspecto, por supuesto. Tengo el huevito
aquí. Veamos si el salmorejo me convence.
Me llama la atención que de un salmorejo
no te ponen a hacer media. Es extraño, ¿no?
Si se lo harán en grandes cantidades, si lo hacen ellos,
digamos, para matarles y no lo hacen aquí. ¿Será que sí?
No sé. Bueno, vamos a ver qué tal. Con los salmorejos
se prueban muchos, ¿eh? A ver qué sucede.
Se lleva mucho pan, ¿no?
Minerva también.
No es un salmorejo suave, ¿eh?
Mola cuando entra el jamón en jugo.
Mmm.
Está, como decimos los madrileños, entre pinto
y gualdemoro. O sea, ni bien ni mal.
La mesa no lo puedo creer.
Bien patoso soy, ¿eh?
O sea, galo no está,
pero no me vuelve loco.
Pues literalmente
no me cautiva.
Vamos con cinco unidades. Cinco unidades
de sesos de cordero
de lechal rebozados.
Aquí los tenemos.
Estos son los más raros, ¿eh? Mmm.
En tantas plumas evoluciona el sabor, ¿eh?
De lo que es en un principio a lo que encuentra después.
O sea, no son
para todos los públicos, ¿eh? Si no te gusta la casquería
ni se te ocurra porque te va a chocar mucho.
Es que es raro, ¿eh? Ay, mierda.
Le he dado los cubiertos al camarero
y me he quedado sin ellos. O sea, me he quedado sin cuchillo.
Miren cómo es por dentro.
Me he rebozado
con patatitas caseras.
Vamos a ver si con limón mejora.
La verdad es que en la media ración
que vienen cinco sesillos, viene bien así
a modo de degustación, ¿sabes? Porque creo que
en el fondo tampoco necesitan más.
Con limón, casi que os diría
que mejor sin limón.
¡Qué maravilla, de verdad! El ritmo
al que van los platos. Sí que es cierto que ahora mismo la sala
está a un 20,
30% como mucho. O sea,
hay bastantes espacios libres. Pero va todo
pum pum pum pum y sale así, que no es el típico sitio
en el que entras a las dos y te vas a la seguida a la tarde.
Bueno, vamos con un plato
que la verdad es que no suelo pedir. No suelo pedir pero
creo que la ocasión me lo merece. Tenemos aquí
las migas con chorizo
y nuevamente con el huevito. Y sí, voy a hacer lo mismo.
Uy, bueno, qué lío.
Os acerco así a la sartén y contemplen.
¡Buah! ¡Dios mío! ¡Dios mío!
Mismo color de antes
porque se hará la misma tirada de huevos.
Han llevado el cuchillito.
Plato clásico esto, ¿eh?
Con un aroma
a ese picadillo de chorizo.
A ver, vamos a ver.
Con cuchara mejor.
¡Ostras!
Como mola la miga del pan, ¿eh?
Más el huevito, todo muy
enaranjado. El chorizo
muy tierno, de sabor agradable.
Está muy rico el plato, la verdad.
Decir algo que lógicamente
es evidente y es el hecho de que es un plato
cargante. Como comprenderéis, no es igual
cómo lo empiezas a cómo lo terminas.
Cuando digo cómo lo termino, no sé cómo terminar el plato,
sino cómo terminas y pasas a otro
porque te lo puedes terminar, pero
no es poca cosa.
Me parece que están muy bien hechas.
Ahí la tienes. Y como veis,
el servidor las está disfrutando.
Vamos con algo que el sitio
también invita a ello. Os hablo de la
sopita castellana. Aquí la tenemos con el huevito,
el ajo, el pan,
el huevito como escalfado. De hecho, mire,
ahí lo tenemos. Vamos a romperlo
y unificamos todo.
Lo emulsionamos. Va a estar bien caliente.
Lo presento para noviembre.
Como notas el pan,
la verdad,
esto ahora entra y va a ser una
ordinariedad.
Y va a ser una ordinariedad que no veas. Pero ahora que es noviembre,
tampoco hace frío, pero sí
fresquito. Y está así bien
calentito. Notas el jamón.
Está rico, ¿eh?
El camarógrafo me está atendiendo, señor.
Me da la mirada
y dice con mucho respeto,
¿le puedo saludar? Y yo, sí, por supuesto.
La verdad es que es muy majo el chico.
Bueno, aparte le noto desde el principio
una persona muy risueña y mal encontrarse
en un local que te recibe con los brazos abiertos.
Todos quieren bien, son familias.
Aparte, digo, la media es muy alta.
Creo que no hay nadie por debajo de 30. Bueno, sí.
Los niños.
Pero, en fin, gente de 18
a 30 años, no hay nadie. Ni siquiera yo,
que tengo ya 31.
Hostia.
Amigo. ¿Lo oís?
Llevan a planta arriba, ¿eh?
El camarógrafo va para allá.
Fuerte, tío, ¿eh?
O lo que se ve el recinto, cuando llegas con el coche,
yo me da que hay salones contiguos y cosas de esas.
O sea, no me creo que el restaurante sea solo esta sala.
Si luego me doy una vuelta, obviamente no lo hago
de primera, porque no me gusta decir que vengo a grabar
ni digo que soy yo.
De hecho, ahora el sabor ni siquiera está hecho a mi nombre.
Pero eso, que luego lo metan en esta tomada,
pero que ahora mismo no me he ido a explorar
cómo es el local.
De verdad lo digo, está la sopa
fantástica, ¿eh?
Gente, una cosa y otra.
Se disfruta que no veas. En la vajilla,
aquí en la presentación,
se nota que ha pasado el tiempo.
Es un plato que
me está encantando.
El pisto de huevo.
Bueno, vamos a
comernos uno mismo, porque sí, porque yo en muchas cosas
soy un cochinillo. ¿Sabéis cómo pongo la mesa
a la primera de cambio? Y vamos con el asado.
La estrella de la casa, aquí lo tenemos.
Cruje, pero tampoco es una locura.
Mira, aquí está blandito, pero bueno.
Vamos a ver qué tal. Oh, aquí sí, aquí sí, ¿eh?
Parece que se resquebraja la tierra.
Bueno, vamos con este cochinillo.
Cochinillo que le he preguntado a ese chico tan encantador
que me está pidiendo que si tenía un horno de leña dentro
y me ha comentado que no, que es un horno convencional.
Vamos a ver qué tal sabe.
Me llama la atención que por encima lleva
ajillo. A ver.
Ya empieza a escortarlo y te viene ahí
todo el eo de cochinillo,
todo el aroma, sube para arriba,
te entra por aquí por la fosa nasal,
sigue por la pituitaria, tu cerebro lo empieza a identificar
y te empiezan a activarse los jugos gástricos
y dice... Pablo,
vas a comer cochinillo en cuestión de segundos.
Pues lleva
perejil, sal y el propio ajo
y un poquito de aceite y ya todo lo que coge
al hacerlo. Fantástico. Bueno, placer.
Jesús, que tierno
se ha quedado por dentro, eh. Madre mía.
Contemplad, eh. ¿Lo veis?
Se ve, ¿no? Madre mía.
Está muy blando, eh. Muy tierno. O sea, lo que es
el interior, se nota el saborcito
de ajo en todo momento.
Es su estilo. Yo personalmente
soy más clásico. Agua, sal
y a correr.
Me encanta ese crunch que tiene la piel.
Está muy rica. La piel está
francamente buena, eh. O sea,
así probada sola
no voy a hacerme el chulo. Estoy bastante
lleno, eh.
Me empiezo a notar ya la tripa
que va más para delante de la cuenta.
Aunque también os digo,
cuando más notas que estás
comiendo demasiado, no es cuando te ve la
tripa, la tienes muy para delante. No, no, no. Es cuando empiezas
a subirte la temperatura. Cuando empiezas a notar calorcillo,
que está tu carita más caliente,
que te bajan por aquí los uberes,
a ese momento es cuando debías empezar
a preocuparte y pensando en el
acelerador que tienes así, levantar el pie del pedal
así, así, así, hasta que digas, bueno, tráeme la cuenta
que me voy a mi casa a echarme una siesta.
La verdad es que la parte salada,
muy rica, y confesaros que
estoy lleno, pero
intrigado por la dulce, que al final
se ha resborado con el que te vas a casa. Deseando saber
cuáles son caseros y cuáles
recomienda aquel compañero.
Qué rápido va el servicio,
de verdad que estoy encantado, macho. O sea,
en hora y media voy a haber comido.
O sea, no tengo prisa, hoy es domingo,
día de chill y demás, pero que veáis
que tan rápido en un restaurante, como relojería
pum, pum, pum, pum. Se agradece un montón, porque hay sitios
con una pasimonia, pides algo, no llega,
tarda el plato, te tienes comido tres horas,
luego hablo mucho, y ha llegado el postre,
he pedido la cuenta, y en 10 segundos me la ha traído el tío, macho.
Y bueno, seguro que la cosa va fluida,
y le va la gente contenta, disfrutando, comiendo,
y es para hacerlo yo también. Con el único postre que he pedido,
lo sé, he fallado, solo he pedido uno,
creía que iban a ser más, pero
no había ninguno así que me volví ese loco,
y sé que luego lo voy a pasar mal,
porque me encuentro ya bastante lleno, ¿sabes?
A veces hay que dejar de lado el orgullo,
no solo las relaciones, también con la comida,
de todas relaciones con la comida, y contenerse.
Vamos con esta tarta de queso, no tanto fea,
visualmente hablando, así como muy brumosa,
y un heladito que parece, no sé,
fresa sin nata, o no,
o fruta del bosque, no sé.
Bueno, vamos a ver qué tal la tarta,
sabe mucho a queso, está buena.
Para mí, personalmente, notable.
Bajo, notable, bajo.
Qué rico el heladito,
como... heladito como de fruta del bosque,
y combinado con la tarta,
mola. Pero,
veamos si la cuenta mola.
¿Cuánto va a ser todo? La verdad es que ahora mismo,
ni idea. El cochinillo eran 34,
le he pedido bastante, vamos a decir...
98.
No me lo puedo creer,
no me lo puedo creer.
No me lo puedo creer.
Os juro que estas cosas no las miro antes,
porque pierdo la gracia.
Perdón, voy a hacerlo como siempre. El total,
por comer en este
mesón de carretera, casi centenario,
aquí en Madrid, ha sido de
97,50 euros.
Bueno, obviamente.
Tomate y aceitunas,
2,80. El agua
de cabras, que es esta de aquí, que es un litro.
No, sí, un litro. Pues al cristal
lo suyo, eh. 3,70.
La media miga es 9, la media
seso es 11. Salmonejo, 14.
Sopa castellana, 15. Cochinillo, 34.
Tarta de queso, 8. Lo he dicho.
97,50. Precio razonable,
la verdad. Y una experiencia
molona. Una experiencia, desde luego, para
venir con la familia. Aquí
veo gente mayor, es que
ya te digo, la media es de 40 para arriba.
Alguna familia que viene el padre con los hijos, alguna pareja,
grupos de amigos, te lo he dicho.
El público es avanzadito. Vamos,
que la media aquí sea alta no significa que si tú
me estás viendo y tienes 20 y pico, no vayas a venir aquí,
vayas a disfrutar. El tradicional mola.
Siempre he dicho que sin tradición no hay vanguardia.
Y, desde luego, que me la he pasado muy bien.
Creo que se me ha notado en el vídeo. Los mejores platos
para mí, sin duda, el pisto con huevo
y la sopa castellana. El cochinillo está rico,
se disfruta, pero los claros ganadores son esos dos.
Y poco más que decir. Más sea de que
toca siesta en cuanto llegue a mi casa. Yo tengo media ahorita.
Gracias por ver el vídeo y, como de costumbre,
nos vemos en el siguiente.
Madre mía, termino el vídeo, me doy al baño
y resulta
que tienen este mega salón
con vistas a la vida.
Y luego, aparte,
toda esta zona aquí. Ojo, esto me da
que es una ampliación posteriori porque no tiene
ese encanto que tiene el otro. Pero flipas, eh.
Y luego aquí, todos los cuadros
hebridades. Está aquí
el...
el que era el presidente
en la que yo vivía, ¿no? El Juan Costa.
¡Ostras!
¡Qué bueno, tío!
No, no, luego sí tengo una historia
y en mi historia ya queda el recuerdo
y seguro que algún día vuelvo.