¿Crees que sabes escuchar? Descubre el secreto para conectar mejor con los demás | Ismael Cala

Ismael Cala
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¿Crees que sabes escuchar? Descubre el secreto para conectar mejor con los demás | Ismael Cala
Encantado de escucharte, de verte.
Sobre todas las cosas, eres un hombre que sabe escuchar.
No tanto. Me falta todavía escuchar, pero la verdad que he ganado mucho terreno.
Yo siempre digo que todos los libros que veas que Ismael Cala escribe
es porque adolece de eso, de lo que está escribiendo.
O sea, cuando yo escribo algo de fluir para no sufrir,
que es el título más reciente,
es porque yo sentía que no fluía lo suficiente.
Y dije ¿cómo investigo para fluir mejor con la vida?
Y la investigación fue tan poderosa que digo ¿cómo me la voy a quedar yo?
Esto tiene que ser un libro.
El poder de escuchar fue por ahí.
Yo no escuchaba. A mí Larry King fue el que me dijo justamente
usted muérdase la lengua en una entrevista.
Usted no puede ser la voz que más se escuche.
Usted es el dueño del programa.
El brillo está ahí porque la gente viene a verlo.
Pero en ese episodio, el brillo es de quien sea su invitado o su invitado.
O sea, yo tuve milagros que aprender y literalmente en algunos momentos
morderme la lengua porque mi mente me decía di tal cosa,
interrumpe con tal historia, cuenta algo parecido que tú viviste.
Entonces es un ejercicio obvio.
Si tú me preguntas, el Ismael de hoy sabe escuchar mucho mejor
y más que el Ismael,
incluso que escribió el libro en el 2011 hasta el 2013 que se publicó.
Yo te digo definitivamente.
Pero hay momentos donde gente cercana a mí todavía me dice
oye, es que no escuchas.
Y yo digo wow.
Y todo lo que he intentado y todavía
hay momentos donde alguien me dice es que no escuchas.
Es una tarea difícil.
No, de acuerdo.
Y además, creo que cuando uno escucha las lecciones,
las historias de otras personas, se enriquece más.
Tú fuiste un niño
que a los ocho años ya trabajaba en la radio.
Es cierto. Muy rápido, muy pronto.
El mundo en Cuba conoció este talento
que tenías para comunicar, para empatizar,
para establecer contacto con la gente.
¿Recuerdas ese momento? ¿Recuerdas a ese Ismael?
Claro, era un Ismael muy introvertido, era un Ismael
que casi siempre prefería estar aislado en lugares con él solito.
Incluso en la casa familiar.
Yo recuerdo que ese Ismael se iba al cuartito a leer o a jugar
con el radio portátil, que fue uno de mis primeros juguetes.
El radio se convirtió en un juguete.
Yo apagaba la radio cuando una canción estaba por acabar
y reemplazaba el locutor, imaginando cuánto le tomaría el locutor
presentar la próxima canción. Me muero.
Así. Jugabas a ser el locutor.
A ser el locutor en voz alta.
Y mi abuela decía, callen a ese niño que está loco.
No se calla, se cree radio.
Pero ¿y de dónde venía eso?
Porque a los ocho años,
cuando esta señora llega a mi aula de cuarto grado y dice,
niños, una señora muy elegante todavía vive.
87, 88 años tiene.
La última vez que la vi fue en el 2019, antes de la pandemia.
Fui a su casa en Santiago de Cuba. Nunca perdí el contacto.
Yo digo que esa es mi primera gran mentora vocacional,
porque por ella llegué a la radio, por ella aprendí a escribir poesías,
por ella aprendí a ser locutor, actor infantil, hacer efectos sonoros.
Y por ella aprendí el tema de sentir que ella hizo un espacio seguro
donde no se permitía el acoso o el bullying.
Entonces, para mí, ese espacio que ella creó fue un refugio
en medio de otro espacio que era brutal, que era la escuela,
donde Ismael a los ocho años no salía al recreo,
no salía al patio escolar por no, por temor
a tener que defenderse contra los otros varones en el tema del bullying.
¿Por qué te hacían bullying?
Porque tenía las orejas sobresalientes y me decían Dumbo, Elefante,
Avioneta, Aeroplano.
Y es verdad que hasta complejo yo tenía con mis orejas, estaban como así.
¿Te las operaste?
No, me pegaba a unos tapes y mi madre me puso una bandana.
Entonces las orejas empezaron a acomodarse.
Pero ves, ese es un niño que es un niño que su autoestima
estaba por el piso, habían dos espacios seguros nada más.
Obviamente, contando la casa, contando la casa, dos otros.
La iglesia a la que mi abuela me llevaba, una iglesia católica
que fui desde la niñez hasta los once años.
Hice primera comunión, catequesis, casi fui seminarista.
¿Casi ibas a ser cura?
Quería ser sacerdote.
Esa es la iglesia y la radio.
Entonces, por eso yo digo que esta señora me salvó casi la vida.
¿Cómo se llama esa mujer?
Nilda G. Alemán.
¿Cuál fue el mayor consejo que Nilda G.
Alemán te dio a los ocho años?
Pues mira, yo no recuerdo si fue a los ocho, a los nueve o a los diez,
pero yo recuerdo una vez estar triste y llorando por los celos profesionales
que siendo un niño ya experimentaba de los otros niños,
porque obviamente los niños decían él es el favorito de ella,
por eso le da los mejores protagónicos.
Él es el favorito y yo creo que si era yo un favorito porque Nilda
me dejaba en su casa a dormir cuando mi madre no podía recogerme ese sábado
y prefería recogerme a la mañana del domingo.
Yo vivo en un pueblo, vivía en un pueblo no tan cerca.
Entonces, el mayor consejo que ella me dio es nunca dejes
que lo que otros piensan de ti defina quién eres tú.
Sé fuerte, sé firme, sienta tus límites y aprende a no compararte con los otros.
Y eso yo lo he mantenido todo el resto de mi vida.
Qué hermoso. Sí, escúchame.
Nunca permitas que otros definan quién eres tú.
Extraordinario. Sí, es extraordinario.
¿Cuándo? ¿Cuándo?
Ese niño Ismael, no sé si ya era adolescente.
Tú me dirás. ¿Cuándo?
Estuvo en casa y dijo OK, me hacen bullying por las orejas,
me hacen sentir muy mal, lo que quieras.
Seguramente ya eras un niño.
No me hacían bullying, pero me hacían bullying.
Milagros por mil cosas.
Fíjate que mi apodo de niño es Melitín porque yo soy el tercer Ismael.
Mi abuelo Ismael se suicidó cuando yo no tenía ni cuatro años.
A él le decían Melo.
De hecho, la finca donde yo crecí jugando es la finca de Melo.
Así todavía se le conocía.
Aún cuando mi papá, mi abuelo ya se había quitado la vida.
Mi papá fue Ismael, segundo Ismael.
Le decían Melito y yo soy el tercer Ismael.
Y me empezaron a decir Melitín, pero de cariño en la familia.
Pero en la escuela, como sabían que era Melitín, me decían Maletín.
En aquel momento, a mí eso de Maletín también decía
¿Por qué me están diciendo Maletín?
Cuando conversó con John Maxwell, que es uno de mis amigos ahora
y mentor en liderazgo, yo, aunque todo lo ve de una forma positiva, me decía
Pero fíjate todo lo que sufriste y no entendiste, siendo tu niño,
que esos fueron tus primeros cheerleaders, tus primeras barras de apoyo.
Esos niños lo que te estaban diciendo es Maletín para que viajes el mundo.
Maletín para que te vayas a conquistar el universo.
Lo transformó, claro.
¿Dónde estabas tú en ese momento de mi vida para que me hubieras dicho eso?
Y yo me hubiese reído y además hasta hasta querido que me siguieran diciendo
exacto Maletín, ¿no?
Qué interesante.
¿Cómo puedes transformarlo?
Y has tenido tantos maletines en tu vida que te han llevado por el camino del éxito.
Y es cierto que uno viaja siempre con una maleta, un maletín, algo tienes que llevar.
Entonces mi mayor victoria, milagros,
y yo creo que es el gran milagro de mi vida, es sacarme el peso pesado
de el secretismo, los fantasmas y el sentir vergüenza
porque mi padre fue esquizofrénico, porque mi abuelo se suicidó,
porque mi tía, hermano de mi padre, se suicidó,
porque mi padre con el único brazo que tenía, porque a los ocho años
perdió su bracito izquierdo en un accidente
donde metió unas varitas de cañas de azúcar y se le trituró la mano.
Tu padre era obrero.
Mi padre era ingeniero, químico, brillante, una mente brillante,
pero que mi madre se casa con él siendo alguien que le faltaba el brazo,
pero no sabiendo que además el brazo era lo de menos,
que su gran discapacidad o capacidad especial sería la esquizofrenia,
voces que le secuestraron su mente y que lo inhabilitaron de su vida productiva
sin tener siquiera 40 años de edad.
Entonces para mí esa fue la gran victoria, el entender.
¿Tu padre intentó suicidarse como su padre?
Sí, y gracias a Dios que como tenía un solo brazo,
no tuvo éxito.
Fíjate que escribiendo El Poder de Escuchar, que ahí lloré mucho, hice catarsis
porque el libro como era tan personal, era el primer libro,
era el escucharme a mí para ser honesto, de decirle a alguien
si de verdad quieres aprender a escuchar a otros, sana primero tu diálogo interno.
Escúchate primero bien a ti, sé honesto con lo que escuchas dentro.
Y ahí fueron saliendo cosas que yo tuve que escuchar por primera vez,
algunas muy sanadoras.
Una de las líneas del Poder de Escuchar fue que ahí fue donde lo entendí
porque yo siempre me pregunté por qué a mi padre le pasó esto a los ocho años.
Nunca se lo pude preguntar a él, era prohibido.
¿Su accidente fue a los ocho años?
De él.
Miércoles, a los ocho años perdió.
De él, siendo niño, él perdió su brazo.
Sí, claro, qué duro para un niño.
Pero qué duro para su hijo niño
que con toda la curiosidad de ver su prótesis inerte,
porque en ese momento las prótesis eran simplemente unos pedazos de plástico
que nada hacían.
Y yo veía la prótesis del brazo y quería preguntarle
por qué no te la pones y qué recuerdas, pero me habían prohibido en casa
que yo le hablara de ese episodio tan doloroso.
¿Quién te había prohibido?
La familia.
Mi familia no quería hablar de las cosas de las que ellos sentían vergüenza.
Era un tabú, era un tema.
Era un estigma, un tabú, un estado de profunda vergüenza.
¿Nunca le preguntaste a tu papá?
Nunca.
He tenido que tener las conversaciones con su conciencia y con su espíritu.
De hecho, yo tengo mejor diálogo con mi padre ahora,
desde que está en el cielo, que cuando estaba encapsulado en su mente,
fragmentada y secuestrada por voces.
Ves, yo, yo, yo ahora siento abrazos de mi padre,
pero cuando él tenía su cuerpo y tenía un único brazo,
yo lo que recuerdo de él son jalones de oreja
para poder disciplinar a tres niños casi de la misma edad
y él un único brazo para poder sostenernos.
Entonces era jalones de orejas.
