«Tu felicidad depende de tres cosas, todas las cuales están en tu poder: tu voluntad, tus ideas sobre los eventos en los que te involucras y el uso que haces de tus ideas» – Epicteto
Este episodio de La Ciudadela Interior es una colaboración especial con El Extraordinario, un sello de documentales sonoros. ➡️ https://elextraordinario.com
Algunos de los temas que tocamos:
1️⃣ ¿Cómo veían los estoicos la felicidad? 2️⃣ Fórmula de la felicidad, o principales factores que contribuyen a nuestra felicidad. 3️⃣ Tipos de felicidad: eudaimónica y hedónica. 4️⃣ Importancia del propósito y la gratitud. 5️⃣ Diferencia entre el yo que experimenta y el yo que recuerda. 6️⃣ Ideas prácticas para ser más felices: dinero, tiempo, amistades… Y mucho más!
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La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos. Marco Aurelio
¿Qué es la felicidad? ¿Cómo alcanzarla? Seguramente te habrás preguntado alguna
vez esto y no eres el primero. De hecho, son algunas de las preguntas centrales de
muchas filosofías, entre ellas el estoicismo. Mientras que en los episodios anteriores de
La Ciudadela Interior nos centramos en las recomendaciones estoicas para evitar emociones
negativas como la tristeza o la ira, hoy nos toca hablar del extremo opuesto del espectro
emocional. Toca hablar de la felicidad. Veremos cómo los estoicos entendían la felicidad,
pero también qué nos dice la evidencia científica actual y cómo maximizar nuestras posibilidades
de alcanzarla. Antes de profundizar en cómo alcanzar la felicidad, quiero comentaros que
este episodio es una colaboración con El Extraordinario, un sello de podcast y documentales
sonoros. Os recuerdo también que esta miniserie está patrocinada por mi libro Invicto y podéis
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vuestra librería favorita. Seguramente no lo tengan, pero os lo pueden encargar. Y una última
forma de contribuir es dejando un comentario del libro en Amazon, que siempre ayuda. Y sin más,
pasemos a la felicidad. ¿Qué es la felicidad para los estoicos? En la primera parte de Invicto
explico algunos principios estoicos básicos, y empiezo precisamente con algo muy relacionado
con la felicidad. Los estoicos veían la filosofía como una guía para la vida,
cuyo propósito final era alcanzar la llamada eudaimonia, traducida generalmente como felicidad.
Por simplicidad mantendremos esta traducción, aunque la visión moderna de felicidad no
representa fielmente el sentido filosófico que le atribuían los estoicos. Algunos prefieren
darle un significado más ligado a la autorealización o al florecimiento personal. Con esta perspectiva,
la eudaimonia consistiría en desarrollar tu potencial, cerrando la brecha entre lo que eres
y lo que podrías llegar a ser. Es decir, el concepto de felicidad según los estoicos no
está ligado a aspectos externos como la fama o el dinero, sino más bien a la autorealización,
a ese desarrollo interior. Y veremos que la psicología moderna respalda en buena medida
También aclaró en el libro Invicto que los estoicos no se limitaban a indicarnos cuál es
el objetivo, sino que nos ayudaban a conseguirlo y nos daban las dos vías principales para alcanzar
la eudaimonia, la virtud y la tranquilidad. Los estoicos pensaban que nuestra felicidad
depende más de nuestras acciones y nuestro estado mental que de las cosas que nos ocurren.
La verdadera felicidad consiste en poder disfrutar del momento presente,
sin depender ansiosamente del futuro y ocupar nuestra cabeza con esperanzas o miedos. Consiste
en descansar satisfechos con lo que tenemos, que es suficiente, porque el que lo sabe no
quiere nada. Las mayores bendiciones de la humanidad están dentro de nosotros y a nuestro
alcance. Un sabio se contenta con su suerte, cualquiera que sea, sin desear aquello que no
tiene. Seneca. Y curiosamente, esta idea cuadra con la visión psicológica actual sobre la felicidad.
Los humanos somos muy malos prediciendo las cosas que nos harán felices. Pensamos muchas veces que
seremos felices cuando tengamos una casa mejor, un coche mejor, X cantidad de dinero o cuando nos
casemos con esa persona que tanto nos atrae. Y sin duda, cuando lo logramos nos sentimos mejor,
nos sentimos más felices, pero en la inmensa mayoría de casos ese sentimiento es pasajero.
Al cabo de pocas semanas o quizá meses, nuestro nuevo coche, nuestra nueva pareja o nuestro nuevo
sueldo pasa a ser lo normal y nuestro nivel de felicidad regresa a su punto inicial. Este efecto
se denomina adaptación hedónica y ya era conocido por los estoicos hace miles de años. Como iremos
viendo, una de las claves para mejorar nuestra satisfacción vital es minimizar el efecto de esta
adaptación. Si hablamos de la ciencia reciente, pocas personas han estudiado más la felicidad
que Sonja Lumirsky, doctora en psicología por la Universidad de Stanford y graduada en Harvard.
Es además autora de varios libros sobre la felicidad basados en sus investigaciones y las
de sus colegas. Es famosa por proponer un modelo o una especie de fórmula de la felicidad según la
cual la felicidad depende de tres grandes elementos. Primero, de nuestro nivel base genético. Es decir,
igual que nuestros genes condicionan en gran medida nuestra altura o nuestra personalidad,
también lo hacen en nuestro nivel base de felicidad y de hecho se estima que hasta el
50% de nuestra felicidad depende de nuestros genes. Otro elemento que influye en nuestra
felicidad es todo lo que nos pasa. Evidentemente si nos pasan cosas que consideramos buenas aumentará
nuestra felicidad y si nos pasan cosas que consideramos malas nuestra felicidad se reducirá.
Y digo que consideramos buenas o malas porque según los estoicos nada externo puede considerarse
bueno o malo en realidad. Y la mayoría de personas pensarían intuitivamente que esto
sería el factor que más influenciaría nuestra felicidad, pero no, según la doctora Liubomirskyk
esto contribuiría tan solo el 10% a nuestra felicidad. ¿Y cuál sería el tercer componente?
Ese que contribuye por tanto un 40% a nuestra felicidad, nuestras acciones o lo que decidimos
hacer. Es cierto que este modelo es solo una referencia, pero más allá de los porcentajes
concretos que son solo orientativos sí parece haber consenso en que podemos aplicar la dicotomía
La felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio,
algunas cosas están bajo nuestro control y otras no. Solo tras haber hecho frente a
esta regla fundamental y haber aprendido a distinguir entre lo que podemos controlar y
lo que no, serán posibles la tranquilidad interior y la eficacia exterior. Epicteto.
Aplicando esta lógica a la felicidad, parece evidente que tanto nuestros genes como las
cosas externas que nos ocurren no están bajo nuestro control, pero sí nuestras acciones,
y por suerte aproximadamente la mitad de nuestra felicidad depende de lo que hacemos,
y ahí debemos poner el foco. La gran pregunta, por tanto, sería ¿qué debemos hacer para ser
más felices? Y aquí la cosa se complica un poco más, y de hecho la primera recomendación sería
Decía Zuró que la felicidad es como una mariposa, que cuanto más la persigues más escapa,
pero que cuando prestas atención a otras cosas se viene a posar suavemente sobre tu hombro.
Esta es la llamada paradoja de la felicidad, y de hecho es como Séneca empieza su escrito sobre la
vida feliz.
Por suerte, Séneca nos da algunas pistas más para encontrar la felicidad y continúa de esta
manera. Y aquí está una de las primeras claves de la felicidad, o al menos de un tipo de felicidad
llamada felicidad eudaimónica, por estar ligada a nuestro crecimiento personal, a la búsqueda de
algún propósito con significado. Una de las principales barreras para la felicidad es que
la buscamos en el placer inmediato, en actividades que nos hacen sentir bien en el momento, pero que
no contribuyen a este sentimiento de crecimiento, y sin él es difícil ser realmente feliz.
Eso no implica que estos placeres más inmediatos sean malos, y hablaremos después de la llamada
felicidad eudónica, porque en el equilibrio entre ambas, la eudaimónica y la eudónica está la clave.
Sin embargo, es evidente que la mayoría de personas buscan la felicidad en este enfoque más
eudónico, perdidos además en luchas por estatus o básicamente por aparentar. Muchas veces tomamos
decisiones basadas en las opiniones de los demás, tanto a la hora de elegir qué carrera estudiar
como qué coche comprar. Los estoicos ya alertaban hace 2.000 años que este camino nos alejaba de
la verdadera felicidad.
Aquí el camino más frecuentado y más famoso es el que más engaña. No sigamos como ovejas el rebaño
de los que nos preceden, yendo así no a donde realmente quieres ir, sino a donde el rebaño va.
Y ciertamente nada nos envuelve en mayores males que acomodarnos al rumor, persuadidos de que lo
mejor es lo admitido por el asentimiento de muchos, tener por buenos los ejemplos numerosos
y no vivir racionalmente, sino por imitación. Es dañoso, pues, apegarse a los que van delante.
Y como todos prefieren creer que reflexionar, nunca se reflexiona acerca de la vida,
siempre se cree, y nos daña el error que se pasa de mano en mano. Seneca.
Es decir, si no reflexionas sobre tu vida, sobre las cosas que realmente te importan y lo que
realmente quieres lograr, es muy probable que simplemente sigas el ejemplo de los demás,
el ejemplo del rebaño, y por tanto, que no alcances tu propia felicidad. Seneca continuaba así.
La prueba de lo peor es la muchedumbre. Busquemos qué es lo mejor, no lo más acostumbrado,
y lo que nos ponga en posesión de una felicidad eterna, no lo que aprueben las masas,
pésimas intérpretes de la verdad. ¿Por qué no buscar más bien algo bueno realmente?
Para sentirlo, no para mostrarlo.
Y esta distinción entre cómo algo se ve y cómo se siente es vital. Pensamos, por ejemplo,
que si fuéramos un jugador de fútbol famoso, o un cantante famoso, o un emprendedor exitoso,
seríamos felices porque vemos lo que nos muestran de sus vidas. El dinero, los aviones privados,
la adulación de las masas… Pero en muchos casos, estas personas sienten una presión enorme,
ansiedad, soledad, miedo a perder lo que tienen, miedo a las opiniones de los demás,
y sus sentimientos día a día son muchas veces peores que los de las personas que tanto los envidian.
La felicidad de una persona que quiere ser popular depende de las opiniones de los demás.
La felicidad de una persona sabia depende solo de sus propios actos. Marco Aurelio
Y muchos caen en esta trampa sin entender que ese afán de mostrar,
de aparentar es enemigo de la felicidad. Por mucho que tengas, siempre habrá alguien que
tiene más que tú, que tiene mejor cuerpo que tú, que está por delante de ti en cualquier
métrica que puedas imaginar, y precisamente por pensar que la felicidad está ahí,
en tener más y en mostrar más, nos alejamos de la verdadera felicidad.
¿Dónde entonces está el error? Ya que todos los hombres anhelan la vida feliz. Es que consideran
los medios para producir felicidad como la felicidad misma, y mientras buscan la felicidad,
en realidad están huyendo de ella. Porque aunque el resumen y la sustancia de la vida feliz es la
libertad pura, y aunque el secreto de tal libertad es la convicción inquebrantable,
los hombres acumulan lo que les preocupa mientras recorren el traicionero camino de la vida. No
solo tienen cargas que llevar, sino que atraen más cargas para sí mismos. Por lo tanto,
se alejan cada vez más de lo que buscan, y cuanto más esfuerzo ponen, más se equivocan
y retroceden. Esto es lo que sucede cuando corres por un laberinto, cuanto más rápido vas,
peor es el enredo. Es decir, si vas en la dirección equivocada, cuanto más corras,
más te alejarás de lo que buscas, o si simplemente te dedicas a trepar la escalera,
puede que cuando llegues arriba te des cuenta de que estaba apoyada sobre la pared equivocada.
Recapitulemos los grandes mensajes hasta ahora.
1. Cuidado con la paradoja de la felicidad. La preocupación por la felicidad nos hace
infelices y debemos lograrla de manera indirecta. 2. La felicidad depende a partes casi iguales de
cosas que están fuera de nuestro control, como nuestros genes o las cosas que nos ocurren,
como de cosas que están bajo nuestro control. 3. Hay dos tipos de felicidad que debemos equilibrar,
eudaimónica y hedónica. Los estoicos hacían especial énfasis en la primera,
ligada con actuar guiados por la virtud, persiguiendo un propósito que merezca la
pena y que tiene que ver con el crecimiento o el desarrollo personal. Dicho esto,
los estoicos tampoco se negaban a esa felicidad más hedónica, pero recomendaban moderarla y
después explicaremos por qué. Y una vez más, la psicología moderna apoya esta idea,
de que los humanos necesitamos eudaimonia, pero también hedonia para ser realmente felices.
Último gran mensaje de lo anterior es que debemos evitar buscar la felicidad en las
apariencias, en perseguir las cosas que la sociedad valora, salvo que realmente
sintamos que nos hacen felices después de un trabajo de autoreflexión.
Otra idea que comparten tanto los estoicos como la psicología moderna es que debemos ver la
felicidad más como un proceso que como un destino emocional. La felicidad no es,
por tanto, algo que se alcanza, sino el remanente o el rastro que queda de las
cosas que vamos haciendo y del progreso que vamos logrando. Es decir, la felicidad no es
tanto un destino como una forma de viajar, pero es importante que ese viaje tenga una
dirección, y esto está relacionado con el concepto de propósito, algo sobre lo que escribí
recientemente en el blog. Por tanto, no hay felicidad sin esfuerzo, no hay felicidad pasiva,
sino que la felicidad, al menos este componente eudaimónico de felicidad,
requiere esforzarse en persecución de algo que merezca la pena.
Crear este sentimiento de crecimiento de propósito en nuestras vidas es también la
mejor manera de combatir la famosa adaptación hedónica. ¿Qué más podemos hacer para ser más
felices? Hablando de cosas concretas que podemos hacer para ser más felices, voy a centrarme en
dos ideas clave que proponían los estoicos y que tienen además mucho respaldo científico.
La primera sería la gratitud. La gratitud es un gran antídoto contra la envidia y contra el deseo,
ambos enemigos de la felicidad. Es importante entender que los humanos medimos nuestra
satisfacción vital en comparación con los demás, más que en términos absolutos. Por ejemplo,
si ganamos 50.000 euros al año y nuestro entorno de referencia gana mucho menos,
estaremos contentos con nuestro salario y será una fuente de satisfacción. Sin embargo,
si ganamos 70.000 euros pero nuestra empresa o nuestro entorno inmediato todos ganan más de
100.000, nos sentiremos insatisfechos e infelices. Por suerte, podemos elegir con
quién nos comparamos y esto influye de manera importante en nuestra felicidad.
¿Muchos están delante de ti? Considera que tienes muchos más detrás. ¿Sabes cuál es tu
principal problema? Que tu contabilidad está distorsionada. Valoras demasiado lo que has
pagado y muy poco lo que te ha sido dado. Seneca. En Invicto hablo bastante sobre la gratitud,
pero he seleccionado este breve fragmento. Considera cuánto desearías lo que tienes si
lo perdieras. Esto te permitirá ver tus posesiones y relaciones con nuevos ojos,
evitando la adaptación hedónica. Los estoicos nos recomendaban elegir con cuidado las personas
con las que nos comparamos. Recuerda que muchos desearían que su vida fuera como el peor de tus
días. Cuando sientas emociones negativas, reflexiona sobre las cosas buenas de tu día.
¿Qué salió bien? ¿Quién hizo algo bueno por ti durante el día? ¿Qué cosas podrían haber ido
mal pero no ocurrieron? Por último, recuerda que gratitud no implica conformismo y de hecho
las personas agradecidas logran con más frecuencia sus objetivos. Se trata de apreciar lo que tienes
mientras persigues otras cosas que quieres. Tenemos muchos estudios que indican que las
personas que practican la gratitud de manera periódica son más felices. Con frecuencia tiene
que llegar una desgracia a nuestra vida para darnos cuenta de lo felices que éramos antes y
lo poco que lo valorábamos. Otra recomendación estoica, también alineada con la evidencia
científica actual, es pasar más tiempo en el presente. Por supuesto debemos mirar hacia atrás
para aprender de nuestros errores y mirar al futuro para saber a dónde nos dirigimos,
pero la mayor parte del tiempo debemos concentrar nuestra mente en el presente.
Este es por ejemplo el objetivo de la meditación o esta idea de mindfulness que desde luego ayuda
y le he dedicado varios podcasts, pero no se refiere solo a eso. Los estoicos por ejemplo
no meditaban como tal, pero proponían esta idea de prosoque, que consiste básicamente en ser más
conscientes de las emociones que nos surgen, como en vernos desde fuera, y de esta manera evitar ser
arrastrados por emociones negativas o evitar tomar malas decisiones en manos de la ira,
elementos que sin duda atentarán contra nuestra felicidad. O por ejemplo tenemos
estudios que indican que pasar más tiempo en estados de flow nos hace más felices.
Este concepto de flow, también llamado flujo o la zona, fue propuesto por el psicólogo ruso
Mikhail Inchinsen Mikhail, que por cierto acaba de fallecer hace unas semanas, a los 87 años.
Mikhail estudió muchos años este estado de flow y en su libro titulado Fluir,
la psicología de las experiencias óptimas, explica cómo somos más felices cuando estamos
en un estado de flow, un estado de concentración o absorción completa en la actividad o situación
en la que nos encontramos. Así es como lo definía el propio Mikhail en una entrevista.
Flow es sentirse completamente comprometido con la actividad por sí misma. El ego desaparece,
el tiempo vuela. Toda acción, movimiento o pensamiento surgen inevitablemente de la acción,
del movimiento y del pensamiento previos. Es como si estuviéramos tocando jazz. Todo tu ser
está allí y estás aplicando tus facultades al máximo. Este tema en sí mismo da para mucho,
pero para profundizar os recomiendo también el libro, o al menos una charla que tiene en TED,
titulada Flujo, el secreto de la felicidad. Lo ideal, obviamente, es que logremos entrar
en estos estados a través de acciones alineadas con ese propósito que comentamos antes,
pero puede ser también a través de hobbies, a través de la actividad física, de la meditación,
de conversaciones apasionantes con otras personas, etc. Para que surge este estado de Flow es
importante que la actividad sea intrínsecamente satisfactoria y lo interesante es que este tipo
de motivación intrínseca se puede crear y es también un aspecto importante de la felicidad.
Los estoicos hacían mucho énfasis en que la recompensa de una buena acción era verla hecho,
y si somos capaces de centrarnos en hacer algo bien y no pensar tanto en lo que obtendremos
con eso, será mucho más probable que entremos en Flow. Y paradójicamente, será más probable que
obtengamos después la recompensa porque hacemos mejor aquellas actividades a las que prestamos
toda nuestra atención. Estamos cerrando ya esta primera parte, dedicada a la felicidad eudaimónica,
más ligada con nuestro mundo interior, con el esfuerzo hacia algo que valoramos y que implica
sacrificio y crecimiento personal, y en la segunda parte hablaremos de la importancia de equilibrarla
con esa felicidad más experiencial o eudaimónica. Y sé que suena extraño afirmar que experiencias
desagradables o que exijan esfuerzo puede aumentar nuestra felicidad, pero cobra más sentido cuando
entendemos que hay diferencias entre el yo que experimenta y el yo que recuerda. Es la misma
persona, obviamente, pero recordar genera sensaciones muy distintas a las experimentadas
en el momento. Un ejemplo evidente sería correr una maratón, que para el yo que experimenta es
duro, algo que seguramente no esté disfrutando, y estoy constantemente pensando en cuánto falta
para acabar, deseando que llegue la meta, y sin embargo, un tiempo después, o quizá para toda
la vida, al recordar esa experiencia, sentiremos una sensación de logro. Nos acordaremos de la
gente con la que corrimos, nos sentiremos orgullosos de haber conseguido ese hito,
mejorará la percepción que tenemos de nosotros mismos como alguien que se esfuerza por lo que
quiere, y esto hace más feliz a ese yo que recuerda, que además recuerda por mucho más
tiempo que las 3 o 4 horas que dura el sufrimiento de la maratón. Otra forma de decir esto es que
la felicidad eudaimónica implica tomar menos decisiones basadas en qué cosas me van a hacer
sentir bien ahora mismo, y más en qué voy a agradecer haber hecho dentro de unos días o años.
Si siempre esperas obtener satisfacción a corto plazo, dejarás de hacer actividades que te van
a dar una satisfacción mucho más grande a largo plazo pero que requieren cierto sacrificio en el
momento. Y para concluir esta parte recoge un segmento de Invicto donde hablo de la analogía
de Hércules que los estoicos usaban para explicar esta lección que tenemos cada día.
¿Qué hubiera sido de Hércules sin el león, la hidra, el jabalí y el resto de peligros? ¿Qué
hubiera hecho en ausencia de esos desafíos? Simplemente se hubiera dado la vuelta en la
cama para seguir durmiendo, y al pasar la vida entre el lujo y la comodidad nunca se
Los estoicos usaban la figura de Hércules como fuente de inspiración y enseñanza. Hacían a sus
alumnos reflexionar sobre las personas que querían ser y el destino que buscaban alcanzar. Se cree
que el propio Zenón, fundador del estoicismo, decidió estudiar filosofía al leer sobre un
momento decisivo en la vida de este personaje mítico. Cuenta la leyenda que Hércules se
reflexionaba sobre su destino en un cruce de caminos, dudando sobre el sendero que debía
tomar. En ese momento se le aparecieron dos diosas. Una de ellas, llamada Kakia,
se abalanzó sobre él. Le prometió un camino fácil, lleno de lujos y placeres. No tendría
que enfrentar peligros ni realizar esfuerzos pudiendo vivir del trabajo ajeno. Después se
le acercó la otra diosa, llamada Arete, y le explicó que el camino que ella proponía sería
largo y difícil, lleno de peligros y desafíos. Nada realmente bueno y admirable es ofrecido por
los dioses a los humanos sin esfuerzo y dedicación, le dijo. Estos desafíos le
permitirían demostrar su coraje y sabiduría, librando batallas con determinación y disciplina.
Sólo de esta manera podría realmente lograr una felicidad duradera, eudaimonia, al desarrollar
todo su potencial natural. Como sabemos, Hércules eligió el camino de la virtud,
abordando sin descanso los famosos doce trabajos. Usó cada obstáculo para mejorar y aprender. Tras
su muerte, el todopoderoso Zeus quedó tan impresionado con su ejemplo que lo elevó a la
categoría de Dios. Los estoicos usaban esta fábula como metáfora de lo que es en realidad una buena
vida. Aseguraban que es mejor enfrentar desafíos en persecución de algo que merece la pena que
buscar una vida fácil y cómoda que simplemente debilita nuestro cuerpo y espíritu. La persecución
de placeres transitorios nunca será el camino hacia la eudaimonia. Muchos confunden placer con
felicidad, pero la felicidad real está más ligada a la realización personal y se debe trabajar.
La leyenda de Hércules simboliza la decisión que debemos tomar cada día sobre nuestra vida. Debemos
decidir lo que queremos ser y lo que estamos dispuestos a hacer para conseguirlo. Buscas
una vida sin sacrificio o una vida con propósito. Eliges el camino fácil y te dejas arrastrar o
eliges el camino difícil de intentar mejorar. Pasemos ahora al otro tipo de felicidad, la
felicidad hedónica. Aunque asociamos esta felicidad hedónica únicamente con el placer,
tiene otro componente que es la ausencia de emociones negativas en el momento, y en este
punto los estoicos hacían mucho énfasis. Hablaban de alcanzar la llamada ataraxia,
que explico en el libro Invicto, y es este estado de calma mental, esa ciudadela interior,
un concepto tan importante que da nombre a esta serie y que describo en más detalle en
episodios anteriores. Hablando ya del componente puramente placentero de esa felicidad hedónica,
yo lo veo como algo que nos va a ayudar a mantenernos en el buen camino. Podríamos
decir que la felicidad eudaimónica consiste en sentir que progresas hacia un destino que
merece la pena, y la felicidad hedónica consiste en asegurar que vas disfrutando
también el camino con pequeños placeres sensoriales. No son las montañas que vamos
a escalar las que nos desgastan, sino la piedra en el zapato. Mohammed Ali.
Me gusta mucho esta cita de Mohammed Ali porque es muy cierta. A veces nos obsesionamos con el
gran destino o con las montañas que debemos atravesar y nos olvidamos de que si cada paso
por llegar ahí es doloroso porque tenemos esa piedra metafórica en el zapato o no tenemos
satisfacción sensorial por el camino, es muy probable que fracasemos. O quizá sentimos que
vamos a perder tiempo por pararnos a sacar esas piedras y a la hora de la verdad vamos a llegar
antes al destino porque podremos ir más rápido gracias a detenernos de vez en cuando a sacarnos
esas piedras que nos entran en el zapato o simplemente a descansar un rato. Y en este
sentido, los estoicos no se oponían al placer sensorial o a disfrutar esas buenas cosas de la
vida, pero nos alertaban de sus peligros. Veamos por ejemplo un fragmento de Invicto
donde hablo sobre esto. Al igual que el poder o la riqueza, los estoicos no consideraban la
comodidad o el placer malos per se, pero advertían de los peligros de convertirlos en un fin en sí
mismo. Entendían la utilidad de los deseos naturales, como el deseo por la comida que nos
mantiene con vida. Sin embargo, alertaban del peligro de desarrollar un paladar muy sofisticado,
ya que con el tiempo dejaríamos de disfrutar los alimentos básicos. Nos recordaban que el
mayor placer en la cocina es ser capaces de obtener satisfacción de la comida sencilla.
Y lo mismo pensaban en relación a otros ámbitos externos, desde la ropa a la decoración de la
casa. El problema del lujo, afirmaban, es que potencia deseos contrarios a nuestra naturaleza,
cada vez más difíciles de satisfacer. Advertían que el placer y el dolor van
muchas veces de la mano. De hecho, el dolor de una mala acción puede durar mucho más que el
placer inicial que produce. Ponían como ejemplo el exceso de alcohol. Muchos son engañados por
placeres cortos, como la embriaguez, donde por una hora de diversión, pagas con muchas de indisposición.
Séneca. Los estoicos no se oponían a disfrutar todo lo bueno de la vida, pero en su justa
medida. Criticaban, por ejemplo, los opulentos banquetes de la época, donde según Séneca,
vomitan para comer y comen para vomitar. Nos decían que una vez superada la moderación,
el placer era causa de dolor. Nos querían acostumbrar a obtener placer de usar la razón
y ejercer la moderación. La búsqueda constante de placer nunca podrá ser la base de una buena
vida. Poco después de satisfacer un placer, volverá a aparecer, y en muchos casos, más fuerte.
Los estoicos se mofaban de aquellos que alardeaban de apreciar solo lo mejor,
y en vez de envidia, sentían lástima. Al perder la capacidad de disfrutar las
cosas sencillas, se reducía la posibilidad de llevar una buena vida.
Cuando el placer corrompe la mente y el cuerpo, nada es ya tolerable,
no porque el sufrimiento sea fuerte, sino porque la persona es débil. Séneca.
La comodidad llama a más comodidad, y el placer a más placer, una adaptación hedónica constante,
donde cada vez requerimos más para sentirnos igual.
Los placeres nos parecen mejores cuando los perseguimos que cuando los alcanzamos. Si fueran
realmente buenos, nos traerían satisfacción constante, pero con frecuencia son como una
bebida que solo da más sed. Séneca. Separaban además entre placeres naturales,
que debemos incluir con moderación, y placeres artificiales, con los que debemos tener más
cuidado. Los naturales vendrían, por ejemplo, de elementos que la naturaleza ha hecho necesarios,
como la comida o el sexo, mientras que los artificiales son creaciones sociales,
como el lujo o la fama. Nos animaban a disfrutar los placeres naturales, pero evitando desearlos
en exceso. No se oponían tampoco a disfrutar puntualmente del lujo o cualquier otro placer
artificial, pero teniendo cuidado de no convertirnos en sus esclavos. Entendían
además que el placer sin moderación degenera envicio, y hoy sabemos que efectivamente un
exceso de placer puede llevar a la adicción. Hay una delgada línea de separación entre el
placer y el dolor. Séneca decía que cuantos más placeres te capturen, más dueños debes
servir. O también que cuando un hombre se vuelve dependiente del placer, también lo
hace del dolor, convirtiéndose en esclavo de estos dos dueños caprichosos y tiranos.
Quienes se dejan atrapar por el placer y no pueden vivir sin él son los más desdichados,
al permitir que algo superfluo se convierta en necesario. Séneca.
Esto que afirmaban los estoicos hace miles de años está hoy demostrado por la ciencia,
y conocemos de hecho los mecanismos, y están mediados en gran medida por la dopamina. Esto
nos lleva a la llamada paradoja del hedonismo, donde la búsqueda de placer por sí mismo conduce
a la anhedonia, la incapacidad de obtener placer de cualquier tipo, y las adicciones son el mejor
ejemplo de esto. El circuito de recompensa fue configurado para un ambiente de escasez,
no de abundancia. Como dice el Dr. Tom Finucán, nuestra biología es de cactus,
pero vivimos ahora en la selva tropical, y como cactus adaptados a un clima árido,
nos estamos ahogando en dopamina. Quiero aclarar que el placer no es el problema,
la dopamina no es el problema, pero mucho placer con mucha frecuencia y sin necesidad
de realizar esfuerzo para lograr ese placer sí es muy problemático. Reduce nuestro nivel base
de dopamina y tiende a reducir nuestra felicidad. La clave, por tanto, está en disfrutar esas cosas
que nos dan placer, pero en moderación, privándonos voluntariamente de ellas durante un
tiempo, incorporando pequeñas incomodidades que nos permiten disfrutar más de esos placeres y
evitando así la adaptación hedónica. Estos son principios generales del estoicismo y están
respaldados además por la ciencia más reciente, que explica a su vez cómo funciona esto a nivel
bioquímico y cómo debemos equilibrar las moléculas del deseo y la persecución, como la dopamina,
con las moléculas ligadas al bienestar en el momento, como la serotonina o la oxitocina.
Tu felicidad depende de tres cosas, todas las cuales están en tu poder. La voluntad,
tus ideas sobre los eventos en los que te involucras y el uso que haces de tus ideas. Epicteto.
Y cerrando ya este episodio sobre la felicidad, voy a dar algunas recomendaciones más concretas
sobre aspectos que se ligan generalmente con la felicidad, como el dinero, la amistad y la salud.
1. Compra felicidad. Muchas personas creen que serán más felices cuanto más dinero tengan,
y en parte tienen razón, pero la relación es más compleja de lo que pensamos. Primero,
los estudios indican que más dinero nos da más felicidad hasta cierto punto. Más allá de cierto
umbral, que obviamente depende de dónde vivas pero que está alrededor de los 80.000 euros al
año, el dinero deja de tener un efecto claro sobre la felicidad, y de hecho el impacto del
dinero sobre la felicidad depende en gran medida de cómo gastamos ese dinero. Primero, es importante
no gastar todo el dinero, porque tener un colchón financiero nos da tranquilidad, reduce el estrés y
por tanto este sería el primer consejo. La segunda recomendación sería gastar más dinero en
experiencias que en cosas. Multitud de estudios indican que gastar dinero en experiencias,
especialmente si son experiencias compartidas, como salir a cenar con la familia, unas buenas
vacaciones, etc., genera mucha más satisfacción que gastar en cosas. ¿Por qué? Por varios motivos.
Primero, porque la adaptación hedónica es mucho más fuerte con las cosas que con las experiencias.
O sea, nos adaptamos más rápido a un nuevo coche que a un nuevo viaje, quizá porque el
coche es siempre el mismo pero cada viaje es distinto. Y segundo, porque las experiencias,
sobre todo las que son compartidas con otras personas, generan recuerdos para toda la vida y
como vimos antes, esos recuerdos potencian el bienestar. Otra forma de lograr que el dinero
nos dé más felicidad es comprando tiempo. Un error que muchos cometen es pasar todo su tiempo
ganando dinero y eso les termina siendo muy infelices. Muchos estudios indican, por ejemplo,
que cambiarse de trabajo a uno que está más cerca, que implica menos tiempo en transporte
público o en atascos o menos horas en general, aumenta la felicidad aunque en ese trabajo nos
paguen un poco menos. O podemos también contratar a alguien para que nos ayude en la casa o haga
cosas que nos llevan tiempo y que no disfrutamos. Y al ganar así más tiempo, aumentamos nuestra
felicidad. Otro gran beneficio del dinero es que te permite comprar libertad. Para mí,
la mayor satisfacción que obtengo del dinero es la capacidad de hacer lo que quiera, cuando quiera,
pero por desgracia mucha gente gasta en cosas que les hacen más esclavos. Más esclavos de una
gran hipoteca, de un préstamo para comprarse un coche de alta gama o básicamente aparentar.
Y como ya advertían los estoicos, esta esclavitud termina haciéndonos infelices y como decían,
a nadie le impresionan tanto tus posesiones como a ti mismo.
2. Cuida tus relaciones
Otro aspecto que destacan las investigaciones recientes es que el factor que más contribuye
a la felicidad es la calidad de nuestras relaciones sociales, y todo lo que inviertas
aquí te ayudará a ser más feliz. Y de nuevo, es algo en lo que los estoicos estaban muy de acuerdo,
y aunque es cierto que por un lado veían las relaciones sociales como algo externo y por tanto
algo que no debería influir en la verdadera felicidad, la amistad era para ellos el factor
externo al que más importancia daba. Y ligado con el punto anterior sobre el dinero,
la evidencia también indica que gastar en otros es una buena inversión porque eleva
nuestra propia felicidad. Como dicen, una de las mejores formas de ser feliz es haciendo
felices a otros, y la mejor forma de hacer felices a otros es siendo tú feliz.
3. Cuida tu salud
Y ya para terminar, quiero enfatizar la importancia de cuidar nuestro cuerpo para ser más felices.
Al final, desde un punto de vista bioquímico, la felicidad tiene mucho que ver con cómo nos
sentimos en el momento. Y es difícil ser feliz si estás enfermo, si no estás durmiendo bien,
si no realizas actividad física, si no llevas una dieta razonablemente buena,
si no te expones al sol con frecuencia… Porque todos estos elementos tienen un impacto
directo en nuestro cerebro y en nuestro sentimiento de bienestar, que es un tema
que detallo más en mi libro, Saludable Mente. Por eso digo siempre que saludable mente e invicto
se complementan perfectamente. El primero te ayuda a cuidar el cerebro o el hardware,
a cuidar la mente o el software. Y sé que esta distinción no es tan binaria,
pero como analogía es válida. Y nada más, cerramos aquí este
quinto episodio de la Ciudadela Interior en colaboración con El Extraordinario. Gracias por escuchar.