¿Cómo sanar tus heridas y dejar de temer al pasado? Enfrenta tus miedos y comienza a sanar hoy

Ismael Cala
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30 Visualizaciones de video·17 dic 2024
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¿Cómo sanar tus heridas y dejar de temer al pasado? Enfrenta tus miedos y comienza a sanar hoy
Impactada con todo lo que has contado. Bueno, te abrazo a la distancia. Gracias,
gracias. Que fuerte. Y que a veces uno no tiene tiempos de contar estas cosas porque la verdad,
bueno, pues, sabes, es cosas muy íntimas que yo digo, las cuento porque tu programa es Vida y
hay que contar las vidas de milagros. No, no, no, pero además tus propias, o sea, eso,
lo que estás contando va a permitir también sanar a otros. Sí. ¿Me dejo entender? Porque
todos tenemos heridas. Todos. Y a veces los papás no son tan conscientes también de lo que hacen con
los niñitos o los, no sé, hay tantas cosas irresueltas, ¿no? Sí. Pero qué fuerte lo que
me ha quedado. Escúchame, ¿cuántos años tenías cuando se hizo ese círculo y te fuiste ese colegio
de? 15 años. 15 años. ¿Es la única vez que pensaste en quitarte la vida? Sí. Es la única
vez que yo recuerdo que fue un pensamiento algo atemorizante dentro de mí. Ok. ¿Ves? Yo he tenido
episodios de vértigo, hasta que entendí que el vértigo es un miedo innato en el ser humano, el
miedo a las alturas. Que tú no tienes que sentirte enfermo, ni sentir voces, ni nada, para asustarte
estando en un piso 130 de que te vas a caer. Es uno de los miedos innatos, al igual que los miedos
a sonidos estridentes. Si a un bebé recién nacido tú le haces, ¡uh! Él va a llorar, porque es un sonido
estridente, que por supervivencia le da miedo. Las alturas a los seres humanos estamos diseñados
para que nos den miedo, porque no volamos. Hemos inventado cómo volar, pero naturalmente nosotros
no tenemos la capacidad de volar únicamente con nuestro cuerpo. Entonces está hecho ese miedo
para que tú sepas que un abismo atenta contra tu vida. Correcto. Y es normal. Por eso te digo que
sí, que yo creo que la única vez, así con seriedad, que yo recuerdo que eso pasó como idea en la
cabeza, fue esa vez. Claro, y esto me lleva a repreguntar que abuelo que se ahorcó, tía que se ahorcó,
papá que quiso ahorcarse, pero no pudo lograrlo. Entonces imagino que muchas veces en tu vida ha
estado este fantasma, porque dicen que se heredan, que hay quienes suicidas. Sí. Porque claro, el fantasma
de suicidio. No necesariamente padre que se ha suicidado, abuelo que se ha suicidado, yo me voy a
suicidar. Claro. Mi padre alcohólico, mi abuelo alcohólico, yo voy a tomar todos los días. A ver,
¿cuál es tu teoría? Mira, yo por mucho tiempo, como la mayoría de los seres humanos desinformados,
creía en ese fatalismo o determinismo genético, de que tus genes, no hay marcha atrás y de que lo
que vivió tu abuela, tu bisabuela, tu papá, te toca. Y por lo tanto, uno no sólo honra el linaje de los
ancestros, sino que tácitamente compra de su tienda familiar. Correcto. Entonces, a mí me cambió la
vida el doctor Bruce Lipton. Yo le llamo el padre de la epigenética. La epigenética es por encima de
la genética. Es un científico médico que habla de que los genes, efectivamente, tienen un mapa. Y ese
mapa sí contiene el cáncer de tus ancestros, las enfermedades múltiples. Ok. Pero el mapa no es el
edificio, el mapa no es el territorio, el mapa es el mapa. Entonces, él lo que dice es, ok, ya se ha
demostrado que los genes están ahí, pero no necesariamente todos se van a activar. Algunos
pueden permanecer dormidos si no hay un disparador que los comienza a activar. ¿Y de qué depende?
¿Cuál es el principal disparador de que algo se active? El poder que tiene el decreto de tu palabra.
De tu pensamiento. Yo sé que yo tengo que cuidarme. Yo sé que mi cerebro tiene una química especial.
Yo sé que nosotros somos tres hermanos que hemos venido de papá y mamá y los tres hemos tenido
situaciones y desafíos enormes. Uno de mis hermanos vive diagnosticado con esquizofrenia, gracias a
Dios, bastante funcional, medicado, el arrope de la familia, el amor de su esposa, sus hijas, nuestra
familia. El otro hermano tuvo problemas serios con alcoholismo por años hasta que decidió y yo a
los 15 años fui el primero. O sea, a mí me tocó antes que a ellos y yo creo que la ventaja de que
me haya tocado antes entender que la salud mental para mí era una disciplina de estudio, me hizo que
hoy yo pueda dirigir un seminario que se llama Maestría de Vida, donde, por cierto, generalmente
tengo a psicólogos, psiquiatras y médicos en la audiencia, porque no estudiaron. Aún siendo
psicólogos, psiquiatras y médicos, no estudiaron en sus escuelas profesionales de muchos de los
temas que yo les voy a contar ahí. Entonces tú crees en el decreto, en la mente, tú dices que a
los 15 años tú le dijiste a Dios, sálvame, yo no quiero terminar así, con electroshocks, no quiero
terminar en lo que está mi padre. Y al mismo tiempo no me quedé siendo un parásito de ese Dios en el
que creo. Hay mucha gente que es parásita de su fe, que sólo pide y nada hace, y yo no creo en eso,
yo creo que tú tienes libre albedrío, que tú puedes pedir y decretar y al mismo tiempo decir,
yo no estoy aquí sólo para recibir y esperar, yo estoy también para tomar decisiones, mis hábitos
hacen mi destino. A mí me ha salvado la vida esto, ¿ves? No meterme tanto en mi cabeza, porque en
inglés dicen, if you stay in your head, you're dead. Si te quedas en tu cabeza, estás muerto, te mueres.
Y hay mucha gente que eso es lo que le ha enfermado, es un estreñimiento, una constipación
crónica intelectual. Decidiste estar más en tu corazón. Claro, claro, y el corazón es maravilloso,
porque cuando la mente no te da razones para sonreír, si tú vas al espacio del corazón y tú
sientes que hay un latido, yo digo, hay un latido, ¿qué más quiero? Si hay un latido es que está
alguien por encima de mí, refrendando que mi vida tiene un sentido. Y eso es más que suficiente,
para yo reconectarme con positivismo, optimismo, gratitud, un norte que sé que va a tener soluciones
a lo que hoy yo no le encuentre soluciones, es conectarse con eso. Ahora, si uno no está conectado
con esto, créeme que aquí te enloquecen. Así, claro. Los pensamientos, las situaciones, las carencias,
las enfermedades. O sea, tú crees en la disciplina de la alegría. Sí, así yo le llamo. ¿Y por qué? Porque quizás
yo he tenido la necesidad de, al no tener un cerebro promedio, yo me creo neurodivergente o
neurodiverso. ¿Por qué? Porque a pesar de que yo nunca fui diagnosticado con autismo, síndrome de la
deficiencia de atención y la cantidad de cosas, yo sí sé que tuve un cerebro y una mente comprometidos
hacia lo negativo y lo tóxico. Porque lo viví. Sé que tuve un tratamiento con antidepresivos prescrito
por un psiquiatra y sé que decidí ser yo quien controla mi salud mental y nadie más. Y la verdad
me ha ido espectacularmente bien. Cada vez siento que tengo una mente que es un órgano cooperante
hacia el progreso y el bienestar y no como sentía antes, que mi mente era casi mi peor enemigo.
Dímelo, desaqué, ¿qué es lo que siempre te dices cada mañana para esta, para ejercer esta
disciplina de la alegría? Eres un hijo predilecto de Dios, no le defraudes. Bien dicho Ismael Cala.
