¿Cuál es tu propósito en la vida? Aprende cómo descubrirlo y vivirlo | Ismael Cala

Ismael Cala
13 seguidores
13 Visualizaciones de video·12 dic 2024
Únete a este canal para acceder a sus beneficios:
https://www.youtube.com/channel/UCH3aBRsek6TLndDYVwKltBg/join
Conecta con nosotros a través de:
WEB: https://ismaelcala.com/
Instagram: https://www.instagram.com/ismaelcala
Twitter: https://twitter.com/cala
Facebook: https://www.facebook.com/IsmaelCala/
Email de Contacto: [email protected]
Calafoundation:
WEB: http://calafoundation.org/
Instagram: https://www.instagram.com/Calafoundation/
Twitter: https://twitter.com/calafoundation
Facebook: https://www.facebook.com/CalaFoundation/
Cala Academy: https://cala.academy/registro-yt
Web: cala.academy
Instagram: https://www.instagram.com/cala.academy/
¿Cuál es tu propósito en la vida? Aprende cómo descubrirlo y vivirlo | Ismael Cala
De la abundancia y la ley del Dharma. Dharma. Consideramos como ley de Dharma que es, yo
diría que tiene la mayor influencia, la ley de Dharma, en su habilidad de
satisfacer tus deseos más profundos. Es como un secreto a voces pero que muchos
ignoramos y yo quiero comenzar por contar una historia porque la historia o
los cuentos son para dormir a los niños y despertar a los adultos y quizás a lo
mejor ya la escuchaste, ya la sabes, vale tenerla presente porque por lo menos a
mí me recuerda la fuerza de estar conectados con nuestra razón de ser. Así
que gracias por estar acá. Yo estoy hablando de la vida de Sylvester Stallone,
¿verdad? Esa gran luminaria, ese actor. Bueno, él tenía claro, según cuenta, que
quería ser actor pero no tenía recursos para pelear por ello cuando era mucho
más joven, ¿verdad? Aceptaba miserables papeles en sus veintitantos años y se
vio obligado a vender muchas propiedades, las joyas de su esposa y lo más
interesante hasta su propio perro que le dieron 25 dólares por él y 15 días
después vio en la televisión un combate entre Muhammad Ali y Chuck Webner y se
le ocurrió una historia, se le ocurrió viendo esa pelea una historia, se sentó
durante 20 horas seguidas, escribió el guión de Rocky y bueno tiempo después
conoció a unos productores que estaban encantados de llevar la película a
Hollywood pero él se negó, ¿saben por qué? Porque ellos no querían que él fuese el
protagonista de la película y él quería ser el actor, la escribió para él. Le
ofrecieron 125 mil dólares en ese momento, bastante dinero, se volvió a
negar, le ofrecieron incluso más dinero y él rechazó la oferta y finalmente
luego de varias negociaciones logró venderlo. Los productores le compraron el
guión pero sobre todo aceptaron que él tomara el rol principal y le pagaron
además mucho más de las primeras ofertas, 300 mil dólares. ¿Y qué fue lo
primero que hizo? Comprar de vuelta a Buctus, su antiguo perro. Stallone tenía
30 años cuando rodó la película que le convertiría en una estrella mundial.
Carolina Herrera tenía 42 años cuando comenzó con su imperio de la moda.
Y así hay tantos otros visionarios que el tema de la edad no le han detenido,
¿verdad? Entonces la historia de Sylvester Stallone, más allá de lo emotivo del
detalle de su perrito, a mí me parece profundamente inspiradora, aleccionadora
porque me recuerda lo importante de dar un propósito a nuestras vidas, lo que los
japoneses llaman tu ikigai y que es el primer ejercicio que hacemos en una serie
de tres pasos con siete sesiones de mentoría o coaching individuales con los
miembros que ingresan por primera vez a nuestro círculo de influencia, el Ismael
Kalas Influencer Circle, que es un programa de membresía de todo un año de
formación. Es una maestría de vida en todas las áreas del desarrollo holístico
de un líder, de un ser humano. Entonces el ikigai es como tener un sentido muy
práctico de una razón para vivir, una razón de ser. Y de acuerdo a la cultura
japonesa, todo el mundo tiene un ikigai o debería encontrar un ikigai y requiere
realmente el ejercicio de una búsqueda profunda hacia uno mismo. Es de vital
importancia porque su descubrimiento trae sentido a la vida cotidiana de cada
persona, a la orientación de sus propios deseos y anhelos. Entonces, en otras
palabras, el tener esta declaración de vida que es el ikigai y yo te voy a
enseñar hoy cómo hacerlo, aunque no siempre se hacen dos por tres, pero te voy a
dar las premisas para que empieces a hacerlo si nunca escuchaste del ikigai o
para que lo reformes si es que alguna vez ya te sentaste y lo escribiste.
Porque esto no es de pensar, esto es de escribir también.
El ikigai nos da una razón productiva y próspera para levantarnos
todas las mañanas y saber para qué existo y a quién sirvo y para qué sirvo
en este mundo. Entonces, de varias formas, ese propósito para el alma, eso que nos
hacen hacer antes de morir, algunos le llaman Dharma. Yo pienso que el concepto
de Dharma es mucho más profundo y amplio que el del ikigai, la verdad. Yo
creo que el ikigai es más como el Dharma con D minúscula. El Dharma con D
mayúscula es tu llamado del alma. Ese llamado del alma. Y digamos que el ikigai
es tu razón de ser próspero, productivo y servicio. ¿Te has preguntado alguna vez
si te sientes viva, vivo, más allá de si los órganos vitales, aunque los ignores,
siguen funcionando por ti y para ti? Todos necesitamos volver a nacer durante
nuestra vida. Es una forma de despertar la conciencia. Es una forma de darle un
sentido trascendente a cada cosa que hacemos. Y para esto
es un requisito conocernos. Conocernos de verdad. Nadie puede amar verdaderamente
lo que no conoce con realidad. Tú no te puedes amar si no te conoces. Te amas a
medias, te condicionas, te enjuicias, te hablas mal, porque como no te conoces del
todo y no aceptas lo que hay, la esencia, entonces juzgas fragmentos de ti. Te
separas de la verdad. Hay que descubrir los dones y los talentos que nos hacen
únicos. Es nuestra nota en la melodía de este
inteligentísimo universo. Porque si bien todos somos partículas de la misma
matriz divina, somos partículas de Dios, cada quien tiene su particularidad. Algo
que nadie más posee en igual medida. Y con ello podemos hacer cosas que nadie
más puede hacer de la misma manera. De acuerdo a la filosofía japonesa, tu
ikigai te invita a vivir al máximo, a iluminarte, a ser virtuoso, virtuosa, a
comprenderte a través de los ojos del mundo como si este fuese un espejo ante
ti. Y podría resumirse en la razón que hace que te mantengas en expansión y
pura evolución. El ikigai le otorga significado a la
existencia del ser humano porque marca la diferencia entre vivir y subsistir. Si
ignoras tu ikigai, vives la vida pero sin intencionalidad, sin propósitos. Y
aclaro, con ikigai nos referimos a algo que trasciende las típicas razones que
usamos para explicar por qué seguimos viviendo.
¿Por qué vives? Por mis hijos, por mis padres. No, no, eso no es un ikigai. Sin
desmerecer lo que sentimos por estas relaciones y esos lazos afectivos que
tanto nos aportan y llenan. El propósito es algo absolutamente personal,
intrínseco a la persona. Esto quiere decir que no depende de un tercero o de
tu exterior. Entonces ya viene la pregunta.
¿Tendré un ikigai? Ismael, ¿cómo lo descubro?
Pues yo te lo explico con un ejemplo hipotético y lo tomo como modelo y
también como paradigma que nos sirve. Supón que por una razón u otra tú
quieres ser ingeniero, ingeniera. ¿Verdad? Quizás por una tradición familiar. De
hecho, cuando yo era niño, adolescente, mi padre fue ingeniero químico azucarero.
Y yo casi, casi estudio ingeniería química. Me gustaba la química, pero en
realidad me gustaban más las comunicaciones.
Pero había como una falsa lealtad de seguir los pasos de mi padre. Hasta que de
verdad, gracias a Dios, yo dije, ¿pero por qué tú tienes que seguir los pasos de tu
padre? Si en muchas otras cosas no te quieres parecer a él, ¿por qué? Sería
terminar también con la enfermedad que le somete, que es la esquizofrenia.
Entonces hay otras formas de honrar nuestras tradiciones familiares y
ancestrales sin tener que comprar todo de la tienda familiar. A veces uno estudia
algo por honrar a alguien, sobre todo a papá, mamá, como tradición. A veces
también escoges hacer algo por influencias externas. Yo me acuerdo que
en Cuba, en su momento, cuando yo escogí estudiar Historia del Arte, todo el mundo
decía, eso no sirve aquí. Estudia medicina. Es el futuro de esta potencia
médica. Y yo dije, no, yo no tengo pasión por la medicina.
No me gusta la medicina para mí, para ejercerla. ¿Verdad? Entonces no me dejé
llevar por la presión social. Pero hay mucha gente que estudió para ser abogado, no
porque le gustaran las leyes, sino porque alguien le dijo, nunca pasarás trabajo,
siempre tendrás trabajo, porque siempre hay gente en conflicto y disputa en este
mundo. Esas no son razones para tener un propósito propio. Entonces, ya sea porque
te trazaste, fíjate, por herencia familiar o presiones sociales, el propósito de
estudiar ingeniería y te gradúas. Lo logras, llegas a la meta, triunfas. Ahora,
un propósito es lo que te motiva a realizar un proyecto. Es el ánimo de
hacer o no hacer algo. Es el objetivo que pretendes alcanzar, sí. Sin embargo, tu
propósito de graduarte como ingeniera, como ingeniero, aunque logrado, no tiene
por qué formar parte de tu IKIGAI. Puede que sí, pero no necesariamente. Tu
IKIGAI quizás nada tenga que ver con la ingeniería. ¿Me van copiando? Porque mi
IKIGAI no tiene nada que ver con mi carrera de historia del arte o no tiene
nada que ver con mi carrera de periodismo. Yo quiero dejarte las
preguntas clave para acercarte a una definición de tu IKIGAI. Son cuatro
preguntas. Es un modelo sencillo. ¿En qué soy bueno? ¿En qué soy buena? ¿En qué eres
bueno o buena? Si no lo sabes o no lo tienes claro, tú puedes revisar el
capítulo sobre versatilidad de mi libro Fluir para no sufrir. Te recomiendo que
ya sea en versión digital, verdad, como ebook, ya sea en audiolibro o ya sea en
versión física, que está impreso para las Américas por Penguin Random House,
para España y Europa por Grupo Planeta, Editorial Planeta. Descárgate en
cualquiera de esas formas, audiolibro, libro digital, físico, y ten contigo Fluir
para no sufrir. Y busque el capítulo sobre versatilidad.
Porque ahí vas a encontrar un ejercicio excelente para encontrar tus áreas de
genialidad. Y te lo dejo de tarea. Consíguete el libro Fluir para no sufrir
de este servidor Ismael Cala. Segunda pregunta. ¿Qué amo hacer?
¿Qué amo hacer? Respóndete. ¿Tú qué amas? No lo que te dijeron que amaras, sino lo que
verdaderamente amas. Lo que tu corazón ama hacer. Responde esa pregunta. Tercera
pregunta. ¿Qué necesita el mundo? ¿Qué necesita el mundo? Y tú tienes que
reflexionar un poquito. ¿Qué tú crees que necesita el mundo en este
momento? No te dejes llevar por lo que dice la televisión, las redes sociales o
por el criterio de la Miss Universo, que todas dicen cosas muy bonitas, verdad.
Global peace. Paz en el mundo. Sí, el mundo necesita eso y más cosas para poder
conseguir la paz. Porque la paz no llega fortuita. La paz llega con un
entrenamiento de cómo nos comportamos, pensamos y actuamos como seres humanos.
Y eso lleva un entrenamiento diferente, no desde la mente, sino desde un corazón
amable, compasivo, generoso. Y tú como ser humano eres única, único, irrepetible.
Naciste para ser original y no moldes de copias. ¿Qué crees que necesita este
mundo donde vives? Y la cuarta pregunta. ¿Por qué me pueden
pagar? ¿Por qué me pueden pagar? Respóndete esto. ¿Por qué tú crees que te
pueden compensar? Monetariamente hablando, financieramente hablando. ¿Por qué te
pueden pagar? Teniendo en cuenta tus dones, genialidades, habilidades y talentos.
Cuando tú respondes estas cuatro preguntas e integras esas cuatro
respuestas, descubres tu razón de ser productiva, con un propósito productivo.
Eso llaman los japoneses el Ikigai. Y para que veas cómo sería el resultado de
este ejercicio, yo quiero mostrarte cómo yo construí mi Ikigai. Yo me pregunté, ¿En
qué eres bueno, Ismael? Y yo dije, en inspirar a personas. Lo sé, me gusta, veo
cuando se abren los ojos en jóvenes, adultos, niños y me da pasión y
satisfacción y autorealización personal y siento plenitud ponerme al servicio de
transmitir mensajes que inspiran a otros seres humanos. Entonces, como los demás
me han dicho, eres muy bueno inspirando, conectando. Yo digo, ¿En qué soy bueno? En
inspirar. Ok, Ismael, ¿Qué amas hacer? ¿Qué amas hacer? Yo digo, aprender y
transmitir, comunicar lo que aprendo o lo que siento o lo que recibo. Porque
antes yo solo transmitía lo que aprendía por libros y conferencias y
maestros terrenales. Pero hoy, gracias a Dios, mi conexión con Jesús, con Cristo,
con Padre y Espíritu Santo, la divinidad del campo unificado, estudio a Buda,
estudio cosas de la Kábala, estudio y otras cosas llegan, llegan del campo
cuántico unificado, de la divinidad, de la conciencia que ya lo sabe todo donde no
hay pasado, futuro ni presente, el tiempo desaparece y el espacio también. Y todo
lo que hay es conciencia, que nunca muere. Sabiduría, que siempre está. Entonces, ¿Qué
amas hacer? Aprender, recibir y comunicar. Tercera pregunta, ¿Qué necesita el mundo?
Y yo siento que el mundo necesita más conciencia.
La humanidad necesita volver a rehumanizarse en medio de tanto disparate
de distracciones y ruidos, inteligencia artificial, redes sociales. Estamos
conectados hacia afuera pero muy desconectados hacia adentro. ¿Y qué nos
conecta? La conciencia, conciencia divina de lo que somos. Y la cuarta pregunta,
¿Cuándo me la hice? Esto suena fácil, yo me tomé horas y coaching para llegar a
este Ikigai. Entonces, paciencia, paciencia. El que no tenga propósito todavía muy
definido, que vaya encontrando un sentido de propósito, sin tensión, sin
desesperación, de forma paciente y de forma amorosa. La cuarta pregunta es, ¿Por
qué me pueden pagar? Y yo llegué a la conclusión de que me podían compensar y
pagar por compartir mis ideas, experiencias y conocimientos.
Es diferente a lo que me pagaban, por ejemplo, en CNN. A mí me pagaban en CNN
por yo transmitir noticias, entrevistar personas que eran protagonistas de
noticias. Y yo colaba de vez en cuando a gente que le hiciera bien al mundo,
aunque no fueran protagonistas de ningún hecho noticioso. Pero en realidad, en un
canal de noticias, a usted le pagan por transmitir noticias, ponerlas en contexto,
traer expertos que especulen sobre qué podrá pasar a raíz de lo que pasó
ayer. Y yo quise ir cambiando, estando ahí, mi
uso de la palabra, del lenguaje, porque sentía que yo no podía sólo ser un
repetidor como ave de mal agüero de los sucesos del día, porque casi siempre
esos sucesos no son buenas noticias para las personas.
Entonces llegué a un estudio de quién fui antes, qué quiero ser de aquí en el
futuro y cómo pongo a disposición del mundo basado en una necesidad que yo
siento que el mundo tiene, que es elevar estados de conciencia, mis dones y
talentos. Entonces, resumiendo todo esto en una sola frase, Mickey Guy es inspirar
los seres humanos a elevar su conciencia a través de comunicar ideas, conocimientos,
aprendizajes y experiencias de vida. Y todos los días lo que yo hago es
estarme en función, abierto y disponible de ese Mickey Guy. Y así disminuyó mi
brecha de personalidad entre la personalidad y mi esencia. ¿Ves? Porque yo
puedo tener metas y las metas pueden cambiar todo el tiempo, pero un propósito
no cambia tan fácilmente. Tal vez se refina, pero en su base, si está bien
cimentado, no cambia del todo. Entonces con este ejemplo muy personal quiero que
notes que no existe un orden específico por el cual empezar. El Mickey Guy es un
modelo dinámico, flexible, es una forma de ver nuestras vidas que nos permite
fijar nuestros grandes macro objetivos, nuestra misión, evaluar los momentos que
vamos atravesando y reforzar nuestros compromisos.
