¿Te limita lo que crees? Aprende a romper las cadenas de la superstición | Ismael Cala

Ismael Cala
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4 dic 2024
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¿Te limita lo que crees? Aprende a romper las cadenas de la superstición | Ismael Cala
Es un número interesante, ¿verdad?
Hay como una mística con el número 13.
A mí me encanta el número 13.
De hecho, porque en Cuba escuchamos frases muy
simpáticas y divertidas, sobre todo aplicables a los varones,
con el número 13.
A lo mejor ustedes ya se lo saben.
Pero en culturas, el 13 se ha asociado con un número como que
Y de hecho, a llegar al extremo de que hay edificios en algunas
capitales y ciudades del mundo que se saltan del 12 al 14 y no
tienen piso 13.
Así somos los seres humanos.
Hay superrestricción. ¿Por qué?
Porque nuestra realidad está basada en nuestras creencias.
Y muchas veces cuando queremos más abundancia,
la abundancia no se produce porque nuestras propias
creencias viven con un férreo apego a eso que creemos ser,
a esa malla, ¿verdad?
Además, es aquí doble.
Malla, en español, es cuando tú tienes una mallita o una malla
que no te deja ver más allá.
Malla, con Y en sánscrito, quiere decir ilusión, engaño.
Entonces, hoy, día 13, va a ser maravilloso.
Es un día de muy buena fortuna.
Es un número de gran suerte y abundancia para todos.
Y vamos a hablar de la abundancia y la ley del
desapego, que es una ley importantísima para
entendernos como generadores, vórtices,
centrífugas de buena energía y de creatividad incesante.
Porque si alguien me pregunta a mí,
y creo que hoy lo voy a comentar en el concepto del doctor
Simon, creatividad incesante para mí es abundancia.
Yo sé que soy abundante cuando sé que puedo ser siempre
creativo, que siempre podemos gestionar una solución creativa
a las situaciones de la vida.
Entonces, bienvenida, bienvenido a este día 13,
abundancia y ley del desapego.
Y quiero comenzar recreando una situación que quizás para ti
puede ser familiar.
Y a lo mejor eso te ayuda a ir a tu infancia a los 3,
4 añitos, puedes cerrar los ojos o dejarlos abiertos como
quieras.
Pero imagínate que tienes 3 o 4 años,
pronto descubres que eres el último en irte a buscar a la
salida de la escuela, tus papás y que todavía no llegan,
ni mamá ni papá están allí, ¿verdad?
Y qué pensamientos pasan por tu cabecita, qué emociones.
Te quedas ahí, dices, bueno, ¿y dónde está mamá, papá?
Ya los demás niños se fueron.
Y de momento ves que alguien se acerca y tú te vas sonriendo.
Y la persona que es tu mamá viene acercándose,
abriéndote los brazos.
Pues si tienes los ojos cerrados y estás imaginando eso,
qué bonito, qué bonito que puedas reconectarte con el niño,
la niña pequeña que en esa escena y a lo mejor nos pasó
porque nuestros padres tenían que venir a buscarnos a la
escuela o tu nana o tu toro, tu tora, ¿verdad?
Es lindo sentir eso porque nosotros somos seres sociales y
sobre todo en la niñez necesitamos mucho de ese cariño,
de ese arrope, de ese apoyo de mamá, de papá,
de nuestros seres queridos.
Ahora, imagínate que pasa el tiempo, ya eres un joven,
una joven, ya tienes tus amigos propios, tus amigas y se van de
viaje un fin de semana y te vas con tus amigos y ya tienes
novio, novia, esos noviecitos de la adolescencia que son amores
muy tórridos y te vas de viaje con amigos y tu pareja lo
respeta, lo ve bien, no hay problemas,
pero cuando aún no has hecho más que llegar al destino,
empiezas a recibir un mensaje tras otro y un mensaje tras otro
y un texto tras otro donde te expresa que te echa de menos,
que no te has ido y ya te extraña, ¿verdad?
Y el tiempo va pasando y tú te sientes en vez de relajado,
relajada, pasando el fin de semana con tus amigos,
algo coaccionada o coaccionado.
No te está pidiendo que vuelvas,
pero sabes que la otra persona te está mostrando que está
inquieta, que está inquieto, que con esa cantidad de textos hay
como una especie de sutil desconfianza de lo que pudiera
ocurrir, de que te fijes en otros, de que algo pase, ¿no?
De que le dejes o la dejes.
Y la verdad, te pones a pensar en eso y empiezas a dejar de
disfrutar esa salida de fin de semana con tus amigos.
Yo creo que son dos eventos, uno más en la niñez,
cuando más necesitamos desde el apego,
la contención de mamá, de papá, de nuestros seres queridos.
Y el otro ya en una etapa donde somos más autónomos y estamos
incluso buscando espacios de libertad,
espacios de individualidad.
Entonces, la ley del desapego es muy,
muy valiosa para entendernos como seres ilimitados,
abundantes, creativos, solventes por nosotros mismos en cuanto a
inteligencia emocional y espiritual se refiere.
¿Y por qué digo esto?
Porque hay una frase de Buda y fíjense que no he mencionado
tanto a Buda, más a Jesús y las Sagradas Escrituras,
pero ahora me descargó esta frase maravillosa de Buda y del
budismo que dice que la causa mayor del sufrimiento humano es
el apego, es el apego.
Y ponte a pensar, ¿es cierto?
¿Qué nos hace a sufrir a nosotros más que cualquier otra
cosa?
El apego.
Porque hasta cuando un ser querido se va y lo perdemos,
el duelo que es natural, la tristeza que es natural,
se extiende en un sufrimiento innecesariamente prolongado por
tu apego, por tu apego a pensar que porque esa persona
desencarnó y ya no tiene cuerpo y tu añoranza de que siga
teniendo cuerpo hace que tú no puedas pasar la página y desde
la negación ir a una negociación con el hecho y luego una
aceptación amorosa y una celebración de su energía en
legado de vida, que es el proceso que debemos tener.
Porque obviamente hay tristeza cuando alguien muere.
¿Cómo no va a haber tristeza?
Dios mío, no vas a sentir tan frecuentemente su voz, su olor.
Te va a tocar a ti hacer el trabajo que ahora no haces de
invocar esa energía porque ya la otra persona no te puede llamar
por teléfono.
Y si tú no estás presente, aunque quiera estar ahí
manifestándose en espíritu y conciencia alrededor tuyo,
si tú estás en tristeza, que es una vibración tan baja,
obviamente ni siquiera puedes recibir la presencia sutil de
una conciencia que quiere decirte no me fui, aquí estoy,
aquí sigo, estoy más presente que antes porque no tengo cuerpo
y al no tener cuerpo mi energía viaja a la velocidad de la luz
o más.
Pero como nosotros estamos encerrados en la ausencia y no
celebrando las presencias, porque fíjense,
esto le pasó a una gran amiga mía que perdió a su hijo y yo
lo sufrí mucho porque era uno de mis amigos,
un ser humano increíble, amigo de la adolescencia y la
infancia.
Y su hijo muere con su esposa embarazada y mi amiga no fue
capaz de celebrar a su nieta por mucho tiempo porque su foco
estaba en la ausencia, su foco estaba en una pelea hasta con
Dios, un no entendimiento, un no entendimiento de por qué su
niño murió, por qué mi amigo murió, por qué su hijo murió.
Y yo le trataba de explicar hasta que me tuve que alejar,
alejar, porque vi que ya era un proceso donde ella no quería
intervención ninguna.
Ella quería seguir por un tiempo peleada con Dios y con el
mundo.
Y yo me alpejé y le di mi regalo de la Dios.
Y ya creo que es tiempo.
Quizás ya es tiempo de volver a unir, a llegar allí.
Pero por un tiempo era muy tóxico,
muy tóxico estar al lado de una persona que se aferraba a estar
en lucha hasta con la divinidad.
Cuando hay cosas que hay que entender,
si uno sale de trabajar en una disco y está exhausto porque
no ha dormido y los reflejos fallan,
lo más probable es que termines en un barranco.
Es lo más probable.
Y hay cosas que pueden ser entendibles.
Pero habría que preguntárselas demasiado a Dios,
porque nosotros tenemos individualidad,
libre albedrío, poder de elección.
Entonces, el apego es una actitud que nos deja encadenados
al pasado.
Mientras tanto, la vida continúa sucediendo.
Niñez, adolescencia, madurez, eso que llaman vejez,
que a mí ese término como que no me gusta mucho, ¿verdad?
Porque está asociado con decrepidez.
Y yo quiero llegar a esa etapa más adulta de la vida,
con una mente sana, alerta, un cuerpo vital.
Y para eso estoy trabajando.
Lo que me espera en el camino ninguno de nosotros lo sabemos,
pero lo que sí podemos saber es cómo estamos condicionando con
nuestros hábitos, conductas, patrones de pensamiento y estilo
de vida.
Esa posible tercera o cuarta edad para disfrutar la sabiduría
acumulada con nuestros años.
Entonces, nuestra existencia será más armónica si
acompañamos esos ciclos naturales.
Cuando así no ocurre, la vida no fluye, sus aguas se estancan.
Y entonces empezamos prácticamente a pegarnos,
aferrarnos a cualquier hecho, evento, situación, personas.
La dependencia psicológica no discrimina,
se establece ante cualquier aparente necesidad.
Por ejemplo, apego a las personas que amamos o
admiramos.
A mí me ha pasado con amistades y he sentido apego y digo, wow.
Y ya esta persona no está tan cerca como estaba.
Y esta persona es más cercana a estas otras a las que yo le
presenté.
Qué interesante proceso de vida.
Y ahí mismo digo, Ismael, apego que ya no es tan saludable,
porque te está moviendo cosas que no son bonitas dentro de
ti.
Apego que hay que trabajar y dejar ir,
porque te está dando información de que tú sientes posesión,
algún derecho sobre el otro o los otros.
Y a todos nos va a pasar porque somos seres humanos.
En esa búsqueda consciente de entendernos desde dónde estamos
vibrando, desde qué estado emocional de conciencia estamos
relacionándonos con otros a nuestro alrededor y estamos
interpretando.
Porque recuerda, tú lo único que haces con tu mejor esfuerzo y
tu mejor habilidad hasta hoy es interpretar qué sucede contigo.
Interpretar.
Ni tú ni yo somos capaces de describir el mundo tal cual es,
porque somos muy subjetivos.
Tú y yo lo único que hacemos en la mejor medida mientras mejor nos
conocemos y mejor estudiamos la verdad profunda es intentar
describir el mundo tal cual somos.
Por eso cuando tú cambias y te elevas,
tu interpretación del mundo se parece más,
hace un match más cercano a lo que verdaderamente es.
Vamos bien hasta aquí.
Pero hasta hoy tú tienes que decir,
¿dónde está mi interpretación que hago subjetivamente de la verdad
profunda del mundo tal cual es?
De lo que existe y yo no veo.
De lo que existe y soy ignorante porque no lo conozco aún.
No ha llegado todavía a mi campo de conciencia expandida.
Vivir es una maravillosa aventura.
Vivir es una escuela de vida para toda la vida.
Donde uno no se gradúa nunca.
Esos son los títulos dados por las universidades para hacernos entes
productivos y capacitarnos en algo.
Una fracción del conocimiento y la sabiduría del mundo y está muy bien.
Yo creo en la educación superior, creo en educarnos.
Ahora qué pena que la mayoría de la gente no se dé cuenta.
Ustedes sí están aquí invirtiéndolo.
No en puro entretenimiento, sino en crecimiento interior.
En realmente autoconocernos más.
Y cuando nos conocemos más, entendemos mejor nuestros apegos.
Y cuando entendemos mejor nuestros apegos,
somos capaces de sufrir menos y fluir más.
Entonces, si en algún momento te vuelves vulnerable, ¿no?
Hay veces que nosotros flaqueamos, nos hacemos pequeños,
nos achicopalamos por cierta inmadurez, inseguridad, células,
ambición.
Cualquier persona que te brinde placer sostenido será fuente de apego.
¿Ves?
Cuando uno no tiene una individualidad sólida,
empiezan a crearse necesidades de personas que vengan a reforzar con
placer y refuerzo quién eres.
Y todo eso se convierte en fuentes de apego.
Sin importar si existe o no, lazos sanguíneos, parentesco,
se ponen en manos de ellos el sentido de nuestra vida.
Y aquí voy a hablar, papás, del apego a los hijos.
Apego a los hijos.
Aquí entra la categoría de súper papás, súper mamás, expertos en todo.
Aquellos que no comprenden que una cosa es hacerse cargo del desarrollo de los
hijos y otra es obsesionarse con ser ellos los que dibujen la ruta y
la obra maestra que cada persona debe hacer por sí solo,
con sus grandes mentores, que son sus padres y luego sus maestros,
y luego los que aparezcan en su vida.
Pero que papá y mamá deberían llegar un momento,
cuando el chico ya tiene 18, 21 años, de decir, es tu ruta de vida.
Y desde que son niños, empezar a decir frases como,
qué orgulloso deberías estar de ti, de tus logros.
No, mamá y papá estamos aquí.
Somos muy, y estamos muy orgullosos por ti.
Porque ese es el refuerzo hacia el apego.
Ese es el refuerzo, hago todo bien por la validación de mis padres.
No, al que hay que validar es al niño, a la niña.
Cambia la frase.
Qué orgullosa debes sentirte, hija mía, por tus buenas notas.
A propósito, ese orgullo que sientes y
debes sentir tú, nos amplifica la alegría de ser tus papás.
Pero qué diferente que esta es una segunda validación,
después que yo estoy instalando en esa criatura autonomía,
independencia, orgullo propio, valor propio.
Pero la mayoría de los padres lo que dicen es, papá y mamá,
qué orgullosos se sienten de ti.
No, no, no, instala autonomía, independencia.
O cuántos hijos no han perdido y quedado huérfanos.
Charles Chaplin, huérfano, creció en un orfanato.
No tuvo mamá y papá que le dijera, estamos orgullosos de ti, Charles.
Y aún así, miren en lo que se convirtió.
Porque le tocó, con desapego, crear su propia autoestima.
Mirarse al espejo, no tener razones aparentes para sonreír.
Y construir primero una mueca, una mueca, y luego una sonrisa.
Hasta que le dio forma a su personaje Charlotte,
que hizo reír al mundo en el cine silente.
Y luego llegó a ser director de su propio estudio en Hollywood.
Y un gran actor, con sonido y voz,
como su gran película de 1940, El gran dictador.
Entonces, papás, preocuparse exageradamente por ellos, por los niños,
trae como consecuencia una anulación a su individualidad.
Y luego que esos niños crezcan como adultos disfuncionales,
que tienen problemas en sus parejas, problemas con sus propios hijos.
Entonces, el apego hasta en la crianza es problemático.
Porque estás estimulando una codependencia muy poco sana,
y una toma de decisiones en un niño y una criatura
que no está basada en su propia autoconfianza.
Pero el apego no se queda ahí, el apego viene a la pareja también.
Hazme tuyo, hazme tuya, tómame.
Expresiones propias de las telenovelas latinas, ¿verdad?
Y entonces lo que estamos pidiendo es no solo ser amados, sino colonizados.
Hazme tuyo, hazme tuya.
Eres mío, eres mía.
¿Qué es eso?
¿Somos posesiones?
¿Estamos amando o colonizando un territorio?
Y este tipo de relación se establece en el otro,
se cosifica a la persona amada, como que se le posee como una cosa.
Y por ahí pudiéramos dedicar todo un día al tema de relaciones y parejas.
Pero ese va a ser otro desafío, otro reto de 21 días.
